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boletín informativo de Fundación Vida Sostenible
Núm. 115 – 10  de marzo de 2016
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Campus FVS: nuestros cursos para abril de 2016

> Cálculo de huella de carbono de productos y organizaciones.
Herramientas para trabajar con ISO 14001:2015 y EMAS III.
Huella de agua ISO 14046 y Water Footprint Standard.
Huella ambiental y análisis de ciclo de vida.

Más información:
 Fundación Vida Sostenible > Formación

Diez señales de sostenibilidad… o de todo lo contrario

sennales

 

Por Jesús Alonso, Elvina Mocellin, María Perona y Yasmín Tárraga.

TTIP: enorme y desconocido

Las siglas TTIP hacen referencia al Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión, un pacto que se lleva negociando en secreto desde 2013 entre la Unión Europea y Estados Unidos y que supone la armonización de las políticas entre ambos. Un acuerdo gestionado por las multinacionales (las cuales son las únicas beneficiarias) en el que se pretende que las empresas puedan demandar a los gobiernos en tribunales especiales para cuestionar lo que ellas ven como regulaciones (por ejemplo ambientales) que restringen sus inversiones. Un poder empresarial por encima de los gobiernos, por encima de los ciudadanos, que pretende equiparar la normativa europea con la estadounidense. Un Tratado que no parece dirigirse hacia el desarrollo sostenible ni ser democrático.

El coche eléctrico: ¿panacea o nueva pesadilla?

Para muchos son la solución a nuestros problemas de contaminación y dependencia del petróleo, para otros tan sola una moda a la que sumarse, para los más críticos una tirita en una gotera. Claro está, que los coches eléctricos contribuirían a mejorar los niveles de emisiones de NOx y CO2, y contaminación acústica. Pero su uso debería formularse como un complemento del transporte público, y no como un simple sustituto de los automóviles convencionales.

Refugiados climáticos: no existen, pero cada vez hay más

La lucha contra el cambio climático no supone solo una sensibilidad para la naturaleza en sí, sino que supone una sensibilidad para la causa humana. El planeta puede seguir existiendo sin los seres humanos, al contrario, los seres humanos no pueden vivir sin él. Al planeta no le importa que no haya agua potable en los países o que las islas desaparezcan bajo el agua, lo puede manejar, se adaptará. Sin embargo las personas necesitan territorios y agua para (sobre)vivir. Mientras el acceso a esas necesidades primarias está empeorando en muchos países (afectando principalmente a los más pobres), la comunidad internacional cierra los ojos dejando esas poblaciones fuera de la categoría “refugiados”. Esa falta de definición legal les impide pedir asilo climático en casi todos los países del mundo. ¿Cuándo los países “desarrollados” tendrán en cuenta el futuro de los países más pobres? ¿Por qué siguen olvidándolos a pesar a la “crisis de refugiados”?

El misterio de los transgénicos

Los transgénicos son organismos genéticamente modificados (OMG), es decir, organismos vivos que han sido creados artificialmente manipulando sus genes. La agricultura transgénica se realiza con fines económicos: aumentar la productividad acelerando los cultivos y haciéndolos más fuertes, con el consecuente empleo de tóxicos, el desarrollo de resistencias en insectos y malezas, la contaminación del suelo o de especies silvestres y la desaparición de la biodiversidad. Los OMG son una amenaza tanto para el medio ambiente como para nuestra salud. Un ejemplo de un alimento transgénico es el maíz MON180, cultivado en España, que lleva genes de una bacteria que le permiten producir una sustancia insecticida y que está presente en muchos de los alimentos de nuestra despensa.

La generación hiperconectada Millennials: ¿un montaje o algo más serio?

Son aquellas personas que tienen entre 20 y 35 años, que han crecido en un contexto económico bastante favorable; en pleno auge de la tecnología, de internet, de los smartphones etc. Todo les proporciona mejores conocimientos y consciencia del mundo que les rodea. Sin embargo, a pesar de tanta información, nuestras sociedades se deterioran. La dicha “generación del futuro” se pierde en las redes sociales. Surgen los “trolls” (que critican todo lo que se puede imaginar) pero ¿quién toma realmente la calle? No hay que minimizar los beneficios de las redes sociales porque es verdad que nos ayudan a difundir nuestras ideas y a denunciar las imperfecciones y atrocidades del mundo actual. Pero encerrarse en la tecnología no es la respuesta única, sobre todo en cuanto a los problemas medioambientales. Hay que actuar en nuestra vida cotidiana. Puedes investigar aquí las propuestas de FVS al respecto.

La economía circular y devolver el casco

Uno de los objetivos de la UE es pasar de una economía lineal, de usar y tirar, a una economía circular, enfocada a un mejor uso de los recursos sin generación de residuos. En una mejora de la gestión de residuos es donde radica la clave. Y quizá una vuelta al pasado podría servir de inspiración, cuando para poder consumir de nuevo había que “devolver el casco” y las cosas se arreglaban en lugar de tirarlas sin más.

El dilema Di Caprio

El famoso actor Leonardo Di Caprio es un destacado activista en la lucha por un modelo energético sostenible basado en las energías renovables. Naturalmente, el lobby petrolero-fósil se ha lanzado a su yugular, acusándole de “hipócrita climático”, ya que el actor usa con cierta frecuencia, al parecer, aviones privados, yates y otros elementos de la vida cotidiana de la gente de mucho dinero, que emiten gran cantidad de CO2 a la atmósfera. ¿Es realmente un hipócrita? No necesariamente. Bajando a la tierra, al lugar donde vive la gente real, vemos que muchas veces no existen ni la tecnología, ni la organización ni la legislación necesaria para llevar una vida sostenible. Por ejemplo, los coches eléctricos tienen poca autonomía y son demasiado caros, no hay ningún sistema organizado para recoger aceite usado en nuestro municipio o la ley vigente penaliza la instalación de paneles solares (aunque no te lo creas). ¡Hagamos que no sólo podamos decirlo, sino que podamos practicar la sostenibilidad!

¿Puede el vegetarianismo salvar al mundo?

El vegetarianismo puede salvar el mundo porque se trata de un estilo de vida respetuoso con los animales, el planeta y las personas, además de una práctica beneficiosa para tu salud. Una dieta vegetariana no nos expone a los tratamientos hormonales a los que son sometidos muchos animales destinados al consumo humano, es rica en fibra, baja en grasas y previene multitud de enfermedades. La alimentación vegetariana es más sostenible que una basada en el consumo de carne ya que la industria cárnica es uno de los mayores contaminantes del mundo. Los vegetarianos respetan a los animales y no los usan para servir a sus intereses. ¿A qué estás esperando para hacerte vegetariano?

La huella ambiental va derecha al asunto

Dejemos de dar rodeos en la reducción de nuestro impacto sobre el planeta. Ya no sirven las cifras de CO2 “que hemos dejado de emitir” o los “kilos de residuos que hemos reciclado”. Una herramienta, la huella ambiental, nos facilita la tarea. ¿Cómo funciona? La huella ambiental mide 14 parámetros de impacto, desde la emisión de gases de efecto invernadero al vertido de sustancias tóxicas al agua. Puede medirlos para un producto concreto o para la actividad entera de una empresa. Proporciona una lista por orden de importancia de los problemas ambientales de la entidad y lo mejor de todo, da ideas concretas para resolverlos… y ponernos manos a la obra.

La eclosión de la fotovoltaica

¿Un panel fotovoltaico tan fino y flexible que podría funcionar en la superficie de una pompa de jabón? Pues sí, existe.  Podremos tener paneles en nuestras camisetas, sombrillas y por supuesto tejados y carreteras. Lo que no tenemos es un estímulo económico y legal para colocarlos, por ahora. En realidad tenemos un freno, el famoso impuesto al sol, al que esperemos que le quede poco tiempo de vigencia, porque la eclosión de las energías renovables, y la fotovoltaica en particular, es imparable.

 

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