Hazte un año sabático en 2023

19/01/2023

Tiempo de lectura: 4 minutos

Anota dos fechas: el año en que nació la primera de tus abuelas y el año que posiblemente verán las personas más pequeñas que conoces. Por ejemplo, para una persona de 35 años, estos datos pueden ser fácilmente 1935 y 2105, un intervalo de tiempo de 170 años repartido en tres siglos: XX, XXI y XXII. Para las personas de más edad este intervalo puede ser mucho mayor: un octogenario puede fácilmente tener un horizonte temporal de 220 años, repartidos en cuatro siglos, del XIX al XXII.

En medio de nuestra franja temporal, disfrutamos o sufrimos las decisiones que tomó la gente que nos precedió, y en las cuales no participamos. A la altura de 2023, la verdad es que hay razones para mosquearse con nuestros antepasados, y con nosotros mismos, si tenemos la edad suficiente. Crisis climática, económica y social por todas partes. También podemos ver el vaso medio lleno: bastantes cosas han mejorado (no hay más que pensar en las restricciones al tráfico en centros urbanos, el auge de las renovables, el freno puesto a la tortura de animales en algunos espectáculos públicos o la personalidad jurídica del Mar Menor).

¿Qué pensarán nuestros descendientes, a mediados y finales del siglo XXI, de nuestro legado? Es decir, el que cae dentro de nuestra jurisdicción temporal, nuestro espacio de responsabilidad. Roman Krznaric ha escrito un libro (El buen antepasado. Cómo pensar a largo plazo en un mundo cortoplacista) donde desarrolla la idea de proyectar la mirada muy lejos hacia adelante (como los constructores medievales de catedrales, que sabían que nunca verían su obra terminada). Un ejemplo más actual es la laboriosa creación del sistema nacional de salud. Otro, la recuperación de la capa de ozono prevista para 2060. Es un desastre que nos salpicó la cara en los años 70 del siglo pasado, y más o menos cien años más tarde se ha reparado.

La contabilidad física de la herencia que dejamos a nuestros descendientes se ha hecho muchas veces: toneladas de basura y de CO2, así como grandes cantidades de otros gases deletéreos e incluso varios kilos de residuos radiactivos, que tendrán una vida tóxica de miles de años. Pensar solamente en este pesado legado, no obstante, no es suficiente y además es completamente eco-deprimente.

Podemos pensar en otro tipo de herencia a dejar a nuestros trascendentes: una economía circular sólida capaz de lidiar con la acumulación de desechos, un sistema energético sostenible ultraeficiente a base de renovables, y así por el estilo. El problema es que las montañas de basura y las acumulaciones de gases tóxicos ya están aquí, tienen existencia real ahora mismo, mientras que cosas estupendas como la circularidad y las renovables se van abriendo camino con más o menos dificultad.

Plantéate un año sabático para examinar tu legado planetario (suena algo estrambótico, es verdad). Con la mente centrada en la gente de corta edad que pulula a nuestro alrededor (algunas de las cuales, como Greta Thunberg, ya nos señalan con su dedo índice) piensa con calma en cómo reducir tu peor legado (contaminación tóxica, agotamiento de recursos como el agua y los alimentos, y su secuela de violencia) y cómo aumentar tu mejor legado (un mundo más sostenible, para decirlo en dos palabras).

Deja de quejarte de lo mal que está todo y empieza a pensar cómo mejorarlo todo, por tu cuenta o en compañía de otros. Ve al mercado con media docena de tápers. Únete a un partido político verde. Hazte flexitariano. Protesta ante tu ayuntamiento para reclamar zonas peatonales. Instala paneles solares. Colabora con el compostaje y huerto comunitario de tu barrio. Ve al trabajo en bicicleta. Colabora con el sistema público de salud (un importante legado que hemos recibido y que parece que no estamos mejorando). 2023 puede ser un buen año para empezar tu año sabático. Puedes hacer balance al terminar, cuando se levante en el horizonte el –esperemos que mejor– año 2024.

Foto de Robert Ruggiero en Unsplash

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