Sociedad y Medio Ambiente

Ecoetiquetas

Julio 2012

Dado el gran avance tecnológico en los últimos año se hacia necesaria una revisión de la etiqueta energética. Por ello, en 2010 la Unión Europea aprobó un nuevo etiquetado energético para indicar la eficiencia energética más allá de A.

La nueva Directiva Marco introduce un nuevo diseño de la etiqueta energética que ha mantenido, no obstante, sus características de aspecto uniforme y sencillo en las diferentes categorías de producto. Los elementos básicos de la etiqueta permanecen en el nuevo diseño: escala de clasificación con letras, siete clases energéticas, colores de verde oscuro (alta eficiencia energética) a rojo (baja eficiencia energética). Por otro lado, se han añadido elementos adicionales para destacar los productos con mejores características y el progreso técnico:

Se añaden hasta tres clases adicionales, A+, A++ y A+++, a la actual escala de clasificación desde A hasta G.

La nueva etiqueta será independiente del idioma ya que los textos se sustituirán por pictogramas que informan a los consumidores sobre las características de un determinado producto.
Cada producto individual se suministrará con la nueva etiqueta completa. La práctica actual de proporcionar la base y la tira de datos por separado desaparecerá.

La declaración de ruido será obligatoria para los productos en los que el ruido es un criterio relevante.

A 2010 sólo se han publicado Reglamentos de aplicación del nuevo etiquetado energético para aparatos de refrigeración, lavadoras y lavavajillas. A partir del 20 de diciembre de 2010 los proveedores pueden hacer uso del nuevo etiquetado para estos productos de forma voluntaria, y a partir del 30 de noviembre de 2011 será obligatorio su uso. Para el resto de productos (secadoras, lava-secadoras y hornos) se publicarán más adelante los Reglamentos del nuevo etiquetado energético. Mientras tanto, sólo se podrá utilizar el etiquetado actual, basado en las clases energéticas A-G.

Las obligaciones que se establecen para el distribuidor, tanto en el etiquetado actual como en el nuevo, son las mismas. La única diferencia estriba en que con el etiquetado actual, el distribuidor debe colocar la base de color genérica y encima de ella la tira técnica con los datos específicos del modelo, mientras que en el nuevo etiquetado la base y la tira desaparecen por tratarse de una pieza única.

Normativa internacional para etiquetas ecológicas

La ISO 14000 agrupa un conjunto de normas destinadas a estudiar los aspectos medioambientales en las empresas. Estas normas permiten que cualquier organización industrial o de servicios, de cualquier sector a nivel mundial, pueda tener control sobre el impacto de sus actividades sobre el ambiente.

Esta familia puede clasificarse en dos bloques: las normas ISO 14001/04 y las series ISO 14010 e ISO 14030 son normas utilizadas por las empresas para organizar su gestión medioambiental, mientras que las series ISO 14020 e ISO 14040 son normas aplicables a productos y servicios. Estas últimas desarrollan un nuevo enfoque en lo que respecta a la consideración del medio ambiente durante la fase de diseño de los productos.

Las normas de la serie ISO 14040, relativa a las metodologías de Análisis del Ciclo de Vida (ACV), se centran en el estudio de los aspectos ambientales y los posibles impactos a los largo de todo el ciclo de vida de un producto, desde la adquisición de las materias primas hasta su eliminación o recuperación al final de su vida útil, pasando por su fase de transporte de materias primas, producción, distribución, uso y mantenimiento.

Las normas de la serie ISO 14020 diferencian tres tipos de etiquetado ambiental:

Etiquetas ecológicas

Las etiquetas ecológicas constituyen el primer grupo de marcas de calidad ambiental, diseñadas para productos y servicios. Son bien conocidas, aunque su grado de implantación real podría mejorar mucho. La Etiqueta Ecológica Europea es un distintivo oficial de la Unión Europea que denota que un producto o servicio ha sido valorado como más eficiente medioambiental que otros productos o servicios similares en su categoría, es decir, permite identificar productos y servicios más respetuosos con el medio ambiente, lo que conlleva numerosos beneficios para las empresas que lo logran, como la apertura de nuevos mercados, el distintivo de calidad que supone y la fiabilidad de que el producto realmente respeta el medio ambiente.

Se puede otorgar a productos y servicios existentes en la Unión Europea, Noruega, Liechtenstein e Islandia que cumplan los requisitos ambientales establecidos y que contribuyan de forma significativa a mejorar aspectos ecológicos clave. Actualmente en España hay un centenar de licencias de la Etiqueta Ecológica Europea, de las que 19 se han concedido en la Comunidad Valenciana.

La etiqueta ecológica puede ser solicitada por cualquier fabricante, importador o prestador de servicios. También la pueden solicitar los comerciantes y minoristas, siempre que los productos que pongan en el mercado lleven su propio nombre comercial.

Los productos o servicios que pueden optar a la Etiqueta Ecológica Europea son aquellos que tienen publicados sus correspondientes criterios ecológicos en el DOUE. Se pueden agrupar en equipos y material de oficina y del hogar: ordenadores personales, ordenadores portátiles, televisores, papel para copias y papel gráfico y papel tisú; productos de limpieza: detergentes lavavajillas a mano, detergentes para ropa y para lavavajillas, productos de limpieza de uso general, productos de limpieza para cocinas y baños, jabones y champús.

Electrodomésticos: lavadoras, lavavajillas, frigoríficos y aspiradoras, productos textiles, calzado y colchones, material de bricolaje y jardinería; pinturas y barnices, iluminación eléctrica, enmiendas del suelo y sustratos de cultivos, así como alojamientos turísticos y campings y otros: entre los que se encuentran bombas de calor, lubricantes y baldosas rígidas para suelos.

Actualmente se encuentran en desarrollo los criterios ecológicos de mobiliario de madera, papel impreso, equipos que usan energía y edificios.

Sin embargo, la EEE no puede concederse a las substancias o productos que estén clasificados como muy tóxicos, tóxicos, peligrosos para el medio ambiente, los productos fabricados mediante procesos que puedan causar daños apreciables a las personas y el medio ambiente, o cuando su uso normal pueda ser nocivo para los consumidores, los medicamentos y productos sanitarios y los productos alimentarios y las bebidas.

Autodeclaraciones ambientales

La norma ISO 14021 es una norma voluntaria que especifica los requisitos relativos al etiquetado ambiental de tipo “autodeclaraciones medioambientales”. Engloba a todas aquellas declaraciones en forma de afirmaciones, símbolos o gráficos que indican un aspecto ambiental de un producto, componente o envase, y que se encuentran presentes en las etiquetas, manuales técnicos o propagandas.

Estas autodeclaraciones ambientales pueden efectuarlas los propios fabricantes de los productos, sin necesidad de una certificación dada por una parte independiente. La ausencia del proceso de certificación le confiere al declarante la total responsabilidad de su declaración, por lo que debe ser responsable de la evaluación y de facilitar los datos necesarios para su verificación.

La norma ISO 14021 sólo identifica un símbolo: el bucle de Möbius. Este símbolo puede utilizarse indistintamente para indicar que el producto o envase que lo lleva es reciclable, o contiene material reciclado, en cuyo caso debe acompañarse del porcentaje correspondiente al contenido reciclado (en el centro del círculo). 


Declaraciones ambientales

Las declaraciones ambientales son el tercer grupo de etiquetas ecológicas. Es un proceso voluntario, regulado por la norma ISO 14025, mediante el cual un sector industrial desarrolla una “declaración medioambiental”. Es la información ambiental cuantitativa sobre el ciclo de vida de un producto, basada en una verificación independiente, con datos sistemáticos presentada como un conjunto de categorías de parámetros.

Las declaraciones ambientales utilizan parámetros en base a la aplicación de etapas de la metodología de Análisis de Ciclo de Vida (ACV), es decir, ofrece información sobre los impactos ambientales potenciales asociados con el ciclo de vida (entradas y salidas) de un producto.

El objetivo global de todas ellas es alentar la demanda y el suministro de aquellos productos con menos impacto negativo sobre el medio ambiente mediante la comunicación de información verificable, precisa y no engañosa relativa a los aspectos ambientales de los mismos.

Podríamos agrupar las etiquetas en España en:

Ecoetiquetas tipo I: son etiquetas verificadas por terceros, basadas en la ISO 14024-1999. Son de carácter voluntario, basadas en el Análisis del Ciclo de Vida (ACV). Indican la preferencia ambiental del producto o servicio dentro de una categoría de productos, aportando información concisa a los consumidores. Para garantizar la transparencia y cumplimiento de criterios es necesaria la certificación por parte de un organismo oficial.

Ecoetiqueta tipo II: se trata de autodeclaraciones ambientales de productos basadas en la ISO 14021-1999. Suele considerarse un único criterio ambiental, y se expresa en forma de símbolos, gráficos en los productos, boletines técnicos, etc. Tienen una enorme flexibilidad, pero algunas de estas ecoetiquetas carecen de credibilidad.

Ecoetiqueta tipo III: es una nueva forma de declaración ambiental sobre el producto (DMP), que presenta información cuantificada, de forma normalizada (por ejemplo emisiones de CO2, NO2, etc.). El objetivo es que los consumidores formen su propio juicio sobre el producto, o para que dicha información pueda incluirse en un Análisis del Ciclo de Vida (ACV). La Norma utilizada es UNE-ISO 14025-2007.

Las normas de la familia ISO 14000, que como hemos visto regulan el uso de etiquetas ecológicas y declaraciones ambientales, han sido desarrolladas en los últimos años para evitar que las empresas las utilicen como meras herramientas de marketing.

El objetivo de los programas de etiquetado ecológico es contribuir a una reducción de los impactos medioambientales asociados a los productos, a través de la identificación de aquellos que cumplen con los criterios específicos que permitan considerarlos globalmente preferibles para el medio ambiente.

De esta forma, la etiqueta ecológica de un producto informa a el público que éste cumple las rigurosas especificaciones ambientales exigidas por el organismo que otorga la ecoetiqueta tipo I. Toda solicitud de concesión de este tipo de etiqueta ecológica está sujeta al pago de un canon y cada país posee sus programas propios de etiquetado validados a nivel internacional.

La UE puso en marcha la creación de una etiqueta ecológica en 1992, para todo el ámbito comunitario con el propósito de promover aquellos productos con bajo impacto ambiental y proporcionar a los consumidores una mejor información sobre las repercusiones ecológicas de los productos.

En Europa existen dos tipos de etiquetas: La Etiqueta Ecológica Europea para los productos de consumo y equipamiento del hogar y, las etiquetas para los alimentos, agricultura, producción integrada y etiquetado de transgénicos.

Para cada categoría de productos hay unos criterios ecológicos que permiten la evaluación y concesión de la ecoetiqueta tipo I, que es válida durante un periodo máximo de tres años. El producto está siempre bajo control del organismo que otorga la ecoetiqueta.

Distintiu de Garantia de Qualitat Ambiental (Cataluña).

Distintiu de Garantia de Qualitat Ambiental (Cataluña).

AENOR Medio Ambiente (España). 

Etiqueta ecológica de la Unión Europea – EU.

Certificación FSC (Consejo de Gestión Forestal).

Existen otras muchas ecoetiquetas a nivel europeo e internacional, como son:

Ángel Azul – Umweltzeichen Weil (Alemania)




PEFC (Certificación Forestal Paneuropea).

Cisne Escandinavo – Miljömärkt Swan (Escandinavia).

NF Environnement (Francia).

Environmental Choice (E.E.U.U).

ANAB-IBO-IBN (Italia), y otras etiquetas.

El organismo competente en cada caso, decidirá si concede o no la etiqueta en función de los resultados de la comprobación del cumplimiento de los criterios ecológicos correspondientes.

Los problemas del etiquetado ecológico

El etiquetado ecológico, podría enfrentarse a algunas complicaciones, ya que, tanto las compañías como los consumidores, están empezando a saturarse y a confundirse, según a advertido un estudios publicado por la escuela de negocios suiza IMD, el Instituto Internacional para el Desarrollo Gerencial y la Escuela Politécnica Federal de Lausanne (EPFL), Suiza.

La investigación, reseñada por Europa Press (julio de 2012), sugiere que el proceso de «etiquetado ecológico» se ha convertido en algo tan fragmentado que la actual percepción industrial está dominada por una retasación de amplia gama.

El Ministerio de Medio Ambiente de Alemania presentó la primera etiqueta ecológica del mundo, «Blue Angel», en 1978, a fin de destacar las credenciales medioambientales y de sostenibilidad de los productos. Ahora se utilizan más de 400 en 25 industrias, promoviendo unas preocupaciones cada vez mayores en torno a la proliferación, credibilidad y conocimiento de los consumidores.

Los investigadores de IMD y la EPFL encuestaron a más de 1.000 ejecutivos de todo el mundo en torno a sus actitudes frente a las etiquetas ecológicas. El profesor de IMD Ralf Seifert, coautor del estudio, explicó: «No son solo los consumidores los que están confundidos. La selección de una etiqueta ecológica se ha convertido en una decisión altamente compleja para las firmas».

La investigación ha descubierto la fragmentación continuada, confusión de consumidor y falta de consenso de los criterios de calificación que se ven como los principales retos para las esperanzas de la continuidad del etiquetado ecológico en su forma actual. El estudio advierte de que las compañías y clientes están en riesgo de verse «agobiados» a no ser que se de un diálogo mejor y cooperación entre los accionistas.

Compañías internacionales como Hewlett-Packard, Nestlé o Canon han tomado parte en el estudio, que se ha dedicado en primer lugar a investigar el motivo por el que las firmas han adoptado etiquetas ecológicas.

Los encuestados han indicado que han fortalecido su marca haciendo frente a la demanda de sostenibilidad de los consumidores y de protección contra los ataques de los grupos de presión como principales beneficios de esta práctica. Pero también han expresado lo que el estudio denomina «escepticismo sustancial» frente a la credibilidad de las etiquetas ecológicas y el rigor del criterio y de los procedimientos de certificación.

Fuentes:

Revista Tecno Ambiente, Nº 149 Año XV, 2005
ANFEL comunicado de prensa, 8 abril 2011
ABC.com, 11 julio 2012

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