30 años de la Etiqueta Ecológica Europea

13/12/2022

Tiempo de lectura: 5 minutos

“Compra artículos fáciles de reciclar”. “Pon atención a los materiales usados y a la procedencia de los productos que compras”. “Ten en cuenta el ciclo de vida de los productos”. “Atención a los productos tóxicos”… Estas son muchas de las frases que escuchamos diariamente, que nos alertan de la importancia de consumir de forma responsable y sostenible, pero… ¿cómo saber cuáles son los productos y artículos con estas características?

Esta debió ser la pregunta que se hicieron desde la Comisión Europea, en 1992, hace 30 años, cuando crearon la Etiqueta Ecológica Europea (EU Ecolabel): crear una forma universal (al nivel de la Unión Europea), para identificar productos que cumplan con calidad medioambiental.

Por una parte, surgió para dar respuesta a la demanda de transparencia por parte de las personas consumidoras, al mismo tiempo que facilitaba poder proporcionar rigor y fiabilidad en la información facilitada sobre los productos comercializados. Esta etiqueta cumple la norma ISO 14024, lo que le permite ser reconocida como «etiqueta ecológica». Como tal, tiene unas características únicas que la convierten en garantía de seriedad y garantía de productos y servicios que tengan menos impacto en el medio ambiente.

El número de productos certificados con la Etiqueta Ecológica Europea o EU Ecolabel actualmente asciende a casi 90.000, repartidos en diferentes grupos de productos o categorías. Estas han ido aumentando con los años: 15 en el año 2000, 21 en 2004 y 24 actualmente. Las diferentes categorías y la descripción de los criterios asociados se pueden consultar en la página web de la Comisión Europea.

Estos criterios son elaborados por expertos en la materia, en consulta con las principales partes interesadas, incluidas la industria y las asociaciones de consumidores. Dado que el ciclo de vida de cada producto y servicio es diferente, los criterios se adaptan para abordar las características únicas de cada tipo de producto. Tener en cuenta que los productos alimentarios y farmacéuticos no se incluyen entre estas categorías, pues siguen otros criterios.

Cualquiera que desee proponer una nueva categoría de productos para su inclusión en el sistema de la Etiqueta Ecológica de la UE puede hacerlo rellenando el formulario de desarrollo de categorías de productos que se encuentra en su web. Además, cualquiera puede ofrecerse voluntario o voluntaria para dirigir el proceso de desarrollo de criterios rellenando el formulario de desarrollo de criterios, presentando las razones por las que se propone la nueva categoría.

Cuando surgió la etiqueta, fue Francia el país con mayor número de productos certificados con la Etiqueta Ecológica Europea. Actualmente encabezan la lista España, Alemania e Italia. Aun así, en el caso de España, en un estudio realizado en 2017, resultó que el 59% de los encuestados nunca hace caso a las etiquetas (en general).

Actualmente son más de 300 las etiquetas que existen para “certificar” productos, por lo que para el consumidor, puede ser confuso y desgastante analizar cuáles son verdaderamente fiables.

 

 

La confianza de las personas consumidoras es fundamental para la sostenibilidad y permanencia de esta etiqueta, por ello, a diferencia de las etiquetas y declaraciones ecológicas no certificadas, la Etiqueta Ecológica de la UE siempre tiene en cuenta los siguientes aspectos:

  • La etiqueta es fiable. Los fabricantes solo pueden utilizar la etiqueta después de que una autoridad nacional haya verificado que el producto o servicio es realmente ecológico. Para ello se aseguran de que el producto cumple los requisitos, que se actualizan periódicamente en función de los avances tecnológicos.
  • Se examina todo el ciclo de vida del producto para reducir su huella; desde el diseño hasta el uso, su reciclado y eliminación.
  • Los criterios se elaboran en el marco de un proceso participativo y abierto. La Comisión Europea trabaja con el Comité de Etiquetado Ecológico de la UE, que reúne a los Estados miembros, la industria, los minoristas, las organizaciones de consumidores y las ONG medioambientales.

Algunos de los desafíos actuales de la Etiqueta Ecológica Europea es la confianza en cuanto a su eficacia, pues algunas personas aún piensan que pueden tener una eficacia menor; el precio, que a veces es superior, y el hecho de que no siempre encontramos estos productos en los supermercados y tiendas convencionales. Asociamos los productos con etiquetado ecológico solo a tiendas “bio”, mientras que deberían encontrarse en las estanterías de todos los establecimientos, para facilitar a las personas adquirir productos con este etiquetado, de forma a que la exijamos cuando no los encontremos.

Actualmente, según el Plan de Acción Estratégico de la Etiqueta Ecológica Europea de la EU (EU Ecolabel) hasta 2024, el objetivo general de la Etiqueta Ecológica de la UE es capacitar a los diferentes agentes del mercado para consumir, producir y vivir de forma más sostenible, y comprometerlos en la transición hacia una economía circular.

Desde Fundación Vida Sostenible, trabajamos para que la ciudadanía siga estilos de vida buenos para el bolsillo, para nuestra salud y para nuestro planeta. Para ello, es imprescindible que los productos y servicios que usamos y consumimos, también lo sean. Así, el etiquetado ecológico europeo nos da la tranquilidad de que estamos eligiendo bien y de forma sostenible.

Laura González Munera

 

Más información:

L’Ecolabel Européen a 25 ans ! – Dossier de prensa de ADEME (Agence de l’Environnment et de la Maîtrise de l’Energie), marzo de 2017.

Factsheet: The EU Ecolabel. Helping consumers and businesses make the right choice for the environment, marzo de 2022. BEUC (The European Consumer Organtization) y EEB (The European Environment Bureau).

Imagen: EU Ecolabel

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