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Como experimento masivo, no tiene parangón. Decenas de millones de personas salieron a la calle por primera vez para estirar las piernas, tras siete semanas de confinamiento estrecho. Durante unas horas, la ciudad ha estado ocupada únicamente por una considerable cantidad de peatones y ciclistas, con casi ningún coche circulando. Ya se pueden sacar algunas conclusiones del megaexperimento:

Las aceras no son suficientes. Sin contar las microaceras de un metro de ancho (o menos) que hay en muchas calles estrechas de los cascos viejos, los tres o cuatro metros de ancho de una acera normal no permiten mantener una distancia adecuada entre peatones. Por lo tanto, hay que ocupar la calzada, actualmente reservada para los coches, para trazar nuevos carriles peatonales.

En ausencia de automóviles, la bicicleta revela todo su potencial. Puede mover a muchas personas en menos espacio, conservando las necesarias distancias, a muy buena velocidad y con alto nivel de seguridad. La conclusión lógica es que hay que trazar una red densa de carriles bici que ocupe parte de la calzada reservada a los coches.

La gente que salió a la calle lo hizo para estirar las piernas tras casi 50 días dando vueltas a la mesa del comedor, y vaya si lo hizo. Se veía muy bien que el personal estaba caminando con propósito y energía, a una velocidad media de cinco o seis km/h. En la hora que como media estuvo fuera de casa la mayoría de la gente recorrió esta distancia y más. Muchas personas se sintieron mucho mejor y durmieron mejor esa noche. Caminar se reveló de repente como un medio de transporte sin igual: la verdadera cápsula de movilidad personal que necesitamos para hacer las ciudades más habitables.

Vale, ¿y los coches? Pues los imprescindibles (concepto que habrá que determinar), compartiendo calzada con las bicicletas y a una velocidad limitada a 30 km/h o menos. También necesitamos sitio para el transporte público de superficie. La proporción actual de reparto del espacio urbano (80% para el coche, 20% para el resto) tiene que cambiar drásticamente.