Imagen: Cartel de la Campaña Nacional de Ahorro de Energía, del Ministerio de Industria (c. 1976)

La historia es maestra de la vida, dijo Cicerón, pero ¿puede ser la historia ambiental maestra de una vida sostenible? Desde luego no es fácil extraer ninguna enseñanza útil de toda la compleja historia de la evolución de los estilos de vida desde el punto de vista de la sostenibilidad, lo que se puede llamar el viaje del ecociudadano. Lo que sí se puede hacer es plantear algunos temas de discusión que podrían ser de interés. Vamos a verlos.

Fórmulas de éxito que no han perdido vigencia

La vida cotidiana y su impacto ambiental (o su huella ecológica) han cambiado de manera radical en las últimas décadas, como muestra cualquier indicador de consumo de energía, movilidad, producción de residuos, etc. Pero hay algunas maneras de hacer las cosas, algunas muy antiguas, que son cada día más actuales.

Caminar es una de ellas, algo que casi todos podemos hacer y para lo que el ser humano está muy bien adaptado, pero que ahora revela su importancia como medio de transporte urbano –que a su vez requerirá cambios importantes en el paisaje de las ciudades.

El consumo de leña nunca ha perdido del todo su importancia como medio de suplir la demanda de energía doméstica, aunque ahora se transmuta en biomasa.

La dieta mediterránea, “descubierta” a mediados del siglo XX y que cada día revela nuevas virtudes de tipo sanitario, ambiental y social.

El transporte público, algo sin lo que las ciudades no pueden vivir y que necesita un apoyo decidido para ganar posiciones en los menús sostenibles de transporte.

El sistema de devolución y retorno de envases es un ejemplo de fórmulas de éxito perdidas, pero recuperables bajo parámetros distintos, bajo la nueva denominación SDDR (Sistema de Depósito, Devolución y Retorno).

Algunas fórmulas de éxito desaparecieron durante algún tiempo pero ahora están retornando, como elementos importantes de una ciudad más sostenible. Es el caso del tranvía (que desapareció de las ciudades españolas porque interfería negativamente con el coche), la bicicleta (que retorna con mucha fuerza, tanto de uso privado como en sistemas municipales públicos) o el mismo coche eléctrico, que después de un eclipse de más de un siglo parece que va a recuperar posiciones frente al coche de motor térmico.

Fórmulas de fracaso que (al parecer) están perdiendo vigencia

Los elementos indeseables de la moderna sociedad de consumo, aquellos que están creando más problemas de los que resuelven, son diversos. Es el caso de los alimentos ultraprocesados (asociados a la epidemia de obesidad y diabetes), los envases y otros artículos de usar y tirar (causantes de la proliferación de basuras dispersas en el medio ambiente), la obsolescencia programada (que resulta cara y genera también montañas de residuos), la contaminación asociada a tecnologías obsoletas (como el coche de motor térmico), la siniestralidad, los atascos de tráfico, el ruido o la moda rápida (fast fashion), un fenómeno emergente que está convirtiéndose rápidamente en un elemento principal del impacto ambiental de los humanos sobre el planeta. Su reconocimiento como problemas es diverso: todo el mundo quiere reducir el número de las víctimas de accidentes de tráfico, pero muchos se resisten a considerar dañino el consumo masivo de alimentos ultraprocesados.

Tecnologías emergentes

Muchas tecnologías nuevas vienen en ayuda del ecociudadano. Es el caso de la electricidad fotovoltaica, que plantea una posibilidad completamente nueva, la de producir energía comercial en la propia casa. A través de la investigación sobre las smart cities, el impacto de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) se ha examinado de muchas maneras. Un ejemplo sencillo es la creación de un sector de transporte “ni público ni privado”, a base de vehículos conectados accesibles en red telemática. El ancho mundo de la apps ecociudadanas crece de día en día, y van desde examinar etiquetas de alimentos a experimentos de ciencia ciudadana. Sin olvidar el potencial impacto de la impresión en tres dimensiones, el control a distancia mediante internet de las cosas o la validación de información mediante cadenas de bloques de información (blockchain).

Conquistas a mantener

La generalización de una climatización de calidad, aunque muy incompleta todavía en nuestro país, ha mejorado de manera radical la calidad de vida de la población. Por desgracia, recientemente se ha revelado que hemos pasado de la penuria energética general a la pobreza energética de un porcentaje importante. Más fundamental todavía es el abastecimiento de alimentos seguros y de buena calidad, a precios accesibles. La salubridad pública, ligada a la disponibilidad universal de agua potable de calidad, es otro de estos logros que hay que defender. Así como la existencia de un sistema eléctrico accesible a toda la población, sistemas de depuración de aguas residuales y de tratamiento de residuos, reciclaje y recuperación. Estos elementos fundamentales de la vida cotidiana necesitan ser puestos en valor –y en muchos casos reducir sus precios.

Problemas que tuvieron solución

Problemas muy graves que se interpusieron en el camino del ecociudadano hace décadas, y que hoy ya no son tan graves ni acuciantes, pueden proporcionar algunas ideas para resolver problemas similares que tenemos en la actualidad.

Algunos ejemplos son la emisión de CFCs, la gasolina con plomo o el fuel para calefacciones rico en azufre. Sus negativas consecuencias (agujero de la capa de ozono, niveles altos de plomo en la atmósfera, contaminación por dióxido de azufre) fueron reconocidas con claridad, se adoptó un consenso de medidas a tomar, y se implantaron con la correspondiente colaboración ciudadana. Contrastan estos episodios con los forcejeos actuales entre la industria y los gobiernos sobre los coches diésel y su posible prohibición.

Objetivos asumibles que chocan con mitos

El objetivo de víctimas cero en las carreteras, asumido por algunos países como Suecia, está funcionando también en España. Además de aspectos tecnológicos y legislativos (radares, carnet por puntos, etc.) se está viendo que lo más importante es el cambio cultural en los conductores, tras décadas en que estuvo bien visto viajar a gran velocidad por las carreteras, escapar de la vigilancia de la policía y considerar las multas por exceso de velocidad (que se recurren sistemáticamente) como “afán recaudatorio”. Otro mito es el supuesto derecho a ocupar parte del espacio urbano con un coche, que es importante para determinar el coste del aparcamiento en una ciudad: los ciudadanos tienden a pensar que ese coste debe ser cero.

Otros mitos muy arraigados son la conciencia de que el agua (cuyo gasto no es oneroso en relación con otros consumos) es demasiado cara, o debería ser gratis, o que no deberíamos pagar por la recogida de residuos, o que si separamos los residuos estamos eliminando puestos de trabajo en el sector, etc.

Altibajos del prestigio

Difíciles de medir, los altibajos en la consideración social de nuestra pauta de consumo tienen gran importancia en determinar su huella ambiental. El coche en propiedad es el mejor ejemplo, pues es un artículo de consumo que se generalizó gracias al prestigio que proporcionaba, no a las necesidades que satisfacía, que son muchas veces racionalizaciones posteriores. Otros elementos de estatus pueden ser, además del tamaño y localización de la casa, la dotación de elementos de confort como el aire acondicionado, el consumo de alimentos de lujo como mariscos o chuletones, etc. En varios casos se está produciendo un fenómeno de pérdida de prestigio de estos elementos. Por ejemplo, hay indicios de que las nuevas generaciones aprecian menos el prestigio del coche en propiedad o del carnivorismo y sopesan la mayor consideración social de la bicicleta y el veganismo.

Conceptos de la sociedad de consumo en proceso de cambio

De manera más inconcreta, la sociedad de consumo y sus habitantes, los ecociudadanos, asumen toda clase de conceptos y consensos que determinan sus opiniones y actitudes hacia muchos elementos de la vida cotidiana. Son conceptos como el de alimentación “equilibrada”, que puede llevar a los excesos del nutricionismo, tal vez contrarrestados por una alimentación “saludable”.

Determinados complejos y conceptos, como el de resiliencia, aparecen y se hacen ideas fuertes durante algún tiempo. El concepto de “ecológico” nunca ha perdido su importancia, aunque puede significar diferentes cosas a lo largo del tiempo. Consensos sociales fundamentales como la economía circular, los ODS 2030 (especialmente el ODS 12), la sostenibilidad, la mitigación del cambio climático, la conservación de la biodiversidad o las ciudades inteligentes y sostenibles, con todos sus problemas y matices, son importantes asideros para el avance del ecociudadano a un mundo más viable.