El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dentro del programa marco de investigación y desarrollo de la Comisión Europea, está desarrollando un microchip que es capaz de detectar muchos elementos tóxicos antes de que lleguen a nuestro estómago.
El proyecto Good Food ("Food Safety and Quality Monitoring with Microsystems"), coordinado por Carlos Cané del Centro Nacional de Microelectrónica está presupuestado en 17,5 millones de euros y engloba a 10 países europeos. Consiste en desarrollar un chip que será un biosensor que funciona como un laboratorio portátil y detecta al instante, mediante un sistema de sensores químicos, físicos y biológicos, qué pesticidas, qué hongos o qué antibióticos hay en un producto alimenticio en la misma granja donde se recoge. ¿Podría ser esta tecnología el espaldarazo que necesita la agricultura ecológica para hacerse popular?
La idea es garantizar la calidad de lo que comemos y además gracias a este chip se podrán hacer los análisis con un 100% de fiabilidad en apenas dos minutos. La recolección de un alimento, su transporte, conservación o empaquetado, además de otros procesos, van a ser sistemáticamente controlados a partir de chips de los que dispondrán las empresas que cuidan de todos esos procesos y que son las primeras interesadas en garantizar la seguridad y calidad de los productos a la venta. En principio, es posible que la agricultura biológica no requiera de este tipo de controles porque su producción es menor y no pasa por tantos trámites. No tiene sentido certificar la ausencia de restos de pesticidas en los alimentos cuando ya certificas previamente que no los utilizas.
Desde que se inició el proyecto los investigadores han ido delimitando cuáles son los residuos más importantes que deben detectarse y eliminarse de los alimentos en seis grupos de productos utilizados como modelo: leche y sus derivados, vinos, pescados, frutas y zumos.
En las empresas lácteas se controlará la existencia de antibióticos como bectalactanos, cloranfenicol, tetraciclinas, sufonamidas, macrolidos y aminglicosidos, que son los que habitualmente se usan en las enfermedades del ganado y que terminan siendo perjudiciales para la salud humana.
En el caso de los vinos, el chip deberá analizar si se trata de caldos con pesticidas (como el triclorofenol, la simazina, la atrazina o el clorolinato), además del moho Aspergillus, que a veces se detecta en las uvas. De hecho, una viña será el campo de experimentación en el que se pruebe el sistema, para lo cual se colocarán varios sensores por las cepas, cuyos datos de luz, humedad, temperatura y sustancias tóxicas serán recogidos y analizados de forma electrónica. Ello permitirá averiguar qué parte del proceso es más crítica, desde la producción hasta el embotellado.
En cuanto a las frutas, además de los pesticidas, el microchip detectará etileno, que indica el estado de madurez, y amoniaco, que advierte de posibles fugas en las cámaras frigoríficas. También en el pescado el etileno permitirá conocer con precisión su frescura.
En este proyecto europeo participan una buena cantidad de empresas europeas entre las que podemos encontrar algunas españolas como por ejemplo Azti-Tecnalia . Esta empresa ha presentado un nuevo prototipo de biosensor capaz de detectar en tiempos muy cortos, comparados con las técnicas tradicionales de análisis pesticidas en alimentos como el vino, etc., y patógenos (como la salmonela en comida o listerina en pescado). Sin duda seguiremos atentos a la evolución de estos dispositivos (biosensores).
Conceptos relacionados
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[Salud]
Fuentes:
El Mundo, 27 de diciembre de 2004
QuimiNet, 21 de enero de 2005
Telefónica nanotecnología, 9 de enero de 2007
Eroski Consumer, 17 de julio de 2009
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