Más de 25.000 aves mueren electrocutadas cada año en los tendidos eléctricos españoles, según la Sociedad Estatal de Ornitología (SEO-Birdlife). De ellas, más de la mitad son especies protegidas. El Ministerio de Medio Ambiente reconoce que se trata de uno de los problemas más graves del patrimonio natural en España y asume que la estimación se aproxima a la realidad. Por el contrario, fuentes de SEO-Birdlife sostienen que la estimación es a la baja.
Los tendidos son, junto a los cebos envenenados, la principal cusa de muerte no natural de la mayoría de las aves, que se electrocutan cuando se posan en una torreta y tocan un cable o cuando tocan ambos cables a la vez. En 2005 fallecieron así 11 águilas imperiales, una especie con 141 parejas en España y con un alto riesgo de extinción por factores ambientales impredecibles. Otra especie protegida, el quebrantahuesos, también se ve afectada por el mismo problema (el 23,3% cada año). Los principales puntos negros de muerte de aves se encuentran en las provincias de Madrid, Toledo, Ciudad Real y Huesca.
El investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Miguel Ferrer, afirmó que es sencillo evitar muchas de estas muertes: “En muchos de estos casos basta con cambiar la posición de algunas de las piezas del poste”. Explica que las especies más afectadas son las grandes rapaces que se posan sobre estos postes o las especies gregarias que vuelan al atardecer y chocan contra los cables. Los ecologistas denuncian que el decreto que arreglaría este problema lleva parado meses. Medio Ambiente responde que tan sólo falta el visto bueno del Ministerio de Industria. La norma fijará normas de protección para las nuevas líneas de alta tensión y para las ya construidas que estén en zona de aves. Establecerá la obligatoriedad de los postes de contar con aislantes y establecerá distancias de seguridad entre crucetas y cables, para que el ave no pueda estar en contacto simultáneo con las dos zonas. Además, deberán llevar “salvapájaros”, espirales de color alrededor del cable, para que vean la línea y no choquen con ella.
Por si acaso, algunos investigadores optaron por no esperar al texto, poniendo en marcha un programa piloto para enseñar a las águilas a rechazar los postes, dándoles una pequeña descarga cuando se posan sobre ellos, sufriendo así una pequeña experiencia negativa que suele ahuyentarlas en el futuro. Si los tendidos siguen sin cambiar, las águilas tendrán que hacerlo.
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Fuentes:
El País, 18 de julio de 2006
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