El repicar de las campanas llama a reducir

20/05/2024

Tiempo de lectura: 7 minutos

Categorías: Huella ecológica-Etiquetas: -

La huella ecológica es una estimación de la tasa de utilización de los recursos naturales en función de cada estilo de vida. Y es muy alta. Lo sabemos las personas de a pie y se oye frecuentemente en la esfera política. Muchas empresas venden sus actividades y productos aferrándose al mantra de “como están reduciéndola”. Pero, ¿qué resultados estamos obteniendo?

La cantidad de plásticos que consumimos crece año tras año y se espera que siga siendo así. Las emisiones globales de gases de efecto invernadero tampoco han parado de subir. La extracción de bauxita, mineral necesario para producir aluminio, ha alcanzado máximos históricos en los últimos años. La producción de litio también está creciendo. Y así con un sinfín de materias primas. A pesar de que se ha producido más energía renovable que nunca o más envases compostables que nunca, la huella antropogénica sigue en ascenso.

Hay algo que no estamos entendiendo: para disminuir nuestra huella ecológica debemos REDUCIR. Puede ser una redundancia, pero los datos demuestran que la obviedad no está ocurriendo. Hemos pasado de un consumo inconsciente (en el que pensábamos en el planeta como un ente infinito) a un consumo consciente pero que no libera presiones al planeta. Hay que ponerse manos a la obra y, para el ecosistema doméstico, queremos dar algunas directrices y consejos de cómo contribuir a una reducción real.

El primer consejo es muy importante de cara a tu salud mental: la reducción de nuestra huella no es una responsabilidad exclusivamente individual. Hay ciertos puntos a los que no podemos llegar. Por ejemplo, ¿cómo voy a eliminar los brik de mis envases, si mi bebida vegetal no se vende en botella de cristal? O, ¿cómo no voy a ir al trabajo en coche si no hay opciones de transporte público o alternativo a un precio apto para mi bolsillo? Ahí entran las responsabilidades de empresas y gobiernos, que es muy amplia y un mundo aparte. Hoy vamos a poner el foco en el hogar apoyándonos en la idea de que todas las partes tienen que contribuir, pero no podemos olvidarnos de que que no se puede poner todo el foco en la individualidad.

Vamos a centrarnos en los tres aspectos que mayor huella tienen en el ecosistema doméstico: la alimentación, el transporte y el consumo energético de la vivienda. El primero es algo que necesitamos hacer a diario sí o sí pero el modelo alimentario existente en el que tenemos que tener de todo en abundancia en cualquier momento conlleva elevadas emisiones de gases de efecto invernadero y grandes cantidades de agua contaminada. Los otros dos, sobre todo se caracterizan por las altas necesidades de energía de origen fósil que emiten gases de efecto invernadero, pero también otros contaminantes atmosféricos que afectan a la salud.

Alimentación

  • Planifica lo que comes. En la medida de lo que puedas, planificar la comida te servirá para reducir los residuos ya que compraremos y cocinaremos lo que necesitemos.
  • Reduce tu consumo de carne. Este mantra se repite hasta la saciedad, pero es sin duda la medida que más reducira tu huella. Se trata de una industria muy dañina para el planeta y tiene consecuencias para la salud. Cambiar de dieta supone un tiempo, así que empieza reduciendo poco a poco, especialmente las carnes con más impactos (como la ternera o carne procedente de macrogranjas) y ve probando.
  • Aumenta tu consumo de productos locales y de temporada. Requieren menos energía para producirse y/o transportarse. Aquí te dejamos una referencia para saber cuándo es la temporada de los alimentos. La variedad es enorme como para aburrirse. Verás que no es necesario comer tomates o espárragos todo el año.
  • Elige productos con certificación ecológica o manejo agroecológico y procedentes de la ganadería extensiva.

Consulta la Guía FVS La Alimentación donde encontrarás más consejos y más detallados. También, deberías probar la app ComidAprueba. Sirve para medir la huella de tus platos. Tómatelo como un juego y encuentra tus “riquísimos platos diarios de baja huella ecológica” y tus “caprichos”, platos de mayor huella para utilizar en ocasiones especiales o para regalarte algún momento.

Transporte

  • Si vives y trabajas en la ciudad, no hay muchas dudas: deja el coche privado. Las opciones son múltiples y variables. Según la ciudad, habrá más o menos, pero seguro que transporte público hay. Y la bicicleta, también es viable en todas las ciudades. Si no te vale con ello y la ciudad no cuenta con bicicletas públicas, patinetes, segways, vehículos eléctricos u otros, piénsalo otra vez. Y si aun así no hay opción, comparte el coche. Busca cooperativas de coches eléctricos o no vayas solo en el tuyo.
  • Si vives y trabajas en diferentes lugares, alejados, pero que siguen siendo grandes núcleos urbanos, entendemos que sea algo más difícil abandonar el vehículo privado. Aun así, sigue habiendo opciones de transporte colectivo. Y si no es el autobús interurbano o el tren, nos quedan las cooperativas y compartir el coche.
  • Si tienes otras situaciones, entendemos que el coche sea necesario. Un vehículo eléctrico podría hacer el apaño. No son tan sostenibles y no están al alcance de todos, pero en una situación de dependencia, mejor un coche eléctrico que uno de combustibles fósiles. Existen experiencias de pueblos que comparten coches eléctricos.

Energía en el hogar

Aquí el mayor responsable de las pérdidas y ganancias de calor (en invierno y verano respectivamente), es la antigüedad de nuestros edificios. El parque inmobiliario español necesita reformarse completamente (no solo las ventanas) para ser eficiente. Por eso, por este orden, te recomendamos:

  • Rehabilita y aisla tu casa (muros, cubierta y ventanas). Si es una casa unifamiliar, adelante. Si vives en un edificio de viviendas, hazlo de manera comunitaria. Será más eficiente y rentable.
    Si tu casa ya está rehabilitada tienes mucho hecho. Aunque siempre hay trucos como no cubrir los radiadores, reducir el gasto de agua caliente o buscar la eficiencia en electrodomésticos.
  • Te dejamos un enlace para acceder a nuestras Guías FVS de compra y consumo responsable. En ellas encontrarás soluciones para aislar tu casa, elegir el aire acondicionado o el frigorífico más ajustado a tus necesidades, utilizar el baño o reducir el uso de agua caliente.

Hemos repasado estos tres campos pero, obviamente hay más, como son la ropa y todos los componentes electrónicos que cada día llenan más nuestras vidas. Podríamos entrar en cada uno de ellos, pero en general, todo sigue la misma lógica: la de reducir. Y con reducir, no nos queremos quedar solo en un concepto exclusivamente cuantitativo (comprar un móvil cada 5 años en vez de cada 3 años o reducir en 5 g la cantidad de chocolate que comes al mes). También hablamos cualitativamente: repensar en cómo consumimos, repasar las consecuencias de nuestro modelo consumidor sobre nuestro planeta y revisar si los costes que tiene merecen los beneficios que obtenemos. Llegaremos muchas veces a la misma respuesta: no merece la pena. Solo tenemos un planeta y el cambio climático pone en riesgo la vida de muchas personas como para, por ejemplo, usar energía en molinillos de pimienta o marcos de fotos o estrenar pantalones nuevos de fast fashion todos los meses.

En general, los países del norte global vivimos en la abundancia que, a pesar de que parece que nos proporciona grandes beneficios, muchas veces es solo eso, abundancia. No es sinónimo de salud y bienestar. Pero si ponemos en el centro la salud y el bienestar (la nuestra y la de personas futuras) quizás nos daremos cuenta de que reducir es más fácil y tiene más beneficios de lo que pensamos.

Y ahora, si no conoces tu huella ecológica, te proponemos que averigües si eres persona de uno, dos o tres planetas: Calcula el tamaño de tu huella ecológica… ¡y aprende cómo hacerla más pequeña!

Darío Montes Santamaría

Imagen: Markus Spiske en Pexel

 

Artículos relacionados

Dejar un comentario:

Recibe información periódica sobre nuestros proyectos