¿Qué veremos en 2019?

Cosas viejas y cosas nuevas

cochepersa

Todos los fines de año pasa lo mismo. Hay que repasar los aspectos de la vida que van de capa caída y los que parecen cada vez más boyantes. Aquí vamos a ver diez asuntos, todos los cuales afectan a nuestra vida cotidiana y que serán tal vez importantes en 2019.

Plástico

El plástico ha pasado de panacea industrial a pesadilla ambiental. Sencillamente, nadie sabe qué hacer con él una vez utilizado, y un porcentaje muy elevado de todo el plástico fabricado desde mediados del siglo pasado no se ha reciclado jamás, y pernocta en diferentes estados de descomposición en el suelo, las aguas y los océanos. Por si fuera poco, crece la sospecha de que su complejidad química hace que se dispersen por el medio ambiente toda clase de moléculas capaces de suplantar a las que dirigen los procesos biológicos en nuestro cuerpo –por ejemplo a las hormonas– con nefastas consecuencias para la salud.

No se puede acabar de un plumazo con toda la industria del plástico. Lo que sí se está haciendo es reducir paulatinamente el uso del plástico desechable, bolsas, pajitas, cubiertos de usar y tirar, etc.

Veganismo, vegetarianismo y flexitarianismo

Basta examinar un producto cárnico procedente de la ganadería low cost para considerar como una opción cada vez más razonable el vegetarianismo. Tal vez un 5% de la población española lo es, con una parte importante de veganos estrictos. Otra parte importante de la población come carne y pescado pero en cantidades medidas, ocasionalmente y para acompañar a los platos, no como componente principal, en la opción que se llama técnicamente flexitarianismo.

El flexitarianismo no es más que la dieta mediterránea de toda la vida, abundante en cereales y legumbres, con algo de aceite de oliva y pescado y no mucha carne. Considerada patrimonio inmaterial de la humanidad, se está recuperando con una nueva perspectiva: ya no es la cocina de la abuela, sino la cocina de los nietos, antiguas recetas que pueden incorporar nuevos elementos, como la quinoa.

El carbón y relacionados

Hace unos días un minero de Bochum enseñó a los periodistas el último trozo de carbón sacado de una mina alemana, cerrando así una historia de siglos. En España, las plantas de regasificación de gas natural licuado funcionan al ralentí, pues su principal cliente, las centrales eléctricas de ciclo combinado, están emparedadas entre las centrales renovables y las nucleares, y cada vez funcionan menos horas. La principal petrolera española, Repsol, se prepara para abandonar el negocio petrolífero entrando en el mercado eléctrico y renovable.

El carbón primero, el petróleo después, y por último el gas natural, están abandonando la escena, poco a poco al principio, pero con un movimiento que se va acelerando paulatinamente. A final, más que el peak oil, tendremos el downfall oil.

Leche, azúcar y carne

El trío de ases de la alimentación de los países ricos ve acelerarse su declive. Tras llegar a un máximo hace unos años, actualmente, año tras año, sus cifras de consumo descienden. Eso no está nada mal, pues el azúcar parece estar asociado con diversas enfermedades y la leche y la carne en masa proceden de la ganadería low cost, que consiste en hacinar a los animales en grandes explotaciones y darles para comer piensos muy baratos.

Si queremos proteínas, tenemos todas las que queramos en las legumbres y los frutos secos. Así como en la carne de calidad, procedente de animales que salen al campo a pastar o a comer bellotas.

El coche de una tonelada

Lo dicen los expertos: “Es absurdo envolverse en una tonelada de metal y plástico para hacer los recorridos cotidianos”. Una gran ciudad europea media tiene circulando por sus calles aproximadamente un millón de toneladas de vehículos privados. Mover esa masa necesita mucha energía y produce mucha contaminación.

Se podría reducir mucho si usáramos vehículos ligeros, construidos con materiales composites ultralivianos como los que usan en la aviación. Con un pequeño motor eléctrico, una máquina de este tipo nos llevaría cómodamente a todas partes y costaría cinco veces menos que un coche convencional.

La pacificación del tráfico

Hubo un tiempo en que los dinosaurios dominaban la Tierra, igual que ahora los coches campan a sus anchas en la ciudad, pero eso está cambiando rápidamente. Todas las ciudades del mundo están tomando medidas para expulsar al coche o al menos para reducir el daño que hace a la ciudad en términos de accidentes, ruido, aire sucio y ocupación de espacio.

Cada ciudad tiene su fórmula: peaje por entrar en la ciudad, ensanchamiento de aceras, prohibición de circular a los vehículos más contaminantes, limitación estricta de velocidad, etc.

Las etiquetas semáforo

Con variantes, se imponen las etiquetas de golpe de vista, que permitirán al consumidor elegir los alimentos más saludables y/o mejores para el Planeta sin necesidad de usar una lupa de aumento. La etiqueta semáforo propuesta por la industria alimentaria no siguió adelante, y parece que en España se va a implantar el modelo francés, NutriScore. Las etiquetas semáforo advierten del contenido de componentes considerados dañinos, principalmente grasas, sal y azúcar.

Cada vez más personas piensan que sería más fácil utilizar la clasificación Nova, que divide la comida en alimentos frescos, ligeramente procesados (como el pan o el pescado en lata) y ultraprocesados (como los cereales de desayuno), con otra categoría especial para ingredientes como la sal y el aceite. De esta forma se evitaría poner etiqueta roja a productos tan saludables como el aceite de oliva o los torreznos.

La energía sostenible

Costa Rica, Portugal y Noruega, con circunstancias ecológicas muy diferentes, tienen en común que cada vez confían más en las energías renovables para asegurar su suministro eléctrico. Pueden pasar semanas y meses sin quemar una gota de combustible fósil.

Cada vez más países se suman a esta manera de hacer las cosas, pues se está revelando como una buena manera de asegurar un suministro a prueba de fallos (gracias a una red de miles de centrales que no se puede estropear todas a la vez), limpio y barato (el “combustible” eólico o solar es gratis).

El aire sucio

El aire contaminado se sufrió con resignación hasta 1952, cuando Londres descubrió que mataba a la gente a millares y comenzó a tomar medidas para dejar de quemar carbón en las calefacciones domésticas. Todas las ciudades del mundo siguieron su ejemplo, Madrid en la década de los setenta. Era una contaminación formada por gotitas de ácido sulfúrico y carbonilla flotando en el aire, fácilmente visible. La contaminación que siguió, los insidiosos óxidos de nitrógeno y micropartículas, es mucho más difícil de ver, y procede de los tubos de escape, no de las calefacciones.

Ahora las ciudades se plantean ambiciosos objetivos para erradicar también esta contaminación, cosa que no va a ser fácil, pues ya no se trata de algunos cientos de fábricas o miles de calderas de calefacción, sino de cientos de miles de coches. La idea ya no es cumplir con las normas de Bruselas, que implican respirar toda la vida 40 microgramos de NOx como media, sino limpiar la atmósfera de verdad.

La transición a la sostenibilidad

Ya tenemos un Ministerio que se llama más o menos así, y la palabra o al menos el concepto de transición a un mundo viable está en boca de todos. Los 17 objetivos de desarrollo sostenible 2030, que son el único programa con el que toda la humanidad está más o menos de acuerdo, van en la misma dirección.

Cada vez que nos cobran la bolsa de plástico o nos impiden meter el coche en la ciudad sentimos los efectos de esta transición. Pero no todo es negativo, la transición también es caminar más, comer más vegetales y llevar una vida más sana. Y respirar un aire más limpio, reducir la siniestralidad en las calles y carreteras, evitar la erosión, dejar de verter basura a la atmósfera, etc. ¿Quién sabe hasta dónde podemos llegar?

 

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