Estás en: Fundación Vida Sostenible > Señales de Sostenibilidad > 13 años de FVS: ocho cosas que no habríamos imaginado en 2003

Episodios

13 años de FVS: ocho cosas que no habríamos imaginado en 2003

arquitecturamodernaPasa el tiempo, caen las hojas, se abren las florecillas en el campo, el mundo sigue girando. Lo ha hecho 13 veces en torno al sol desde aquel lejano marzo de 2003 en que se constituyó FVS, la Fundación donde tienen ustedes su casa. ¿Qué hemos visto en ese tiempo? Muchas cosas, pero algunas nos habrían parecido difíciles de creer en aquellos tiempos. Por ejemplo:

El parón legal de las renovables

En 2003, las energías renovables eran, por un lado, la tradicional hidroelectricidad y por otro unos cuantos aerogeneradores y paneles solares casi experimentales. En poco más de una década la energía eólica se convirtió en la principal contribuyente a la cesta eléctrica, y la solar consiguió una aportación significativa. En 2007 Unesa veía como mezcla eléctrica ideal un 33 % para cada gran grupo de energías, nuclear, fósil (es decir, gas) y renovable. Con la renovable acercándose al 50% y el posible auge del autoconsumo fotovoltaico, saltaron todas las alarmas en las grandes compañías eléctricas, que habían invertido mucho en centrales de gas y las tenían paradas casi todo el tiempo, entre la inamovible energía nuclear y el creciente empuje de las renovables. Resultado final, inimaginable en 2003: el decreto de “impuesto al sol”.

Un servicio municipal de vehículos eléctricos en Madrid

En el lejano año de 2003, el uso de la bicicleta como medio para moverse en la Ciudad Capital era tan reducido que ni siquiera figuraba en las  minuciosas estadísticas municipales. Los ciclistas urbanos eran cuatro locos que arriesgaban su vida a diario entre los improperios de los conductores. Flotaban en el aire promesas, que nadie creía, de servicios municipales de alquiler de bicis,  densas redes de carril-bici, etc. Luego llegó BiciMad, un éxito a pesar de sus problemas, y algo mucho más interesante todavía: el servicio de coches eléctricos a la demanda Car2Go, que parece estar en fase de expansión. Eso sí, el millón y medio de vehículos térmicos que ocupan y atufan las calles de la ciudad siguen llegando puntualmente todas las mañanas, tras tragarse el atasco de la carretera de A Coruña y de los accesos a Móstoles.

Petróleo abundante y barato (muy barato)

En 2003 todo el mundo pensaba que en 2016 el petróleo estaría a 250 $ el barril, y subiendo. Que habría duras peleas para conseguir el último bidón de gasolina, al estilo de la película Mad Max. Nadie previó el auge del fracking y otros factores que convierten al petróleo en una energía cada vez menos apetecible y por ende más barata. En realidad la cuestión es psicológica. El petróleo sigue siendo el rey de las energías, pero su papel de puntal y elemento imprescindible de nuestra civilización está siendo socavado seriamente por el coche eléctrico, los edificios de consumo casi nulo, los compromisos internacionales sobre renovables después de la cumbre de París, etc.

El mayor fabricante europeo de coches falseando las cifras de emisión de sus vehículos

¿Quién no ha comprado o deseado comprar un frigorífico o un televisor alemán? Durante años, los productos alemanes jugaron en otra división, eran los artilugios más duraderos, con mejores acabados y con un aura de calidad y perfección general que justificaba sus elevados precios. En coches el efecto se multiplicaba, eran wagen que no se estropeaban nunca, veloces y bonitos. Hasta que llegó el muro de los límites de emisión, contra el cual chocó estrepitosamente Volkswagen. Lo mejor fue el final de esta historia: la Unión Europea reconoció su falta y prometió no volver a molestar a los fabricantes de coches con zarandajas ambientales.

La generalización de la pobreza energética

En 2003 el recibo de la luz era un incordio incomprensible que llegaba cada dos meses, pero la proporción de hogares que tenían dificultades para pagarlo era pequeña. Las quejas retóricas sobre la imposibilidad de entender el recibo se transformaron poco a poco en seria preocupación cuando la crisis hizo que confluyeran dos problemas: un recibo siempre creciente (en apenas una década subió más de un 50%) y unos salarios siempre decrecientes o inexistentes. Lo peor de todo es que se ha demostrado que un modelo 100% renovable, con mucho peso del autoconsumo, podría proporcionar electricidad a todo el mundo a un precio estable y muy inferior al actual.

Dos tremendas olas de calor (en 2003 y 2015)

El verano de 2003 fue tremendo, hubo miles de muertos en toda Europa. No se recordaba una secuencia de días calurosos igual. Hasta que llegó 2015, el año más caluroso de la historia, cuatro o cinco semanas que no dieron tregua. Se agotaron los ventiladores en las tiendas y el que pudo se instaló un aire acondicionado. Todavía se están investigando las cifras de muertos en todo el mundo, que seguramente llegan a decenas de miles. ¿Qué pasará el verano de 2016? Esperemos que sea suave, pero los pronósticos a largo plazo no son buenos.

La eclosión del consumo colaborativo o economía compartida

En 2003 la existencia de empresas como Uber o Airbnb era ciencia ficción. O de apps como  Wallapop (en realidad el mismo concepto de aplicaciones para móviles era bastante novedoso). Recuérdese que Twitter cumple diez años ahora. Lo del trueque de artículos o el alojamiento en casas de particulares o compartir coche era más viejo que la tos (se usaban periódicos como Segunda Mano, el teléfono fijo, papeles en cabinas  telefónicas, etc.). Pero con la multiplicación de teléfonos móviles la cosa dio un salto adelante impresionante. Con un clic sabes instantáneamente qué coche está dispuesto a llevarte en la esquina siguiente o quién vende una mecedora de caoba en un radio de un km en torno a tu casa. Las consecuencias pueden ser una revolución absoluta en la economía y la sociedad o una nueva forma de miseria compartida. Como decía un erudito japonés en el segundo centenario de la Revolución francesa, todavía no ha pasado el tiempo suficiente para entender todas sus implicaciones.

195 países firmando un compromiso de lucha contra el cambio climático

Firmar, se ha firmado. Todo el mundo lo ha hecho, incluyendo China y Estados Unidos. Hace trece años el protocolo de Kioto tenía seis años de vida y estaba a punto de entrar en vigor, pero no lo había rubricado todo el mundo. En general, lo del cambio climático se veía como algo lejano y poco implicante, a pesar de los esfuerzos hercúleos de Al Gore. El lobby fósil tenía bien altos los balcones, tanto que no dudaba en apoyar con entusiasmo muchas iniciativas anti-emisión de CO2, en la confianza de que jamás se pondrían en vigor. Ahora ha cambiado algo importante: por primera vez, existe un consenso mundial al completo sobre que hay que hacer algo. Que se haga algo es otra cosa.

 Jesús Alonso Millán

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

Facebook IconYouTube IconTwitter IconLinkedInLinkedIn