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Sociedad y Medio Ambiente

Riesgos del uso del móvil

Junio 2011

El uso del móvil está cada vez más generalizado en la sociedad actual, de hecho, existen unos 4600 millones de contratos de telefonía móvil. Dada la gran cantidad de usuarios de telefonía móvil, es imprescindible investigar sobre los efectos perniciosos de su uso en la salud pública. 

Niveles de exposición

Los teléfonos móviles se comunican unos con otros emitiendo ondas de radio a través de una red de antenas fijas denominadas “estaciones base”. Los móviles son transmisores de radiofrecuencia pero de muy baja potencia, sólo transmite energía cuando está encendido y la potencia de dichas ondas desciende al aumentar la distancia con el dispositivo móvil. Por ejemplo, una persona que utilice un dispositivo manos libres, estará menos expuesto a campos de radiofrecuencia que otra hablando con el teléfono móvil pegado a la cabeza. De hecho, si se lee la letra pequeña podemos observar las recomendaciones del fabricante sobre la distancia a la que se tiene que colocar el móvil de la cabeza pudiendo ser, por ejemplo, de 1,5 cm para iPhones o 2,5 cm para BlackBerry. Del mimo modo, los niveles de exposición se reducen al disminuir el número de llamadas y su duración. Usar el móvil en lugares con buena recepción, también reduce los niveles de exposición. 



Su uso está prohibido en hospitales y a bordo de aviones porque las ondas de radiofrecuencia pueden interferir con ciertos aparatos médicos y con el sistema de navegación de los aviones. 



Hasta la fecha no existen pruebas fehacientes de que el uso de los celulares tengan efectos perniciosos para la salud. Aún así, los estudios que se han realizado y que siguen realizándose son numerosos. 



Posibles efectos a corto plazo

Muchos estudios se ha dirigido a investigar la interacción existente entre la energía radioeléctrica y el cuerpo humano, que recalienta los tejidos. En el caso de las frecuencias utilizadas por los móviles, la mayor parte de la energía es absorbida por la piel y otros tejidos superficiales sin causar estragos al cerebro y otros órganos del cuerpo.

En cuanto a la influencia de la exposición a campos de radiofrecuencia en la actividad eléctrica cerebral, la función cognitiva, el sueño, el ritmo cardiaco y la presión arterial, no se ha demostrado que dicho uso tenga efectos perjudiciales para la salud. 



Tampoco se ha demostrado que exista una relación causal entre la exposición a campos electromagnéticos y ciertos síntomas notificados en ciertos pacientes como puede ser la “hipersensibilidad electromagnética”. 



Posibles efectos a largo plazo

Las investigaciones epidemiológicas, como por ejemplo la realizada por la epidemióloga Devra Davis, han ido dirigidas a encontrar una relación entre la exposición a radiofrecuencias y la aparición de tumores cerebrales, sobretodo en personas con edades comprendidas entre 20 y 29 años. Dichos estudios no han podido demostrar mucho, porque numerosos tipos de cáncer no son detectables hasta muchos años después del contacto que pudo provocar el tumor. Por ello, los estudios epidemiológicos sólo pueden analizar los tipos de cáncer que se manifiestan en periodos breves. Aún así, los estudios realizados con animales, como el realizado por Henri lai, catedrático de investigación del departamento de bioingeniería de la Universidad de Washington, en un estudio de radiación sobre ratas, observó ADN cerebral dañado. Además, las ratas padecían pérdida de memoria al ser expuestas a valores de entre 0,0006 y 0,06 vatios por kilo, a pesar de que la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos permita un máximo de 1,6 vatios por kilo. 



Existe otro estudio de gran envergadura que intenta investigar la relación entre el uso del teléfono móvil con el cáncer de cabeza y cuello en adultos. Este estudio se desarrolló por el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC), estudio conocido por el nombre de INTERPHONE con el fin de demostrar la relación del uso del móvil durante un periodo de 10 años con la aparición de glioma (tumor que crece en el propio tejido nervioso del cerebro) meningioma (tumor cerebral usualmente benigno, y es el tumor primario más común en el sistema nervioso central) . Este estudio es uno de los más importantes realizados hasta la fecha, pero el análisis de los datos no reveló información veraz para acomodar los resultados con la hipótesis inicial. Los investigadores señalan que existen numerosos sesgos y errores que limitan la solidez de las conclusiones. Aún así, los resultados de los datos colocan a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia como posiblemente cancerígeno para los seres humanos (grupo 2B). 



Aunque los datos obtenidos por INTREPHONE no proporcionan datos evidentes que indiquen un aumento de sufrir tumores cerebrales por el uso del móvil, su creciente uso y la falta de estudios que analicen datos recogidos en periodos superiores a 15 años, hace que sea imprescindible el desarrollo de investigaciones futuras que analicen la relación entre el uso del aparato con la probabilidad de contraer cáncer cerebral. 



La creciente popularidad de los móviles entre los jóvenes hace más preocupante el tema, ya que se dará una exposición mucho más prolongada a lo largo de la vida. Por ello, la OMS ha puesto el acento en que se ahonden las investigaciones en este sector de población. En la actualidad existen numerosas investigaciones que estudian los efectos perniciosos en niños y adolescentes. Devra Davis asegura que los niños son más vulnerables a las ondas de radiofrecuencia, puesto que las ondas penetran más en su cerebro debido a sus cráneos más finos y mayor cantidad de líquido de absorción. 



La inquietud que produce la exposición a campos electromagnéticos entre la población y los diferentes gobiernos, hizo que en 1996 la OMS instituyera el Proyecto Internacional de Campos Electromagnéticos (CEM) para evaluar los datos científicos existentes sobre los efectos de dichos campos en la salud. En el año 2012, la OMS realizará una evaluación formal de todos los riesgos a partir de los resultados obtenidos tras 16 años de recopilación y análisis de datos empíricos.

Fuentes: 


El País, 9 diciembre 2010
El Mundo, 2 junio 2011
Público, 2 junio 2011
ABC, 1 junio 2011
El País, 1 junio 2011

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