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Agua

Planificacin hidrolgica en Espaa

La poltica del agua

Agua y desarrollo sostenible (Marzo-2005)
Espaa
Agua y desarrollo sostenible (Marzo-2005)

Por: Cristina Narbona, ministra de Medio Ambiente

La proliferacin de citas que dedican un da al ao a conmemorar las ms variadas cuestiones debera servir para repasar el estado de las polticas pblicas cuando se trata de problemas que nos afectan profundamente. El Da Mundial del Agua que se celebra el 22 de marzo, es sin duda una de esas citas importantes. No puede entenderse de otra forma la fuerza del debate al que estamos asistiendo a la gestin de los recursos hbridos en Espaa.

Recordemos, para empezar, que este debate es inseparable de la necesidad de alcanzar una utilizacin sostenible del conjunto de todos los recursos naturales bsicos: aire, agua, suelo, bosques o energa. Soy consciente del uso y abuso que se hacen de esta necesidad, pero nunca se insistir suficientemente en que si no ponemos lmites racionales al consumo y la contaminacin de esos recursos, estamos comprometiendo seriamente el porvenir de las generaciones futuras y nuestra salud y calidad de vida presentes.

La gestin del agua en Espaa no puede, por otra parte, enfocarse slo con el nimo de que nuestros problemas son muy singulares y requieren soluciones muy especiales, pues otros pases ms o menos desarrollados (de Israel a California, pasando por Portugal, Australia o Chile) tienen que hacer frente tambin a una escasez de recursos hdricos ms o menos grave que la nuestra. En general, hacen frente al problema aproximndose a ese objetivo de sostenibilidad hdrica de forma paulatina, porque en todas las partes el paso de los viejos a los nuevos modos de gestionar el agua no resulta fcil y exige superar las esperadas resistencias.

Los pases de la Unin Europea nos hemos dotado, adems, de una gua especialmente valiosa para este trnsito hacia la sostenibilidad, la conocida habiatualmente como Directiva Marco del Agua, ya incorporada al Derecho Espaol (aunque no de forma totalmente satisfactoria) en la pasada legislatura. La implantacin real de la Directiva Marco es decisiva para el futuro de nuestros recursos hdricos. No se trata de meros asuntos jurdicos o burocrticos, sino de garantizar agua de buena calidad para todas las poblaciones espaolas y de hacer frente a las sequas, de tener unos regados ms modernos y eficientes, de estar protegidos frente a las inundaciones o de disfrutar de los ros, estuarios, deltas y humedales con que la naturaleza nos ha agraciado.

Para todo ello es imprescindible avanzar desde un modelo tradicional de gestin del agua hacia un nuevo modelo, del mismo modo a como todas las polticas pblicas tienen que renovarse y evoluciona en funcin de los cambios sociales, econmicos y tecnolgicos. Hasta muy avanzado el pasado siglo, el atraso econmico espaol exiga un enorme esfuerzo para satisfacer nuestras necesidades mnimas de suministro urbano de agua y para convertir los recursos hdricos en un motor de desarrollo a travs, principalmente de los sectores agrcola, hidroelctrico y ms adelante turstico. Fruto de aquel esfuerzo es el valioso patrimonio que hoy tenemos de infraestructuras hidrulicas, sin el cual no podra concebirse nuestro desarrollo actual, ms all de los excesos registrados en este proceso.

La Espaa de hoy es radicalmente distinta. Nuestros sistemas de abastecimiento urbano y turstico deben mejorarse, pero en general no puede hablarse de carencias graves y nuestra economa depende de mucha menos medida del agua como factor limitante de crecimiento. La preocupacin predominante no puede ser ya un desarrollo intensivo de nuevas infraestructuras de aprovechamiento hidrulico. Por pura racionalidad (y no slo porque tambin as lo establezca la Directiva Marco) tenemos que centrarnos en la conservacin y la proteccin de nuestros recursos hdricos, bien entendido que es perfectamente compatible con dar satisfaccin (en el marco de un desarrollo cada vez ms sostenible) a las demandas de las nuevas necesidades de agua.

As pues, creemos que hay que dar prioridad a la modernizacin de los sistemas de aprovechamiento del agua para hacerlos ms eficientes (y, por tanto, a mantener en perfecto estado de servicio nuestro patrimonio de infraestructuras y garantizar su seguridad) y a eliminar la sobreexplotacin y contaminacin de ros y aguas subterrneas. Por supuesto, tambin tendremos que incrementar las disponibilidades de agua, pero para ello deberemos contar no slo con las infraestructuras tradicionales, sino tambin con las posibilidades cada vez mayores que nos ofrecen las nuevas tecnolgicas de desalacin o reutilizacin de aguas residuales convenientemente depuradas.

La atencin se ha prestado en las pasadas legislaturas a la necesidad de estas distintas maneras de gestionar el agua ha sido muy escasa y buena prueba de ello son (aparte de los que cualquier ciudadano puede contrastar con slo observar el estado de nuestros ros, el despilfarro de las aguas residuales que se vierten al mar en las poblaciones costeras o el espectculo de los aspersores funcionando a pleno sol), los recientes informes que han detectado graves insuficiencias en la gestin de los recursos hdricos espaoles tanto de organismos internacionales (OCDE, Foro Econmico Mundial) como del Perfil Medioambiental de Espaa 2004 elaborado por el Ministerios de Medio Ambiente. Y todo ello a pesar de que ya el Libro Blanco del Agua de 2000 sealaba muchas de esas deficiencias y a pesar tambin de los procedimientos que la Comisin Europea ha abierto a Espaa por infraccin de las directivas sobre calidad de las aguas.

Llevar adelante una nueva poltica del aguas es, por tanto, una prioridad del Gobierno actual, ya recogida literalmente en el propio discurso de investidura del presidente y puesta de manifiesto desde el primer momento.

En efecto, un ejemplo paradigmtico del cambio en la poltica del agua lo ha constituido la modificacin de la Ley del Plan Hidrolgico Nacional para sustituir una transferencias de agua inviable econmicamente y ambientalmente por un centenar de medidas (desalacin, reutilizacin, refuerzo de abastecimientos, modernizacin de regados, restauracin ambiental) que son buena muestra de cuanto venimos reclamando como necesario para conseguir un uso ms eficiente y racional de los recursos hdricos. Estas medidas son uno de los pilares fundamentales del Programa AGUA, as denominado precisamente por subrayar que se trata de Actuaciones para la Gestin y Utilizacin del Agua y que afecta a toda Espaa.

Deslegitimar esta iniciativa, como pretenden algunos, alegando que buena parte de esas medidas ya se incluan en el Plan Hidrolgico Nacional de 2001, es un vano intento que se desmiente por s solo. Es cierto que algunas medidas estaban incluidas en el Plan, pero slo como mera relacin de actuaciones que carecan de calendario y de financiacin.

Con ser importante, el Programa AGUA no se limita desde luego a las medidas urgentes que se estn llevando a cabo en las cuencas mediterrneas. A lo largo de todos estos meses, en las mismas u otras comunidades autnomas, el Ministerio de Medio Ambiente ha reorientado proyectos importantes (trasvase Jcar-Vinalop en la Comunidad Valenciana, Pacto del Agua de Aragn, embalse de Castrovido en Castilla y Len, presa de Narla en Lugo) que con su planteamiento inicial difcilmente podan resultar sostenibles y ha relanzado proyectos ambientales de gran trascendencia que se encontraban prcticamente paralizados, como los programas para recuperar la calidad del ro Tajo y para acabar con la sobreexplotacin de las aguas subterrneas de Castilla-La Mancha.

Tan importantes como estas decisiones y otras anlogas adaptadas en toda Espaa son las medidas que desde el primer momento han notado las confederaciones hidrogrficas para controlar realmente el uso que se hace del agua, los derechos legales de los concesionarios y las condiciones de los vertidos a los ros. Las inspecciones se han hecho ms rigurosas y frecuentes, y as se han podido ya clausurar pozos ilegales y vertidos contaminantes, al mismo tiempo que se actualiza los imprescindibles registros de los derechos y autorizaciones sobre el uso de los bienes de domino pblico.

Para todo ello resulta vital recuperar la funcin pblica de las confederaciones y dotarlas adecuadamente de profesionales cualificados y medios materiales, tarea a la que el Ministerio est dedicando especial atencin.

Todo lo anterior, sin embargo, no es suficiente. Est pendiente desde la Ley de Aguas de 1985 un autntico proceso de articulacin entre la administracin hidrulica de las cuencas hidrogrficas y el ejercicio de las competencias autonmicas sobre a ordenacin del territorio y la actividad econmica y sobre el medio ambiente. Mientras no se consiga la armonizacin (en el mbito de la gestin del agua) de las competencias estatales y autonmicas no podr hablarse de una gestin eficiente y concertada. Con este fin, el Gobierno est trabajando en dos direcciones: preparando la Conferencia Sectorial del Agua con todas las comunidades autnomas y elaborando una reforma legal de la administracin hidrulica que mejore sustancialmente la incorporacin a la misma de las administraciones autonmicas.

 

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Enlaces de interés
www.mma.es

Fuentes:
El Mundo, 22 de marzo de 2005

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