La inestabilidad provocada por las revueltas populares en el mundo árabe ha puesto en guardia a Occidente, que ha visto repentinamente amenazado el suministro de combustible. Con razón: tal grado de dependencia energética presenta España en relación a países como Libia (un 13,4% del petróleo importado en 2010, sólo superado por el 18,7% procedente de Irán), que el Gobierno ha decidido poner en marcha varias medidas preventivas ante un evento recrudecimiento de la crisis en el Norte de África y el Golfo Pérsico... y en plena resurrección del debate nuclear tras la crisis de la central de Fukushima (Japón).
La reducción provisional de la velocidad máxima en carretera o el apagón selectivo del alumbrado de la red viaria figuran entre las propuestas pro ahorro del Ejecutivo. Pero el Ministerio de Industria también ha querido apuntar en dirección opuesta a la importación de combustibles. Por ejemplo, apostando, para uso térmico en edificios, por la biomasa, una fuente de energía que todavía resulta poco familiar a pie de calle y con la que Sergio García trabaja a diario en Íscar (Valladolid).
“La gente estaba muy acomodada antes de la crisis. Le daba al botoncito y no se preocupaba de nada”, rememora con tono crítico este autónomo de 31 años, quien en diciembre de 2009, y desde la cola del paro, se lanzo a la doble labor pionera de montar su propio negocio -25.000 euros de inversión- y ofrecer una alternativa al hogar alimentado con gasoil y gas ciudad.
“De momento trabajo con particulares, aunque es cierto que cada vez hay más atención por parte de los organismos públicos”, revela García, quien ayuda a contextualizar esta tendencia. “Se está volviendo del mundo urbano al rural. De nuevo interesa a leña, cuando hace apenas cinco años se estaban mandando a quitar las cocinas económicas de toda la vida”, revela.
Al frente de su empresa de venta e instalación de calderas y estufas a base de madera y pélet (material vegetal procesado para uso doméstico), García detalla los beneficios que reporta la apuesta por este otro oro verde: reduce notablemente las emisiones de CO2, permite reciclar materia prima en gran parte catalogada como residuo (ramas, piñas, huesos de aceituna, etc), contribuye a prevenir incendios y ayuda a fijar población en el medio rural mediante la creación de empleo.
Por su capacidad para fomentar el ahorro, mejorar la calidad de vida y extender el compromiso medioambiental a casa hace tiempo que la biomasa mueve países con gran masa forestal como Austria.
García trabaja solo en Biomasa y Confort CB a día de hoy. Quizá por poco tiempo, ya que el sector no deja de crecer en Castilla y León. En 2009 se aprovechaba sólo un 2% de los 70 millones de toneladas anuales de biomasa generadas en la comunidad, cifra que el Gobierno regional pretende incrementar hasta el 8% en 2020.
Presente y futuro de la biomasa en España
Residuos convertidos en recursos. La materia vegetal es utilizada en España primordialmente como fuente térmica, es decir, como combustible para calderas en hogares o industrias. En menor medida, genera energía eléctrica, pero aún es bastante ineficiente por su gran dispersión geográfica. Una central eléctrica de biomasa de 5 MW evita la emisión de 14.000 toneladas anuales de CO2 a la atmósfera.
Junto a esta posibilidad, la biomasa ofrece la alternativa de la generación de electricidad a través del proceso de gasificación, a partir de la fermentación natural de ciertos materiales, como las basuras de un vertedero, o los purines. El resultado es el biogás, que canalizado hasta una central próxima, genera energía eléctrica. En Europa está muy avanzado este sistema (sólo en Alemania existen 2.000 centrales). Desde la Asociación de Productores de Energías Renovables se considera necesario, a pesar de la voluntad positiva de las instituciones, aumentar las primas a la producción de este tipo de energía para conseguir que el sector sea competitivo por sí mismo y rentable, poniendo como ejemplo la rama de los biocarburantes, el área de la biomasa más desarrollada, dentro de las líneas de trabajo del bioetanol y sus derivados (sustitutivos de gasoil y gasolinas).
El descenso del precio de los alimentos
En 2006 las organizaciones agrarias, cooperativas y las industrias transformadoras, bajo la coordinación del Ministerio de Agricultura, negociaban la redacción de un acuerdo marco para desarrollar en España el cultivo alimentos para obtener biocombustibles como el biodiésel o el bioetanol. Se creía que la producción de biocombustibles podía ser la solución a la crisis de la caída de los precios de la agricultura; aunque se advertía la competencia desleal en el mercado español con los precios de la competencia extranjera que hace de que los productos agrícolas españoles sean más caros.
La subida de los cultivos alimentarios
Sin embargo, en agosto de 2007, los productores, empresas de alimentación y organizaciones agrarias anunciaron fuertes incrementos de los principales alimentos básicos: leche, pan huevos, azúcar, pastas, bollería, aceite de girasol e incluso de la carne. Entre la razones de los incrementos de las materias primas agrícolas se debió principalmente a los biocombustibles que están desviaron una parte importante de las cosechas a la generación energética.
En octubre de 2007. La obsesión por acaparar grano para los biocombustibles provocó escasez mundial de producción de cereal y oleaginosas para la fabricación de piensos para consumo humano. El precio de estas materias ya no compensaba dedicarlas a la producción ecológica ni con la subvención para consumo humano.
Lo que no era rentable en 2005 y 2006, a finales de 2007 resultó ser una mina y los agricultores han cambiaron de objetivo. La producción ecológica declinó. Frente a una superficie en 2006 de 216.000 hectáreas, en 2007 la cifra bajó hasta poco más de 183.000 hectáreas de las que 135.600 correspondieron a girasol y poco más de 35.000 a cebadas. A esta situación negativa para los agricultores que optaron por los cultivos energéticos, se suma el rebasamiento de la cuota comunitaria de dos millones de hectáreas a tres millones, lo que se traducirá en una rebaja de la ayuda de 45 a sólo 30 euros por hectárea.
En 2007, los cultivos energéticos, (la producción de cereales u oleaginosas con destino a las industrias de biocombustibles), se contemplaba hasta hace muy poco tiempo como una alternativa interesante para los agricultores a la hora de mejorar sus ingresos. Fruto de esa política, empresas de biocombustibles y agricultores suscribieron contratos para la producción de estas materias primas a unos precios ligeramente superiores a las cotizaciones habidas en los últimos años en los mercados. En esa línea, se suscribieron contratos a entre 0,22 y 0,23 euros para el kilo de pipa de girasol o a 0,12 euros para la cebada. A esa cifra, los agricultores sumaban la compensación comunitaria de 45 euros por hectárea.
Según los estudios realizados en el marco del PSE Probiogás, España tiene un potencial total de generación de biogás agroindustrial de 8.000 millones de m3/año. Este biogás se produciría con los cerca de 83,5 millones de toneladas/año de subproductos agroalimentarios que España genera.
En concreto, España dispone de:
• 49 millones de toneladas/año de subproductos ganaderos, con un potencial de generación de biogás de 2.400 millones de m3/año;
• 27 millones de toneladas/año de subproductos vegetales, con un potencial de generación de biogás de 5.000 millones de m3/año;
• 3,3 millones de toneladas/año de subproductos cárnicos, con un potencial de generación de biogás de 100 millones de m3/año;
• 0,5 millones de toneladas/año de subproductos procedentes del pescado, con un potencial de generación de biogás de 43,5 millones de m3/año;
• 3,1 millones de toneladas/año de subproductos lácteos, con un potencial de generación de biogás de 125,5 millones de m3/año
Por comunidades autónomas, Castilla y León, Andalucía, Castilla-La Mancha, Aragón y Cataluña son, por este orden, las que tienen un mayor potencial de generación de biogás agroindustrial. Respecto a la Comunitat Valenciana, tiene un potencial de 264.721.500 metros cúbicos de biogás agroindustrial al año, que se generarían a partir de los 3,4 millones de toneladas al año de subproductos agroalimentarios existentes.
Un barrera para el desarrollo de los biocumbustibles europeos
En 2008, la FAO y otras organizaciones mostró su rechazo por el uso de alimentos de consumo humano para biocombustibles. En el seno de la Unión Europea se decidió eliminar los apoyos económicos para el desarrollo de biocombustibles a partir de materias primas destinadas a consumo humano.
Inversiones para el desarrollo de biocombustibles en España
En 2009, la compañía alemana RWE ha dado un paso en su estrategia para crecer en el ámbito de las renovables en España, ha decidido arrancar su actividad en biomasa en el país mediante la creación de cuatro sociedades. Estas sociedades son el primer paso para cumplir el objetivo que se ha marcado la compañía en España: lograr 100 megavatios entre 2009 y 2013 (junto a su proyecto eólico ya en marcha en el territorio español).
El objetivo social de sociedades es el análisis, asesoramiento, desarrollo, operación y mantenimiento de instalaciones de producción de energía. Así como la adquisición, tratamiento y aprovechamiento de biomasa para la producción de calor útil.
Entre sus proyectos tienen previsto la construcción de dos instalaciones en Andalucía, una en Valencia y otra en Extremadura. Prevén que las instalaciones incluyan plantas de cogeneración
Conceptos relacionados
[Biogás]
[Biomasa]
[Biocombustible]
[Energía renovable]
Fuentes:
“A tu salud”, suplemento La Razón, 30 de abril de 2006
El País, 30 de julio de 2006
El Mundo, 17 de agosto 2006
El País 15 de enero del 2007
El País, 15 de octubre de 2007
Negocios y Estilo de Vida, 14 de abril de 2009
Ecoticias, 9 de julio de 2009
EUROPA PRESS, 12 de julio de 2009
El Mundo, 16 de marzo de 2011
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