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Perspectiva mundial

Deshacerse de la basura en Japón no es tarea fácil (Mayo-2005)
Mundial

Cuando la ciudad de Yokohama en Japón dobló a 10 el número de clases de basura, entregó a los residentes un folleto de 27 páginas sobre cómo clasificar sus desperdicios dando instrucciones concreta para 518 artículos.

El manual contiene indicaciones de este tipo: las barras de labios, una vez utilizado su contenido, a metales pequeños o plásticos. Saque la cinta métrica antes de tirar una cazuela, por debajo de 30 centímetros va a metales pequeños, pero por encima de este tamaño va a desechos voluminosos, también se clasifican los envases metálicos según sean de hierro o aluminio. ¿Y los calcetines? Si es solamente uno, es incinerable: el par va a ropa usada, aunque solamente si los calcetines no están rotos y el calcetín derecho e izquierdo hace juego.

En una campaña nacional para reducir los desechos e incrementar el reciclado, barrios oficinas, ciudades y megalópolis están elevando al número de categorías de basura, a veces hasta alturas vertiginosas. De hecho, Yokohama, con 3,5 millones de habitantes, parece descuidada en comparación con Kamikatsu, un pueblo de 2.200 vecinos de las montañas de Shikoku, la más pequeña de las cuatro islas principales de Japón. No contentos con las 34 categorías de basura que definieron hace cuatro años como parte de un importante esfuerzo para reducir los desperdicio, Kamikatsu ha elevado la cifra a 44.

El objetivo de toda esta movida es reducir la cantidad de basura que acaba en los incineradores. Japón tiene poco terreno y el que les queda no lo van a desaprovechar en vertederos. El objetivo para Yokohama es reducir la basura incinerada en un 30% en los próximos cinco años. Pero el de Kamikatsu es aún más ambicioso: eliminar la basura para 2020.

En Yokohama, después de que unos cuantos vencindarios empezasen a seleccionar en el año 2004, algunos residentes dejaron de tirar su basura en casa. Las papeleras de parques y tiendas empezaron a llenarse misteriosamente de basura sin seleccionar, así que las autoridades retiraron las papeleras. Entraron en acción los guardianes de la basura, el ejército japonés de voluntarios de vista de águila que registran las bolsas infractoras de basura de, por ejemplo, una factura de gas delatora, y luego arrastran al propietario al buen camino.

Uno de los más tenaces es Mitsuharu Taniyama, de 60 años, propietario de una pequeña empresa de seguros que recorre en coche su barrio en busca de basura mal seleccionada. Deja avisos en los contenedores de recogida: “Don Fulano de Tal, su forma de seleccionar la basura es errónea. Haga el favor de corregirla”. “Miraba dentro de las bolsas y devolvía las especialmente desastrosas a la puerta de sus propietario” –explica Taniyama.

 

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Fuentes:
El País – The New York Times, 26 de mayo de 2005

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