Cómo vivir mejor gastando de otra manera

22/06/2023

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Categorías: Estilos de vida sostenible-Etiquetas: -

¿Es posible plantear una distribución del gasto familiar que nos permita más margen para gastar en las cosas realmente importantes? 

¿En qué fundimos nuestros limitados recursos económicos, nuestro dinero? Pues principalmente en pagar la casa y sus gastos (de energía principalmente) y en pagar el transporte (el coche primordialmente). Los dos juntos suponen la mitad de nuestro dinero, un 34% aproximadamente la casa y un 16% el transporte. Estos dos gastos han crecido mucho en las últimas décadas: hacia 1970 sumaban menos del 20%.

Muy diferente ha sido la evolución del gasto en comida y ropa. En los últimos 50 años, ha pasado de suponer un 65% aproximadamente del gasto (50% en alimentación y 15% en vestido y calzado) a un mero 20% (16% en comida y 4% en ropa).

Tres gastos de menor cuantía son los dedicados a muebles, menaje y mantenimiento (5%), sanidad (4%) y ocio, cultura y enseñanza (7%). Estos no han cambiado mucho en porcentaje en las últimas décadas. (Todos los porcentajes son aproximados).

Viendo estos datos en conjunto, aparecen dos conclusiones curiosas, algo inquietantes tal vez:

  • Gastamos el doble en la vivienda y sus consumos que en alimentos.
  • Gastamos menos en comida que en transporte (el gasto en transporte refleja sobre todo el gasto en el coche).

Cuando nuestros recursos económicos se ven recortados, gastamos menos en alimentos, mientras que es más difícil reducir los pagos por la vivienda (casi imposible, si hay una hipoteca de por medio), en los pagos de gas y electricidad, o en el coche y sus consumibles, principalmente la gasolina o el gasóleo.

Echando la vista adelante, hacia 2030 y más allá, ¿cómo podría ser una distribución del gasto familiar menos agobiante, que nos permita más margen para vivir bien?

Empezando por lo más importante, tal vez deberíamos duplicar o triplicar el gasto en ocio, cultura y educación, una manera de invertir nuestro dinero 100% acertada y gratificante. Y aumentar nuestro gasto en sanidad, contribuyendo así a un sistema de salud pública resistente y resiliente, otro de los puntales de una buena vida. Y tampoco estaría mal gastar un poco más en el mantenimiento de la casa, con menaje y muebles de calidad y duraderos.

Pero donde deberíamos gastar más en proporción es en una buena alimentación: basada en alimentos frescos o poco elaborados, a ser posible de proximidad, de temporada, con denominación de origen, ecológicos y con todos los indicadores de calidad que se nos ocurran. Más o menos lo contrario de la comida chatarra a base de ultraprocesados. No nos merecemos menos.

Una pregunta lógica al llegar a este punto es ¿de dónde sacaremos el dinero para comida de calidad y ocio extenso? Aquí tenemos dos yacimientos de gastos excesivos que deberían reducirse: la casa y el transporte.

Entrando ya en el terreno de los brindis al sol (o puede que no, la vida da muchas vueltas) no es bueno ni conveniente que gastemos tanto en pagar hipotecas y alquileres o recibos de la luz y el gas. La vivienda y sus consumibles tiene tales precios que condena a mucha gente a destinar casi todos su ingresos a pagarlos, sin que quede apenas margen para todo lo demás (se están alquilando habitaciones diminutas a 700 euros al mes).

Tampoco es lógico gastar tanto dinero en el coche, una máquina que usamos apenas un 5% del tiempo cotidiano (ocurre lo mismo con una batidora o una maquinilla de afeitar, pero estos dos electrodomésticos no consumen nada cuando están apagados, y el coche gasta dinero tanto si está en movimiento como si está aparcado).

En realidad hay soluciones a la vista tanto para los gastos en energía como para el coche: energías renovables capaces de abaratar considerablemente el recibo de la luz, y sistemas «densos» y fluidos de transporte urbano, que convierten en bastante absurdo el coche en propiedad (muchas veces es más caro tener un coche en propiedad que alquilar y coger taxis regularmente). Los brutales precios de la vivienda, tanto en propiedad como alquilada, son un problema enorme que requerirá una solución igual de grande.

Jesús Alonso Millán

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