La transformación industrial y transición ecológica justa
27/01/2026
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La transformación industrial es un proceso estructural de cambio del sector orientado a adaptar la forma de producir, organizar y localizar la actividad productiva a los retos ambientales (limitar el calentamiento global a menos de 1,5 ºC –ya se habla de 2ºC– respecto a los niveles preindustriales para 2030, y lograr cero emisiones contaminantes netas en 2050), sociales y económicos actuales. No se limita a la incorporación de nuevas tecnologías o a la reducción de emisiones, sino que implica una reorientación integral del modelo industrial para hacerlo compatible con los límites ecológicos del planeta, garantizando al mismo tiempo empleo de calidad, cohesión territorial y bienestar social.
Este debate no puede desligarse de la advertencia formulada por Naomi Klein en La doctrina del shock, donde se muestra cómo, en los procesos de reconstrucción implementados como respuesta tanto a los efectos militares como a desastres naturales de distinto tipo han sido utilizadas como ventanas de oportunidad para imponer transformaciones profundas de los sistemas productivos sin debate democrático ni participación social, concentrando sus costes en el empleo, los territorios y los colectivos más vulnerables.
Este riesgo resulta especialmente relevante en el contexto actual de transición ecológica. La urgencia climática, la crisis energética o las tensiones geopolíticas pueden servir para justificar procesos de reconversión industrial acelerados, sin la participación efectiva de todos los agentes implicados, reproducen una lógica de “shock”: cierres de actividades, deslocalizaciones productivas, precarización laboral, desterritorialización de actividades productivas o transferencias de recursos públicos sin una condicionalidad social suficiente.
Frente a ello, una transición ecológica justa implica que los cambios necesarios para avanzar hacia un modelo productivo bajo en emisiones y en consumo de recursos no se realicen a costa del empleo, de los derechos laborales ni del equilibrio territorial. Por el contrario, deben apoyarse en la planificación, desarrollarse de forma gradual y participativa, y sustentarse en el diálogo social, con un papel central de las personas trabajadoras y sus representantes, así como en políticas públicas activas que acompañen a empresas y territorios en los procesos de adaptación y reconversión.
La transición ecológica del sector industrial exige, por un lado, avanzar con decisión en la descarbonización y la reducción de impactos ambientales, mediante la electrificación de procesos, el uso de energías renovables, la eficiencia energética (sigue larutadelaenergia.org), la economía circular y la adopción de las mejores técnicas disponibles. Pero, por otro, requiere reconocer que la industria sigue siendo un vector clave de empleo, innovación y vertebración territorial, especialmente en aquellos territorios donde constituye el principal motor económico.
Por ello, la transformación industrial justa no puede abordarse como un proceso homogéneo ni exclusivamente regulatorio. Debe atender a la diversidad sectorial y territorial, a las distintas trayectorias de partida y a las capacidades existentes, y articular mecanismos eficaces de formación, recualificación profesional y protección social que permitan a las personas trabajadoras transitar hacia nuevos perfiles y actividades sin quedar excluidas.
Desde esta perspectiva, la transición justa no es un freno al cambio, tampoco es una opción, es una obligación ecológica para sostener entornos libres de contaminación en sociedades productivas. Una transición ecológica justa del sector industrial no persigue desindustrializar, sino transformar la industria para que siga siendo un pilar del desarrollo, compatible con los objetivos climáticos del Pacto Verde Europeo, el Acuerdo de París, el empleo digno y la cohesión territorial.
Cecilia Barrera Gamarra
Fundación Vida Sostenible
Fotografía: Industria y energía solar. Autoría: Bernd Dittrich en Unsplach.
