Entre los años 2000 y 2010 se perdieron en el mundo 13 millones de hectáreas de bosques, según la Organización de de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Además de las costumbres que hemos incorporado a nuestra vida (reciclar papel, llevar los muebles usados al punto limpio), deberíamos tratar de adquirir sólo aquellos productos forestales que tengan una certificación internacional reconocida, una especie de sello de calidad.
La certificación forestal es un proceso voluntario. El sello correspondiente se realiza de acuerdo con criterios de buena gestión que contemplan aspectos económicos, ecológicos y sociales. En España existe desde 1998 el grupo WWF-Grupo 2000, que reúne a 13 empresas de productores y compradores de madera certificada.
La madera puede ser un recurso natural renovable con una adecuada gestión de los bosques, y al contrario de lo que se piensa, la gran mayoría de los bosques deforestados se encuentran en latitudes medias (bosques boreales principalmente). Sin embargo, la deforestación y mala gestión de los recursos naturales en las zonas tropicales provocan una enorme erosión de los suelos, y como consecuencia de los ecosistemas que éste sustenta; además de abrir vías de acceso a los humanos hacia zonas hasta ese momento aisladas, con las consecuencias de degradación que implica.
Uno de los fundamentos de la certificación es que, para que haya madera en el futuro, la gestión de los bosques debe ser sostenible. Esto ya se tiene en cuenta en España y el resto de países europeos, pero no tanto en los bosques tropicales, de donde proceden maderas muy demandadas como la teca, el ipé o el iroco. La certificación pretende que la gestión de un bosque sea sostenible, es decir, que haya una evaluación individual de la masa boscosa y que se extraigan los árboles indicados para que se puedan regenerar.
Existen dos sistemas internacionales de certificación forestal: FSC (una ONG fundada en 1993 en Toronto (Canadá), que promueve la gestión sostenible de los bosques), y PEFC.
El sello FSC avala que los productos forestales (madera, papel…) proceden de bosques gestionados con criterios ambientales, sociales y económicos. Ambientales porque la madera se habrá extraído sin que se altere la biodiversidad, la productividad y los procesos ecológicos del monte. Económicos y sociales porque de la explotación se beneficiarán también las poblaciones locales. El FSC está formado por más de 700 miembros de 79 países, que representan a grupos sociales, organizaciones ambientales, silvicultores, empresarios forestales, organizaciones indígenas e investigadores comprometidos con la gestión forestal responsable.
Por su parte, la estrategia forestal española recoge la certificación forestal europea. El organismo competente es AENOR, que otorga la certificación “Gestión Forestal Sostenible”. La certificación declara el cumplimiento por parte de las empresas certificadas del conjunto de indicadores establecidos en la Norma UNE 162002, que fomenta la sostenibilidad de los recursos forestales europeos y el mantenimiento y crecimiento de la masa forestal europea. Permite obtener la Marca PEFC del Paneuropean Forest Certification Council (PEFCC).
En los países tropicales el coste de la certificación puede encarecer el precio de la madera un 25%, advierte el presidente de la Asociación Española de Importadores de Madera (AEIM), Ramón Gabarró. Y este sobreprecio hace que los compradores desestimen el producto. Al final, los arquitectos e interioristas son los que piden una especie u otra en los pliegos de condiciones, y "como en la ropa, la madera también va por modas", añade Gabarró. Maderas consideradas más nobles o de prestigio, como la teca o el iroco, se prefieren frente a maderas autóctonas de la misma calidad, como el castaño.
En España sólo el 5% de los bosques están certificados, pero la ley ya obliga a una gestión como la que definen los certificadores, y los productores sólo se animan si hay un valor añadido. Así, si en los concursos públicos se primara la madera certificada, esto supondría una apuesta mayor, explica Gabarró. Mientras, los dueños de las explotaciones tienen que pagar a dos certificadores por el mismo trabajo.
El 65% de los montes españoles está en manos privadas. En gran parte de las comunidades autónomas, la propiedad de los bosques está muy fragmentada y muchos propietarios no se ocupan a diario de sus fincas o ni siquiera viven en la zona, por tanto la certificación es un coste.
Una nueva iniciativa es expedir certificaciones regionales, por las que sólo se pagarían 1,25 euros por hectárea cada cinco años, explica Antonio Cueto, delegado del Colegio de Ingenieros Forestales del Principado. "Se trata de hacer ver a los propietarios que, si gestionan el monte, la madera será de más calidad, porque crece más rápido al seleccionar los mejores pies, y además se crea empleo rural", señala Cueto.
La campaña de sensibilización Madera Justa (iniciada en octubre de 2008), es impulsada por las ONG’s COPADE y FSC España. Greenpeace, WWF España, Triodos Bank, la Coordinación Estatal de Comercio Justo (CECJ), Struere Proyectos Urbanos e IDEAS también se han adherido a dicha campaña. A la Asamblea también acudieron representantes de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, del área de sostenibilidad del Ayuntamiento de Madrid, entre otros invitados.
Madera Justa apuesta por el manejo comunitario de los bosques por parte de las poblaciones locales, contribuyendo al desarrollo económico local y a la conservación de la masa forestal (hay que recordar que la tala ilegal representa unas pérdidas anuales para los países productores de cerca de 12.000 millones de euros). Por tanto, el principal objetivo de la campaña (de una duración aproximada de 3 años) es mejorar las condiciones de vida de los productores de los países en vías de desarrollo y frenar la tala ilegal de árboles, fomentando la compra responsable de productos forestales certificados con el sello FSC y realizados bajo los criterios del comercio justo, contando hasta la fecha con 25 socios.
Pero ¿Qué es el Comercio Justo? Se trata de un sistema comercial basado en el diálogo, la transparencia y el respeto, que busca una mayor equidad y justicia en las relaciones comerciales que se establecen con productores de Países del Sur o Países en vías de desarrollo. El Comercio Justo establece unos criterios básicos que son:
- Un salario digno por el trabajo que desarrollan los productores/as del Sur.
- Rechazo a la explotación infantil.
- Igualdad entre hombres y mujeres.
- Respecto al medio ambiente.
- Cumplimiento de derechos laborales.
También está prevista la puesta en marcha de una red de empresas y organismos que participen activamente en la divulgación de la campaña tanto en colegios como con actos en la calle.
Un manifiesto leído en el acto de presentación del proyecto denuncia que el 15 por ciento de la población mundial que vive en los países desarrollados es responsable del 56 por ciento del consumo total del mundo, mientras que el 40 por ciento “más pobre", procedente de los países con recursos más bajos, es responsable del 11 por ciento del consumo, de ahí la importancia del comercio justo.
Conceptos relacionados
[Ecoetiquetas]
[Ecoproductos]
[Eficiencia energética]
[Desarrollo sostenible]
Fuentes:
Fundación Vida Sostenible, septiembre de 2003
Público.es, 23 de Junio de 2009
Fundación Vida Sostenible, 24 de Junio de 2009
Revista Recupera, Nº 59, abril 2009
Lukor.com, 21 de junio de 2009
Economiasolidaria.org, 26 de mayo de 2009
Mujer de hoy, 5 de noviembre de 2010
informacion@vidasostenible.org © 2005 Fundación Vida Sostenible | XHTML CSS