• Entrada de agua
    La demanda de agua en determinadas zonas de alta densidad turística plantea serios problemas de abastecimiento: en estos enclaves, el consumo de agua en temporada alta puede multiplicar por diez las cifras invernales. Algunos usos del agua relacionados con el ocio, como piscinas y campos de golf, son grandes consumidores de líquido. El problema es especialmente grave en zonas como el Sur y Levante, donde la disponibilidad de agua es limitada y se debe repartir con grandes extensiones de regadío.
  • Ruido
    El ruido es un elemento del impacto ambiental de las actividades de ocio especialmente molesto y nocivo. Se manifiesta en plena naturaleza, provocado por un uso inmoderado de música o de motos todo terreno, o en las zonas turísticas de alta densidad, donde la tranquilidad y el sosiego brillan por su ausencia en las zonas de copas o de esparcimiento callejero en general.
  • Impacto sobre el paisaje y la diversidad cultural y ecológica
    Puede manifestarse de muchas formas:

    • En un radio limitado, la excesiva presión de visitantes en un espacio natural, puede provocar daños al suelo, la vegetación y la fauna, por el mero pisoteo, la irrupción de vehículos todo terreno, el encendido de hogueras en lugares no adecuados para ello, recolección de ejemplares para colecciones, abandono de basura, etc.
    • En términos geográficos más amplios, la construcción densa de edificaciones hoteleras o segundas residencias, puede convertir paraísos naturales en sucursales de los barrios hacinados de las grandes ciudades.