Un centenar de científicos europeos vinculados al agua suscribieron el 18 de febrero de 2005, en la sede central del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid (CSIC), la Declaración Europea por una Nueva Cultura del Agua, que apuesta por una nueva política de la misma en el mundo, por procesos de modernización de redes y por un modelo de gestión en el que el protagonismo es para la conservación de los ecosistemas, el ahorro y la mejora en la eficiencia.
La Declaración es un documento elaborado por expertos procedentes de: Irlanda, Reino Unido, Francia, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Alemania, Italia, España, Portugal, Grecia, Chipre, Austria, Suecia, Finlandia y Hungría. Ha sido creada por distintos comités científicos que se han ido reuniendo en seminarios a lo largo del 2004 en diferentes ciudades europeas, a través de los cuáles se ha puesto de manifiesto la heterogeneidad de los problemas del agua en Europa.
Según la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA), la Declaración es un documento en el que “se clarifica los compromisos de la UE a nivel mundial, en coherencia con el liderazgo de la UE en materia de desarrollo sostenible”.
El vicepresidente de la FNCA, Javier Martínez Gil, expone que el documento es una apuesta a favor de “una hidrología más humanista, en la que también los ríos sean considerados parte de la historia, del patrimonio y de los sentimientos” y añadió que, “Sin ninguna duda, el documento está en contra de las grandes infraestructuras como el trasvase del Ebro, previsto por el anterior Gobierno”.
Las grandes obras hidráulicas repartidas por el mundo desde comienzos del siglo pasado, han provocado 40 millones de desplazados. En España existen 500 pueblos bajo el agua de los pantanos. Y al igual que hoy no se concibe hacer pasar una autopista por encima de un pueblo, tampoco se deben inundar bajo el agua embalsada, declaró Martínez Gil.
La iniciativa en España está promovida por la Fundación Española Nueva Cultura del Agua, presidida por el profesor Pedro Arrojo, quien señaló que se debe recuperar la ecología de los ríos, la ética del agua, la racionalidad, el servicio público y el derecho del hombre a este recurso. En este sentido, indicó que la nueva concepción de la cultura del agua pretende involucrar a la comunidad científica internacional con el fin de conseguir la sostenibilidad, la igualdad y una gobernabilidad democrática en la legislación del agua para dar respuesta en el siglo XXI a este gran reto. Para ello, afirma que será necesario asumir una visión global y reconocer las múltiples dimensiones de los valores éticos, medioambientales, sociales, económicos, políticos y emocionales integrados en los ecosistemas acuáticos.
Por otra parte, la Ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, afirmó que se necesita una mejor gestión del agua y recordó su apuesta por la desalación y la reutilización de las aguas residuales depuradas y asumió los principios de la Declaración, no obstante, pidió tiempo para aplicarlos ya que su Departamento tiene que administrar la ejecución de grandes obras hidráulicas que estaban previstas desde hace años. Asimismo, recordó que también ha optado por revisar algunas de esas grandes infraestructuras.
La esencia de la Declaración proclama que "… tomando como base el principio universal del respeto a la vida, los ríos, los lagos, las fuentes, los humedales y los acuíferos deben ser considerados como patrimonio de la biosfera y deben ser gobernados por las comunidades y las instituciones públicas para garantizar su gestión democrática sostenible …”.
Conceptos relacionados
[Política del agua]
[Gestión del agua]
Enlaces de interés
www.unizar.es/fnca
Fuentes:
ABC, 19 de febrero de 2005
El Mundo 18 de febrero de 2005
Fundación Vida Sostenible, febrero de 2005
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