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El nuevo camino de los transgénicos

La Comisión Europea autorizó el cultivo de cuatro organismos genéticamente modificados (OGM) en la Unión Europea (UE) aunque en actualidad sólo uno se sigue cultivando. Se trata del maíz MON810 del grupo estadounidense Monsanto. Los otros dos maíces (BT176 Y T25) y la patata Amflora fueron abandonados.

El país que más utiliza los OMG es España con una  producción de maíz MON810 de más de 131.500 hectáreas cultivadas en 2014. Esta producción supone el 31,6% del total que se cultiva en el país. Por otro lado, entre los estados que producen menos maíz transgénico se encuentran República Checa y Eslovaquia con superficies de cultivos mucho menores.

Recientemente los 28 países pertenecientes a la UE han adoptado mediante un acuerdo con el Parlamento Europeo y la Comisión Europea una nueva norma sobre el cultivo y comercialización de alimentos transgénicos.

Esta nueva norma autoriza a los estados miembros a regular sobre su territorio el cultivo y comercio de OGM y oponerse a su uso aún cuando a nivel europeo tal transgénico haya sido aprobado.

Con esta norma, los países de la UE pretenden actuar sobre su territorio regulando el uso de un transgénico atendiendo a razones socioeconómicas o medioambientales. Según el ministro letón de Agricultura y presidente de turno de la UE, el nuevo concepto se ajusta al principio de subsidiariedad ya que ofrecerá la libertad de elección a los países miembros sobre el uso o  no de un transgénico y atenderá más las preferencias de los ciudadanos y productores.

Antes de la implementación de esta norma, la Unión Europea aprobaba o no un OGM según razones medioambientales o sanitarias y la autorización la concedía el Ejecutivo Comunitario porque los estados miembros no lograban un consenso mayoritario.

El criterio para rechazar un transgénico incluye los “objetivos de la política medioambiental” ya que no se limita solo a la evaluación de riesgo que emita la Autoridad Europea de Salud Alimenticia (EFSA).

También el Gobierno que rechaza el uso de OGM podrá en el futuro negociar con la empresa de semillas en dos fases aunque no obligatoriamente. Las empresas tendrán un plazo de 10 años para oponerse.

Por último, el nuevo acuerdo entre los estados miembros obliga al país que utiliza el transgénico tomar las medidas necesarias para asegurar que no se produzca  contaminación transfronteriza. Esta decisión no se tomará en zonas geográficas donde tal medida es innecesaria.

En definitiva, este acuerdo entre los estados miembros y la nueva norma supondrán más flexibilidad para los países en la toma de decisiones sobre el uso u oposición hacia este tipo de cultivos.

Fuente:

www.ecoticias.com
www.elpais.com

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