La calle de Alcalá el 7 de abril de 2020, a las 13:50. Imagen: Skyline Webcams.

Como recordó hace unos días António Guterres, secretario general de la ONU, “Podemos regresar al mundo como era antes o enfrentar de manera decisiva aquellos problemas que nos hacen innecesariamente vulnerables a las crisis. Nuestra hoja de ruta es la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible.”

En eso estamos, recalcando la necesidad de trabajar por los ODS 2030. No podemos dejar de lado la pandemia, sino incluirla en nuestro trabajo. Eso implica intentar responder a muchas preguntas, para las que no tenemos apenas respuestas. Continuamos con otro elemento tan importante en nuestra vida cotidiana, y tan recortado en las presentes circunstancias, como es la movilidad.

¿Cambios importantes en la pauta de viajes cotidianos?
En los análisis de movilidad se suele distinguir entre viajes obligados (al trabajo o al centro educativo, al médico o por gestiones, de compras, etc.) y los no obligados, asociados a actividades sociales y placenteras (aunque socialmente puedan ser imperativos, como ir a comer a casa de algún pariente un domingo). Es posible que, salvo los viajes domicilio-trabajo o centro educativo que no se puedan dejar de hacer de ninguna manera, toda la pauta de viajes cotidianos se modifique.
El concepto de “necesito hacer este trayecto” puede cambiar, después de mil ejemplos que vemos ahora de que “en realidad, no necesito hacer este trayecto”. Tal vez veamos una reducción del número total de desplazamientos, especialmente en vehículos de tracción mecánica.

El atasco como enemigo público
Tras décadas de resignación ante los atascos, ahora se están viendo como peligrosos, símbolos de una movilidad que no funciona bien y que contamina el aire y hace peligrar nuestra salud por varias vías. Si solamente una fracción de los trayectos cotidianos en coche privado no se realizaran (por una reducción general de la movilidad, debida al teletrabajo y otras causas), los atascos podrían ir siendo un recuerdo. La consecuencia sobre la calidad del aire en las ciudades puede ser muy positiva.

¿Te gusta conducir?
La elevada tasa de movilidad en coche privado (unos 13.000 km por vehículo y año de media) puede empezar a verse de una manera negativa, cuando no sea obligada por la actividad profesional. Es posible que haya cambios importantes en el uso del coche, difíciles de ver ahora mismo.

¿Qué pasará con el transporte público?
Se va a producir una reconsideración del transporte público. Un vagón de metro con los pasajeros apretados como sardinas en lata o un autobús urbano atestado no volverán a ser molestias cotidianas a las que resignarse. Los veremos con bien fundado horror, como un amontonamiento de cuerpos humanos incompatible con la salud, y también con la comodidad y el sentido común. El transporte público hacinado es un transporte penalizado, que todo el mundo abandona por otra opción en cuanto tiene la mínima oportunidad. Podemos imaginar un transporte público del futuro de calidad, todo el mundo cómodamente sentado con suficiente espacio alrededor. Sería cuestión de multiplicar las frecuencias, aumentar el número de vagones, re-diseñarlos y establecer un sistema de acceso distinto, que no permita aglomeraciones. El transporte público podría así dejar de ser visto como insano y vehículo preferente de contagio.

¿Y los vehículos compartidos?
A menos que la tecnología proporcione una especie de esterilización instantánea y completa después de cada uso, la sensación de no saber quién ha tocado antes el volante del vehículo que estás usando puede ser inquietante para muchos. El floreciente mundo del transporte compartido (a pesar de no estar obligado a ello) ha cesado su actividad por falta de demanda y ve un futuro muy incierto. ¿Se desarrollarán pequeñas cápsulas eléctricas unipersonales de desplazamiento, como transporte del futuro?

¿Se convertirá el caminar e ir en bicicleta en una opción más popular para desplazamientos cotidianos?
Al implicar disfrutar de la calle y mejorar la forma física, es decir fortalecer nuestras defensas, el transporte de motor de sangre puede ganar adeptos. No obstante, estos conversos exigirán un medio ambiente urbano más agradable, menos contaminado, más abundante en zonas verdes, menos ruidoso y menos ocupado por los coches.

¿Se consolidará el auge del teletrabajo?
La actual imposición de la teleactividad puede dejar muchas personas abominando de la misma, pero probablemente otra mitad (y muchas empresas) comprobarán que es viable y le cogerán el gusto. Las consecuencias sobre la movilidad urbana pueden ser muy importantes, aunque solo un pequeño porcentaje de trabajadores presenciales se pase a la teleactividad.

¿A cuántos viajes tendremos derecho?
Si se implantara un racionamiento de viajes, ¿a cuántos viajes internacionales al año tendrían derecho… los que pudieran pagarlos? A comienzos de este año se popularizó el concepto de un impuesto especial para viajeros frecuentes, que puede que tenga más sentido ahora que cuando lo inventó el entorno de Greta Thünberg.