Por Antonio Lucas, coordinador de Seguridad Vial del RACE.
Los atascos suponen hoy en día un problema de primer orden. Según diversos estudios, la congestión del tráfico en la UE tiene un coste equivalente al 0,5% del PIB, y podría doblarse al final de la década de 2010. Este problema, lejos de solucionarse, se acrecienta con el aumento del parque automovilístico y los hábitos laborales y vacacionales.
Cuando se habla de atascos, hay que considerar dos variables. Por un lado, la retención que cada mañana se sufre en las grandes ciudades, con un coste anual de 1.500 millones de euros, calculados en pérdidas de tiempo por los ocupantes del vehículo, gasto energético y contaminación. El vehículo privado soporta el 80 por ciento de los costes de los atascos, y su uso se produce por cuestiones laborales. Ya nadie duda que la solución, en este caso, se centra en un uso racional del transporte privado, y la promoción de un transporte público eficaz, que sirva de alternativa para aligerar de las grandes ciudades el tráfico diario, mejorando los aparcamientos y los tiempos de desplazamiento.
El segundo de los momentos en los que se producen los atascos aparece en las grandes operaciones salida, concentrándose en los puentes festivos o en los periodos estivales. En este caso, el uso del vehículo es vacacional, y las soluciones no pasan únicamente por una promoción del transporte público, ya que, bien sea por cuestiones económicas; o por simple comodidad a la hora de desplazarse en el lugar de destino, el vehículo particular es el medio de transporte utilizado por la gran mayoría de usuarios que eligen España como zona de descanso.
¿Qué podemos hacer entonces para evitar los atascos?
En primer lugar, es necesario aportar toda la información disponible a los usuarios, para que de esta forma puedan tomar la decisión correcta, anticipando la salida, retrasándola o buscando una ruta alternativa. Lo que es seguro es que si un conductor, sabe, a priori, que va a estar once horas en un atasco, va intentará por todos los medios evitar esta situación. Para ello, la DGT cuenta con un gran abanico de medios, incluso los paneles variables (si a muchos conductores les pusieran en un panel en Madrid el mensaje “A-3 pk 68, 4 horas”, seguro que se daban la vuelta, y no les digo nada si viajan con niños...); entonces, si tenemos los medios, sólo falta concienciar a los usuarios de su utilización. Y ése debe ser nuestro granito de arena.
También es necesaria la revisión del modelo de gestión. Durante el pasado mes de mayo se vieron dos situaciones muy diferentes: los que salimos el viernes del puente tardamos, en algunos casos, once horas en llegar al destino, situado a poco más de 400 kilómetros. Pero a la vuelta la cosa fue diferente: hubo menos retenciones, el tráfico fue más fluido, en definitiva, mucho mejor. ¿Qué fue lo que se hizo? Nadie duda que la atención de los medios de comunicación fue vital. Pero tampoco es menos cierto que se contó con la Guardia Civil Rural, que se sumó a las labores de vigilancia. Y la planificación de los carriles reversibles, funcionando mucho antes de lo acaecido el primer día de puente. Un modelo de gestión en el que participen los gestores del Tráfico, las comunidades autónomas, las estaciones de servicio, las policías locales (sobre todo cuando las rutas alternativas cruzan localidades) e incluso los servicios de asistencia; que todo esté preparado y coordinado, con una previsión precisa de los desplazamientos y los puntos conflictivos susceptibles de provocar retenciones.
Y en tercer lugar, y a largo plazo, en el RACE consideramos imprescindible invertir en infraestructuras. El propio presidente del Gobierno, tras los atascos del puente de mayo, declaraba la necesidad de apostar por mejores infraestructuras. Los conductores españoles aportan a las arcas del Estado más de 23.600 millones de euros (o lo que es lo mismo casi cuatro billones de pesetas) en impuestos sobre el automóvil, según un informe de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (ANFAC) realizado a finales del pasado año, sin contar con los ingresos en concepto de sanciones. Creemos que es una cifra más que suficiente como para garantizar a los usuarios de los vehículos una circulación fluida y segura.
Por último, no queremos dejar de alertar sobre otras de las consecuencias de los atascos: los accidentes. Un conductor que circula durante horas en un atasco ve aumentados los riesgos de sufrir un accidente, ya que aparecen síntomas de fatiga, somnolencia, estrés, y en muchos casos, esas ganas de terminar el trayecto pueden hacer que el conductor quiera recuperar el tiempo perdido, sin tener en cuenta el «efecto acordeón» de los atascos. Y es que, cuando pensamos que la circulación ya está restablecida, aparecen de nuevo las retenciones, y una leve distracción puede provocar una grave colisión por alcance.
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Fuentes:
ABC, 29 de Julio de 2005
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