A consecuencia de la sequía en el año 2005, España necesitó importar unos 14 millones de toneladas de cereales y pienso, tanto para la alimentación humana como para la de los animales. A esta cifra se sumaron los siete millones de toneladas que se importan cada año en granos y tortas de semillas oleaginosas, especialmente de soja.
Según los datos manejados por la Administración, el consumo aparente medio de cereales en España, en 2005, se situó en unos 30 millones de toneladas. De esta cifra, unos 18,3 millones de toneladas corresponden a la alimentación animal, a las que se suman otros 3,5 millones de cereales utilizados en la propia explotación. Para el consumo humano, la demanda se cifró en 4,3 millones de toneladas, a las que se sumaron otros 2,3 millones para usos industriales, sobre todo para la producción de cerveza.
En condiciones normales, la importación de cereales se eleva a unos ocho millones de toneladas, procedentes tanto de los países comunitarios, que aumentan cada año su peso en el mercado español, como de terceros países.
Ante la existencia de una campaña bajo mínimos de sólo unos 15 millones de toneladas entre cereales de invierno y de verano, el sector ganadero ha reclamado la importación de otros seis millones de cereales en condiciones ventajosas para asegurar el abastecimiento adecuado de las cabañas y evitar ajustes en las mismas.
A la vista de esta situación, España planteó sus demandas en Bruselas para abrir durante toda la campaña la posibilidad de comprar cereales en otros países comunitarios en unas condiciones de precios que rebajen la tensión de los mercados.
La primera decisión comunitaria, de junio de 2005, fue dar luz verde a la licitación de 500.000 toneladas de los organismos de intervención de varios cereales, donde destacan 100.000 toneladas de maíz y 200.000 toneladas de trigo blando de Hungría, otras 100.000 toneladas de maíz eslovaco y 100.000 toneladas de cebada alemana.
En 2008, el panorama de desabastecimiento de cereales y piensos para animales no es muy distinto que en 2005. Como muestra, los piensos para el sector porcino han subido alrededor del 40%, a la vez que ha caído el precio hasta los 0,91 euros el kilo frente a unos costes de producción establecidos en 1,27 euros kilo.
Según datos de los ganaderos hasta septiembre de 2007, el comportamiento de los mercados suponía unas pérdidas por animal de engordado de 15 euros. Las pérdidas ahora se elevan a 35 euros.
Como consecuencia de esta situación, los ganaderos denuncian estar al borde de los cierres masivos. El sector considera fundamentales dos actuaciones. La primera, disponer de un capital circulante para hacer frente a los costes de producción. La segunda, lograr un incremento en la oferta de cereales para rebajar los precios. Para ello se estima prioritario dar luz verde a las importaciones de maíz transgénico desde Argentina o Estados Unidos y evitar que Brasil siga marcando los precios como casi único exportador. Igualmente, a escala comunitaria, se reclama la reutilización de las harinas de carne y la aplicación de una tasa de exportación de cereales.
La segunda actuación, algo peligrosa, tratándose de importación de transgénicos y la producción de harinas de carne que son causa del mal de las vacas locas.
Conceptos relacionados
[Sequía]
[Agricultura]
Fuentes:
El País, 11 de julio de 2005
El País, 28 de enero de 2008
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