Fotografía: Curtis MacNewton en Unsplash

Existió un Mundo Anterior, que terminó a mediados de marzo y que ya nos parece más remoto que el Pleistoceno, y existirá un Mundo Posterior, una era post-coronavirus. Más allá de esta modesta constatación, los expertos convocados estos días para que atisben este mundo del futuro no se ponen de acuerdo. De sus declaraciones se pueden extraer dos grandes tendencias:

  • Los que creen que la vida volverá inmediatamente a su consumista y desaforado ritmo habitual, aunque con muchas penurias previas para una gran mayoría.
  • Los que apuestan por necesarios y grandes cambios en nuestro estilo de vida, que será más frugal y local.

No tenemos certezas y las cosas pueden ir en una dirección o en otra, o en ambas al mismo tiempo. Lo que sí podemos hacer es revisar nuestra huella ecológica personal a la luz de los cambios que está teniendo ahora, en plena pandemia. Si revisamos algunas de la cuestiones que se plantean en la encuesta “Calcula el tamaño de tu huella ecológica… ¡y aprende cómo hacerla más pequeña!”, podemos conseguir una lista inicial de aspectos de nuestra huella que podrían cambiar en el mundo post-Covid-19.

 

La vivienda
Las semanas de confinamiento han sido más que suficientes para examinar nuestra vivienda con un ojo crítico, ya que ahora muchos pasamos 24 horas sobre 24 en su interior. Dentro de la clasificación habitual en cuatro categorías hay dos privilegiadas (unifamiliar exenta, el clásico chalé con jardín, y unifamiliar adosada, también con un patio pequeño o un jardincillo). Las otras dos categorías varían mucho en comodidad. Son los pisos en edificios medianeros (en manzanas) y los pisos en bloques independientes. Aquí tenemos desde viviendas amplias, luminosas, con terraza y vistas a diminutos cuchitriles interiores, en los que nunca se ve un rayo de sol.

Desde luego no es fácil cambiar de vivienda, pero estas ocho semanas de confinamiento van a dar un valor nuevo a la buena ventilación, la luz solar, el espacio disponible, la accesibilidad, etc. El 20% de los pisos en Madrid son interiores, la mayoría dan a estrechos patios de ventilación que no es raro que estén ocupados por compresores de aire acondicionado. Ahora que todos tenemos una idea mucho más completa de lo que es una buena vivienda, una vivienda digna, sería un buen momento de elevar el nivel (que no es muy bueno) de nuestra edificación. Sería pues el momento de aplicar a fondo todos los planes de rehabilitación de edificios existentes.

Así que necesitamos viviendas más grandes y mejores, lo cual no quiere decir que necesariamente tengan más huella ecológica. En realidad puede ser al revés si están bien equipadas, correctamente aisladas y tienen una buena puntuación en la etiqueta energética de la edificación.

 

La climatización

La crisis de 2008 ya supuso un toque de atención, que reveló la necesidad de consumir la energía con más eficiencia para evitar gastos innecesarios. Ahora estos dos meses de confinamiento están aumentando la factura energética de las familias, que tiene su mayor componente en la climatización. Mitad por imposición legal (como ocurre con la obligatoriedad de contar con termostatos y reguladores) y mitad por ahorrar dinero (por ejemplo, instalando calderas de condensación de alta eficiencia o una bomba de calor), , lo que lo convierte en un buen momento para mejorar las instalaciones de climatización de las viviendas, aumentar su eficiencia y reducir el gasto que suponen. Sin olvidar la necesidad de reducir drásticamente la pobreza energética, para lo cual están funcionando diversos programas en toda España. Y la progresiva implantación de sistemas autónomos de apoyo al consumo de energía de las familias, basados en energías renovables. Todo esto puede redundar en una interesante disminución de nuestra huella ecológica.

 

Equipamientos y electrodomésticos

El confinamiento ha revelado la cantidad de aparatos eléctricos y electrónicos de los que dependemos para conservar los alimentos, cocinar, la limpieza, el entretenimiento, etc. De su buen o mal funcionamiento depende buena parte de nuestra seguridad y confort, de ahí que probablemente apreciemos más que antes la calidad y la presencia de etiquetas energéticas de clase A en estos aparatos.

 

Desplazamientos cotidianos

Se están viendo dos tendencias opuestas muy claras, que pueden determinar un gran descenso de nuestra huella ecológica o un claro aumento: por un lado la ampliación de espacio para bicis y peatones y por otro el incremento del uso del coche. Algunos ayuntamientos (como el de Barcelona) están planeando restar espacio a los coches para el uso de caminantes y ciclistas. Es algo muy lógico, pues todos sabemos y una reciente información revela que, por ejemplo, la mayoría de las aceras de Madrid no permiten guardar la distancia de seguridad a los viandantes.

Por otro lado, expertos y encuestas están detectando un posible y notable aumento del uso del coche, ante la inseguridad del transporte público… o de las aceras. El hecho es que el 80% del espacio público urbano esté reservado al coche, que solo transporta a un tercio o menos de las personas que se mueven por la ciudad. Cada conductor dispone de mucha más distancia de seguridad alrededor que cada peatón. Los ayuntamientos tendrán que lidiar con estas demandas contradictorias. El impacto del teletrabajo puede ser importante.

 

El tipo de vehículo: ¿pesados todoterrenos o ligeros urbanos?

Lejos de plantear un nuevo tipo de vehículo adaptado al mundo post-covid (pequeño, eléctrico y ligero, más propio para moverse sin contaminar por la ciudad), los fabricantes insisten en seguir fabricando los mismos modelos que ahora, grandes, pesados y diésel. Vehículos que ya existen, como la moto eléctrica, la bicicleta o incluso el patinete, pueden revelar todo su potencial. Sea cual sea la forma que adopte, la cápsula individual de transporte ligera puede ser una de las soluciones al transporte urbano. Y la mejor de estas cápsulas es un peatón.

El transporte público es una gran incógnita: seguirá siendo fundamental, pero tendrá que mejorar drásticamente su calidad (en el sentido de aumentar el espacio disponible por pasajero, por lo menos). Lo mismo ocurre con los vehículos compartidos. Según hacia donde se incline la balanza en la elección de vehículo para el transporte cotidiano, nuestra huella ecológica podrá aumentar o disminuir drásticamente.

 

Frecuencia de compra de artículos de primera necesidad

La necesidad de “distanciamiento social” puede hacer crecer el modelo de compra esporádica de volúmenes relativamente grandes en lugares en los que el pequeño comercio o de barrio es inexistente, muchas veces usando el coche y con desplazamientos relativamente largos, lo que aumenta la huella ecológica de la compra. El auge del envío a domicilio puede contrarrestar esta tendencia y reducir la huella ecológica de la compra al usar un único vehículo para varias entregas.

El modelo opuesto de visitas frecuentes a tiendas del barrio, sin embargo, puede conocer un auge paralelo. Así como algo que ya está ocurriendo, ventas directas vía internet de pequeños productores locales a los consumidores. Este último puede ser una vía interesante de reducir la huella ecológica de la compra, pero será necesario la creación de espacios que de apoyo logístico a los pequeños productores.

 

Consumo de agua

Contra lo que cabría esperar (nos lavamos las manos mil veces al día) el consumo de agua parece haber bajado en las semanas de confinamiento, con el pico de más gasto desviado desde las 8 a.m. a las 12 del mediodía. Puede estar relacionado con la primavera fresca y lluviosa más que con otra cosa. No se puede decir casi nada sobre posibles tendencias de consumo de agua y, por ende, de su huella ecológica asociada, más allá del crecimiento de la conciencia del carácter crucial del agua potable.

 

Productos (de limpieza) con logos indicadores de compuestos tóxicos

Estos tiempos serán conocidos como “los años de la lejía”. La erradicación del virus de las superficies exige el empleo continuo de desinfectantes, que suelen ser tóxicos de alguna manera para los seres vivos. Incluso circulan en los medios serias señales de alarmas para no mezclar nunca productos de limpieza como el amoníaco y la lejía, que puede producir vapores muy tóxicos. No parecen buenos tiempos para los productos de limpieza sin logos de compuestos tóxicos o peligrosos, con el consiguiente aumento de nuestra huella ecológica y el peligro para nuestra salud.

 

Carnivorismo – Veganismo

La buena alimentación considerada como elemento fundamental de un organismo sano y “con defensas” parece estar influyendo en la reducción del consumo de carne y el aumento del de frutas y vegetales, lo que podría augurar una reducción de la huella ecológica en este aspecto.

 

Plásticos, envases y separación selectiva

Se ha informado de ligeros aumentos en la producción de residuos municipales, y también de un aumento de la fracción “restos”, lo que se puede achacar a un mayor consumo de envases en casa por el parón de la actividad hostelera y tal vez a la deposición de materiales potencialmente contaminados por el virus. Lo que sí podría confirmarse es un aumento de los productos (envases y otros) de usar y tirar, considerados como más seguros de cara a evitar potenciales contagios. Los plásticos desechables en sus múltiples modalidades pueden tener por lo tanto una nueva vida, después de varios años de retrocesos en la consideración pública, aumentando así la huella ecológica de nuestro consumo.

Es posible que la experiencia del confinamiento haga que la separación selectiva de las fracciones de residuos se vuelva más precisa, las autoridades municipales no deberían olvidar este hecho y aprovecharlo. Otro elemento a tener en cuenta es la posible popularización de las reparaciones domésticas y la reutilización de objetos que en otras circunstancias serían considerados desechables.

 

Alimentos frescos  vs. ultraprocesados
El confinamiento ha provocado un aumento de la compra de alimentos frescos (también online), en estrecha relación con el auge del cocinar. No se puede saber si esta tendencia se prolongará, pero si se une a la nueva consideración de la alimentación como protectora de nuestras defensas, puede consolidarse con la consiguiente reducción de nuestra huella ecológica. Si además el confinamiento sirve para que algunos niños y jóvenes se hayan iniciado en las artes culinarias, no hay duda que este habrá sido un importante momento de aprendizajes para su futuro.