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viernes 30 de abril de 2010

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viernes 23 de abril de 2010

El factor olvidado


Antes, cuando la gente caía enferma se metía en la cama, y continuaba en ella hasta que se curaba, momento en que el enfermo se levantaba, pedía comer un huevo fresco y se marchaba a sus quehaceres. Otra salida posible era hacia el cementerio, si las cosas salían mal. Salvo en caso de epidemias o hambre, se pensaba que el estado natural de una persona era la salud, no la enfermedad. Hoy pensamos que el estado natural de una persona es la enfermedad, o al menos la preenfermedad. Eso resulta lógico si pensamos que nunca ha habido más médicos que ahora, y que los galenos nos examinan de continuo.

Antes era una práctica profesional común despedir al paciente con la frase típica: “está usted como un roble”. Eso quería decir una despedida sin compromiso hasta la próxima visita, para la que podían faltar años. La frase ya apenas se escucha en las consultas. Incluso el hombre o mujer más saludable del mundo está preenfermo. Tiene que vigilar su colesterol. Los niveles de glóbulos están bien, pero conviene que se haga otra prueba dentro de unos meses. Ese grano probablemente no es nada, pero convendría estar seguros con una biopsia. Recuerde que a partir de los cincuenta años es conveniente hacerse una colonoscopia de vez en cuando. La próxima mamografía le toca en septiembre. A partir de los cuarenta tenemos que hacerle un electrocardiograma.

Lógicamente, ningún ser vivo puede salir sano de semejante escrutinio. Pero lo malo es que los médicos tienen razón: puede que vivamos muchos más años que nuestros bisabuelos, pero vivimos bastante más averiados. El complejo de enfermedades de la abundancia –cáncer, diabetes, problemas cardiovasculares, enfermedades autoinmunes– es una epidemia de la que casi nadie se libra. Los médicos insisten en que el estilo de vida –saludable o no– que llevamos determina si somos sanos o no. Hasta cierto punto es verdad. El problema es que hay muchas personas que llevan estilos de vida virtuosos que sufren todas esas enfermedades, y muchos crápulas que se escapan de ellas. La relación entre la salud que disfrutas y el estilo de vida que llevas es innegable, pero es estadística, y ni siquiera demasiado significativa. Tomando las cinco míticas raciones diarias de frutas y verduras, reducimos el riesgo de enfermar en un 40%. O en un 30%. O tal vez sea menos todavía.

Una iglesia que garantizara a sus fieles sólo un 35% de probabilidades de salvación después de una vida entera entregada a la virtud sería un fracaso. Y la genética es de gran ayuda para explicar el 65% restante de enfermedades, pero solo hasta cierto punto. Lo cierto es que hay un gran porcentaje de los achaques de nuestra civilizada cultura que no se pueden explicar por el estilo de vida ni por la lotería genética. La explicación está ahí fuera: es el factor ambiental. De la misma forma que los kiwis de Nueva Zelanda cayeron como moscas ante elementos de su medio ambiente para los que no estaban preparados –ratas y perros– parece ser que el cuerpo humano no sabe cómo lidiar con cientos y miles de moléculas deletéreas que nuestra civilizada cultura se ha encargado de diseminar en cantidades ingentes por nuestro medio ambiente. O con determinadas radiaciones y vibraciones, o simplemente con el exceso de ruido.

La reivindicación del factor ambiental en la salud está solamente empezando. Ahora mismo la cantidad de información que recibimos en los medios de comunicación acerca del impacto de los estilos de vida saludables, la genética y el medio ambiente en nuestra salud debe tener una proporción aproximada de 10/7/1. Para elevar este pequeño porcentaje, cada día salen a la luz nuevas informaciones sobre los elementos tóxicos de nuestro medio ambiente. Recientemente se ha lanzado la película francesa “Nuestros hijos nos acusarán”. Tal vez algún día se empiece a plantear una política con sentido común de erradicación de componentes tóxicos de nuestro medio ambiente, antes de que alguien nos señale con el dedo acusador.

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martes 13 de abril de 2010

La energía, la nueva conexión entre la gente, el dinero y la tecnología

Es el título de la conferencia que se va presentar, entre el el 18 y 21 de abril próximo, en el foro Innovation for Sustainable Production de i-sup, Brujas 2010.

Se trata de las redes eléctricas inteligentes del futuro “Smart Grids” planteadas por la Plataforma Tecnológica Europea.

Dicha plataforma se ha creado para motivar y debatir sobre la conveniencia de pasar de la red eléctrica centralizada a un modelo de redes eléctricas descentralizadas. Donde no sólo grandes centrales eléctricas provean electricidad a la red, sino que desde muchos y diversos nodos se inyecte el suministro a la red eléctrica. Esto es posible si se conecta todas las posibles fuentes energéticas, grandes y pequeñas, como instalaciones domésticas de energía renovable.

El objetivo, integrar en la red a todos los generadores y consumidores, y aquellos que hacen ambas cosas, con el fin de asegurar de manera eficaz y de forma eficiente el suministro eléctrico.

Los beneficios de las Smart Grids:

Facilitar la conexión y el funcionamiento de todos los tipos de tecnologías y tamaño de generadores.

Permitir a los consumidores participar en la operación del sistema.

Informar a los consumidores de todas las opciones y ofertas de suministro.

Reducir el impacto ambiental del sistema eléctrico de abastecimiento.

Mejorar los niveles de calidad, confiabilidad y seguridad del suministro.

Propiciar la integración de los mercados energéticos europeos.

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miércoles 7 de abril de 2010

Vehículos revolucionarios


Además del Tata Nano EV (la versión eléctrica del vehículo compacto que sacó al mercado el fabricante indio hace un año), están apareciendo otros vehículos realmente interesantes para moverse por la ciudad. Uno de los mejores es la bicicleta eléctrico de tres ruedas (o tricicleta) de pedaleo asistido.

La bicicleta de toda la vida es un vehículo perfecto, pero requiere práctica y un cierto esfuerzo muscular que muchas personas no están dispuestas a hacer. Las bicicletas eléctricas convierten en llanas las cuestas arriba. Si además tiene tres ruedas, y un asiento con respaldo, el resultado es una oferta irresistible de transporte autónomo, de emisión cero y silencioso, que ocupa apenas 1 metro cuadrado de espacio en la calle y se puede guardar en el cualquier rincón de la casa –muchos modelos son plegables.

También tenemos las motos eléctricas, los segways (esos tentesiesos eléctricos de dos ruedas que se conducen de pie) y diversos vehículos híbridos entre la bicicleta, la moto, el coche y el patinete, desarrollados muchos de ellos en Japón, todos de emisión cero, silenciosos y ocupando poco espacio por pasajero. En conjunto, estos vehículos van a revolucionar el transporte urbano privado.

Su rival, el coche convencional, que necesita más de 10 metros cuadrados de espacio, 1.500 kilos de metal y plástico, emitir gran cantidad de gases tóxicos y producir un ruido en proporción para transportar a 1,3 personas (de media), ya es un anacronismo, una antigualla en vías de extinción que desaparecerá pronto de nuestras ciudades.

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jueves 18 de marzo de 2010

Capitalismo popular sostenible: II Manifiesto

En días pasados hemos recibido el II Manifiesto de ECOoos, por el empleo sostenible, y nos parece interesente compartirlo en este medio:

"Cada día es más frecuente encontrar en los periódicos noticias sobre energías renovables. Muchas de ellas son el anuncio de que una gran empresa o unafamilia adinerada van a realizar fuertes inversiones en el sector.

Y es que cada vez son más los grupos empresariales que han incluido, entre sus líneas de negocio, las inversiones en eólica, termosolar o fotovoltaica. Y también son cada vez más los gestores de patrimonios que han descubierto para sus clientes la alta rentabilidad y seguridad de las energías limpias. Ya no hay duda de que invertir en renovables es una buena opción. Los mejores profesionales, aquellos que trabajan en las grandes empresas y en las gestoras importantes, son los primeros en recomendarlas.

Pero, como todo el mundo sabe, la alta rentabilidad se debe en realidad a que están fuertemente subvencionadas. Siendo más precisos, son rentables porque los productores de electricidad limpia cobran un precio primado, que se paga (o se pagará) con el correspondiente recargo en la factura de la luz de todos los consumidores. Nadie duda de que las energías limpias son el futuro, también porque serán muy pronto más baratas que las energías convencionales. Pero en
estos momentos, necesitan un apoyo económico que pagamos entre todos.

Siendo así, ¿tiene sentido que las subvenciones, el sobreprecio, las primas vayan a parar a las cuentas corrientes de las grandes empresas y de las personas con grandes patrimonios? Ya que hay que destinar dinero de todos para apoyar a las renovables, ¿no es más sensato que esas ayudas se repartan también lo más posible entre todos?

La situación actual de las renovables recuerda un poco a las ayudas que recibe el sector agrario dentro de la Política Agraria Común. Cuando se ordenan dichas ayudas por beneficiario, resulta que la Duquesa de Alba ocupa uno de los primeros lugares. Y claro que tiene sentido económico
garantizar un sector agrícola sólido, como lo es favorecer la consolidación de un modelo energético limpio y, para conseguirlo, resulta secundario quién sea el titular de las explotaciones agrícolas o de las instalaciones eléctricas renovables. Pero, al mismo tiempo, todos estaremos de acuerdo en que, a la hora de repartir subvenciones o ayudas públicas en general, ni la Duquesa de Alba ni los grandes patrimonios de este país son el tipo de destinatario más razonable.

Entre las energías renovables, son muchas las que necesitan enormes inversiones antes de empezar a producir el primer kilowatio hora. Un aerogenerador, un salto hidroeléctrico o una central termosolar necesitan enormes cantidades de dinero que sólo están al alcance de grandes empresas o grupos de inversión. Pero existen otras tecnologías, como la minieólica y, sobre todo, la fotovoltaica que tienen sentido con inversiones al alcance de la amplia mayoría. Con ellas
se puede desarrollar una suerte de capitalismo popular sostenible. Conseguir que muchas personas de este país tengan sus pequeños ahorros en un producto financiero que les reporte una rentabilidad elevada (por encima del 10 por ciento anual) y con toda la seguridad que ofrece la legislación vigente. Un pequeño complemento al sueldo o la pensión que podría además favorecer el alicaído consumo, ahora que nuestra economía tanto lo necesita.

Para democratizar las subvenciones, repartirlas de forma más justa y equilibrada y colaborar a que la economía se reactive, basta con introducir un cambio muy pequeño en la legislación vigente. La propuesta de nuestro Manifiesto es sencilla: limitar la titularidad de las instalaciones fotovoltaicas a las personas físicas y además para una potencia máxima de, por ejemplo, 20
kilowatios. Un NIF, 20 kilowatios. Simple.

Creemos que dar entrada a todos a las subvenciones de todos es una buena razón para implantar un modelo sensato de difusión de la fotovoltaica. Como son muchos los intereses a los que perjudicaría un cambio como el que proponemos, necesitamos el apoyo de todas aquellas personas que, simplemente, lo ven razonable. Si es tu caso, por favor, adhiérete."

ECOoo, Participa en la Revolución Solar.

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