la reforma fiscal ambiental aún está pendiente en España, sobretodo todo si la comparamos con la seguida en países vecinos.
Algunos países europeos están llevando a cabo importantes reformas tributarias para introducir la variable ambiental dentro de su sistema fiscal, lo que permite potenciar las actividades más eficientes en el uso de la energía. Suecia, Dinamarca, Noruega y Países Bajos fueron los pioneros en los años 90. Estos países aumentaron su presión fiscal sobre la energía, los pesticidas, las pilas y el nitrógeno utilizado en agricultura. Alemania y Reino Unido lo hicieron sobre los combustibles. En todos ellos hubo una gran oposición política a la reforma fiscal. En el debate se utilizaron algunos argumentos inciertos tales como:
∑ “Los impuestos ambientales suponen desventajas para la economía en lo que se refiere a la competencia internacional”. Aquí no se tiene en cuenta, por ejemplo, que las inversiones en eficiencia energética aumentan la productividad de las empresas. Así, los pioneros en eficiencia serán los mejor posicionados para introducirse en los mercados globales. Además, los bajos precios en la energía sólo favorecen a los viejos sectores industriales.
∑ “Las tasas ambientales afectan más a los hogares de bajos ingresos”. Este argumento es cierto, pero sólo parcialmente; sobretodo si contamos con que cada hogar puede ahorrar mucho dinero en la factura modificando sus hábitos: apagando aparatos eléctricos, en la conducción del vehículo, etc. Además, estas medidas podrían complementarse con ayudas del Gobierno para los hogares realmente necesitados.
∑ “Los impuestos serían inútiles para frenar el cambio climático, ya tenemos el intercambio de emisiones de gases de efecto invernadero”. Hasta cierto punto esto es cierto, existen algunos sectores ya gravados por emitir gases de efecto invernadero; pero otros, como el transporte por carretera, el sector residencial, o las calefacciones, no están dentro de este sistema y los impuestos serían un medio más adecuado de control de estas emisiones, al implicar a millones de hogares.
∑ “La UE debería armonizar sus impuestos sobre la energía en vez de dejar que cada estado miembro introduzca su propia reforma”. Sería ideal, pero países como España, Portugal, Grecia o Irlanda utilizaron su derecho de veto para oponerse. En cualquier caso, esto no puede convertirse en una excusa para retrasar los plazos de las medidas ambientales.
En España, la reforma aún es una asignatura pendiente. Sin duda, tanto la economía como el entorno físico se beneficiarían de la implantación de una reforma fiscal ambiental. Cierto es que para una mejora más completa deberían de tenerse en cuenta ciertas enseñanzas que ha dejado esta reforma en otros países: la necesidad de un impulso por parte de la sociedad civil, tomar como escándalo el despilfarro de energía, el incluir en la reforma no sólo combustibles, sino también la electricidad, la calefacción y algunos otros elementos, y por último, el preaviso de las subidas en la tarifa con cinco años de antelación como mínimo.
Al parecer, esta situación respecto a los tributos ambientales va a continuar así durante más tiempo en España, pues no se ven propuestas claras para apoyar un cambio en esta materia.
El pasado mes de noviembre del 2006 el Gobierno se pronunció a este respecto, afirmando que los impuestos ya existentes se adaptarán para tratar con más coherencia los objetivos de la política medioambiental estatal.
El secretario de Estado de Hacienda (Carlos Ocaña) aclaró que no se introducirán impuestos medioambientales nuevos y que se tratará de ser “prudentes” para evitar “dar sorpresas” tanto a empresas como a particulares.
Cabe añadir que, al parecer, los Presupuestos del 2007 recogen un compromiso de crear una fiscalidad medioambiental para este mismo año.
Conceptos relacionados
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[Tributos ambientales]
Fuentes:
Revista El Ecologista, Nº 46, invierno 2005-06
El País, 10 de noviembre de 2006
Fundación Vida Sostenible, enero de 2007
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