¿Por qué elegimos alimentos agroecológicos?
02/03/2026
Tiempo de lectura: 8 minutos
En un mundo donde hablar de alimentación sostenible ya no es tendencia sino necesidad, la agroecología es un sistema de redes de confianza entre quienes producen alimentos y quienes buscan alimentos más sanos, más respetuosos con el medio ambiente y obtenidos por medios justos. A la vez, siguen creciendo las iniciativas agroecológicas: grupos de consumo, cooperativas, mercados locales o fincas que producen siguiendo criterios de la agricultura ecológica.
Pero ¿qué mueve realmente a consumidores y productores a formar parte de estas redes? ¿Es una cuestión de salud? ¿De ética? ¿De comunidad? ¿O de rentabilidad económica?
En el estudio realizado por la Fundación Vida Sostenible, «Utilitarian and non-utilitarian value orientations animate consumer and producer participation in agroecological initiatives. Agroecology and Sustainable Food Systems», con el apoyo científico de investigadores de la Universidad de Alcalá y del Instituto de Empresa se arroja luz sobre esta pregunta y desvela algo muy interesante: no existe un único tipo de consumidor ni de productor agroecológico. Con una metodología muy interesante (la ordenación Q), se han entrevistado y analizando las opiniones de productores, consumidores, certificadores y agricultores convencionales. Sus conclusiones ayudan a entender mejor por qué funciona —o a veces no funciona— la agroecología, y qué podemos hacer para que sea una opción sostenible para todos.

Distintos tipos de agricultura dan lugar a diferentes paisajes: cultivo aterrazado en bancales. Autoría: José Vicente de Lucio.
La agroecología: mucho más que alimentos ecológicos certificados
La agroecología no es solo un método de producción sin químicos. Es un sistema que combina ciencia, prácticas agrícolas y valores sociales, donde:
- se protege la biodiversidad,
- se trabaja con el suelo en vez de agotarlo,
- se promueve la proximidad y la temporalidad,
- se fortalecen comunidades rurales y urbanas,
- y se fomenta la cooperación entre quienes producen y quienes consumen.
La idea central es que los sistemas alimentarios son ecosistemas humanos y naturales acoplados: lo que hacemos en el campo afecta a la ciudad, y viceversa.
¿Qué nos mueve cuando elegimos alimentos sostenibles?
En la investigación se pidió a personas implicadas en la agroecología, productoras y consumidoras, ordenar un total de 22 sentencias según su grado de acuerdo y la prioridad que tenían en sus elecciones. Además se presentaron tres imágenes de paisajes que representan distintos sistemas productivos.
Para analizar esta complejidad, se utilizó una metodología que permite identificar sistemas de valores: la Ordenación-Q, una especie de “radiografía de preferencias”.
Se observó que las decisiones alimentarias están influidas por:
- valores éticos (cuidar la tierra, apoyar al productor),
- emociones (confianza, identidad),
- compromiso colectivo,
- cultura (tradición, estatus),
- y también, por supuesto, cálculo económico.
El estudio permitió identificar cuatro grandes componentes o dimensiones de los “marcos culturales” y la diversidad de motivaciones en los circuitos agroecológicos. Los revisamos a continuación.

1. Agroecología como movimiento social transformador
(Dimensión comunitaria y guiada por valores éticos)
Las personas de este grupo ven la agroecología como una forma de vida y de transformación social.
Valoran muchísimo:
- la confianza entre productor y consumidor,
- la toma de decisiones colectivas,
- la protección del territorio,
- los paisajes diversos y vivos,
- la reducción drástica de químicos y monocultivos.
Para este grupo, la comunidad está por encima del beneficio.
La agroecología es una forma de vida y un proyecto transformador, no solo una etiqueta o una técnica.
2. Práctica prudente y pragmática
(Dimensión comunitaria pero centrada en la viabilidad)
Reconocen que la agroecología es positiva… pero difícil de mantener a gran escala, así:
- Reconocen el valor de prácticas ecológicas, pero piensan que “de algo hay que vivir”, y que sin fertilizantes o pesticidas es imposible alimentar a toda la población.
- Piensan que el sistema convencional sigue siendo necesario.
- No rechazan el cambio, pero creen que hay límites que deben reconocerse.
Ven la agroecología como inspiradora, pero utópica.
Para ellos, la prioridad es que la agricultura siga siendo productiva y estable.
3. Ética personal pero escéptica
(Dimensión individualista, pero con fuerte conciencia ambiental)
Quieren consumir de forma responsable y apoyar sistemas más justos, pero dudan de que la agroecología pueda sustituir al sistema industrial.
Suelen valorar muy positivamente:
- el bienestar animal,
- la ausencia de químicos,
- la certificación ecológica (que ven como una garantía clara).
Apoyan el cambio, pero ven sus límites.
Para este grupo, la sostenibilidad es importante, pero también la seguridad y la transparencia.
4. Consumo orientado al beneficio personal
(Dimensión individualista y orientada a beneficios personales)
No se sienten parte de un movimiento. Simplemente eligen agroecología porque:
- creen que es más sano,
- o porque pueden permitírselo y lo eligen por su prestigio,
- o porque les da más confianza conocer al productor.
No buscan transformar el sistema.
La agroecología es una opción personal, no una causa colectiva.
Lo qué nos enseñan estas dimensiones de las preferencias
- No todos nos acercamos a la agroecología por las mismas razones. Y eso no es un problema: es una oportunidad para construir sistemas alimentarios más inclusivos.
- El cambio no depende solo de la ética. También hace falta que las prácticas agroecológicas sean viables, accesibles y bien comunicadas.
- La agroecología combina comunidad + identidad + territorio. Es un espacio donde lo económico, lo ambiental y lo social se entrelazan.
- Las políticas públicas deben acompañar esta diversidad. Para que la agroecología crezca, no basta con la voluntad individual; hacen falta marcos que reconozcan sus beneficios sociales y ambientales.
Reflexiones clave del estudio: hacia una alimentación que conecte, transforme y cuide
Este estudio nos recuerda algo fundamental: la agroecología prospera cuando apela tanto a la cabeza como al corazón.
Las personas que participan en estos circuitos lo hacen por razones muy diversas: desde transformar el sistema alimentario hasta mejorar su salud o vivir de manera coherente con sus valores.
Y ahí está la fuerza del movimiento: en que ninguna motivación excluye a la otra, y todas juntas construyen un modelo más humano, más ecológico y más sostenible.
En conclusión
El estudio “Utilitarian and non-utilitarian value orientations animate consumer and producer participation in agroecological initiatives. Agroecology and Sustainable Food Systems” revela que participar en iniciativas agroecológicas no es solo una cuestión de precio o de moda. Detrás hay valores, emociones, expectativas, miedos y aspiraciones muy diferentes.
La buena noticia es que, a pesar de las diferencias, muchas personas comparten un deseo común: transformar el sistema alimentario hacia uno más justo, sano y sostenible.
La agroecología no es solo una forma de producir alimentos. Es una invitación a repensar cómo nos relacionamos con la tierra, con quienes la trabajan y entre nosotras.
Como puede leerse en los párrafos anteriores la investigación ha permitido identificar dos categorías de preferencias u orientación en las elecciones:
- Valores utilitaristas frente a no utilitaristas. Por un lado se encuentran quienes priorizan la rentabilidad y el beneficio individual (p. ej.: “Necesito que mi explotación sea viable”), frente a otros que ponen en primer plano la ética, el medio ambiente y las relaciones humanas (p. ej.: “Quiero apoyar a los productores locales aunque cueste más”).
- Elecciones individualistas frente a otras colectivas. En muchos casos la vinculación a un grupo y las conexiones en red constituyen un valor de la adhesión a la agroecología mientras que en otros casos se prefieren canales más individuales basados en motivaciones como la economía, la salud, así como principios éticos que se consideran personales.
¿Cuál es tu elección?
Las opciones personales dependen de muchos factores: necesidades, oportunidades y capacidad de actuar. Haber leído este texto indica una actitud. Pero, no basta con apelar a la ética. La ética debe orientar la transformación de la cadena de suministro de alimentos y garantizar el acceso universal a una alimentación buena para las personas y justa, especialmente para los más débiles.
Las siguientes categorías resumen las diferentes dimensiones antes descritas y pueden ayudar a definir tu situación personal y propósito ante la agroecología. ¿En qué opción te ubicas? ¿Cuál te parece más beneficiosa para la sociedad? ¿Cuáles son tus objetivos?
1. Agroecología como movimiento social:
- Enfoque comunitario y no utilitarista.
- Se prioriza la sostenibilidad, la justicia alimentaria y la cooperación.
2. Práctica prudente de la agroecología:
- Enfoque comunitario y utilitarista.
- Se valora la agroecología, pero se reconoce la necesidad del modelo convencional.
3. Ética personal:
- Enfoque no utilitarista e individualista.
- Motivaciones éticas, salud, bienestar animal; menos interés en proyectos colectivos.
4. Beneficio personal y privado:
- Enfoque utilitarista e individualista.
- Consumo ecológico por preferencia personal, calidad o salud.
José Vicente de Lucio
Departamento Ciencias de la Vida, Universidad de Alcalá
Fotografía de cabecera: Mercado local en Ponte da Lima (Portugal). Autoría: José Vicente de Lucio.
Referencia completa del estudio:
