Un tópico con un indudable arraigo popular es la identificación del ahorro de energía con la penuria o la escasez. Si empleamos una bombilla incandescente ordinaria consumiremos cuatro veces más energía que si empleamos una lámpara fluorescente. En todos los casos el servicio es el mismo pero el consumo de energía no.
El interés de una sociedad racional debería ser consumir el mínimo de energía posible para conseguir la satisfacción del máximo de los servicios. Estos servicios son los que proporcionan, dentro de ciertos márgenes, el bienestar material, mientras que la producción de energía supone un importante coste económico y fuertes impactos ambientales.
Ahorrar energía es, por lo general, mucho más barato que producirla, por lo que a las ventajas ambientales del ahorro hay que sumar las ventajas económicas. La pregunta que se suscita entonces es porqué no se ahorra energía en lugar de incrementar su producción. Las causas de esta aparente paradoja son varias. Una de ellas es que las empresas energéticas sólo obtienen beneficios vendiendo energía, y obviamente no tienen ningún interés en vender menos.
Por su parte, para la administración pública todavía sigue en vigor la máxima de que a mayor consumo mayor crecimiento económico. Con este criterio no es de extrañar que desde 1995 el Gobierno no haya dudado en bajar el precio de la electricidad algunos años (en el resto lo ha subido muy por debajo del IPC) con el fin de incrementar la competitividad de las empresas, a la vez que controlar la inflación.
Por otro lado, los precios pagados por la energía no incorporan las externalidades, especialmente los impactos ambientales que provoca la generación de energía, y son por tanto demasiado bajos, con lo que no estimulan al ahorro. Además, muchos consumidores ignoran las posibilidades que existen de ahorro de energía y toman muy frecuentemente decisiones inadecuadas.
Es decir, el precio que la sociedad está pagando (incluyendo, el precio ambiental) para satisfacer el nivel actual de servicios energéticos es muy superior al precio óptimo que se obtendría de combinar la oferta de energía y de ahorro de modo razonable.
En los últimos años, el consumo de electricidad en España ha sufrido un crecimiento que puede calificarse de espectacular: desde 1998 hasta 2005 se ha incrementado un 38,5%. Entre las causas más importantes cabe destacar el crecimiento económico que experimenta en los últimos años; el aumento de nivel de vida, lo que se traduce en un mayor acceso a nuevos electrodomésticos; y el reducido precio de la electricidad.
El precio final de la electricidad en España es muy inferior al de otros países de la UE. Resulta significativo, por ejemplo, que en Portugal, un país con menos potencial económico y menor renta per cápita que España, la electricidad sea un 29% más cara para los consumidores industriales y un 38% más cara para los hogares.
Medidas para reducir el consumo
Según la Comisión Nacional de la Energía, en la distribución se pierde alrededor del 10% de la electricidad producida. Por ello, es necesaria la remodelación progresiva de la actual red de transporte y distribución, sustituyendo los conductores de las redes más antiguas por otros con menores pérdidas.
La industria es el sector que más electricidad consume, y este consumo ha aumentado mucho en los últimos años. Así ocurre con los grandes consumidores industriales acogidos a la tarifa G-4 (grandes fábricas de aluminio y zinc y acerías integrales), para los que el precio de la electricidad en 2003 era de tan sólo 0,0231 euros por kWh. Estos precios, por debajo del coste de producción, se compensan a las compañías eléctricas mediante la aplicación de tarifas mayores a usuarios como los domésticos. De manera que todos los ciudadanos estamos subvencionando parcialmente a muchas grandes empresas.
Consumo Industrial
Las propuestas para reducir el consumo eléctrico industrial pasarían por el establecimiento del consumo de electricidad que se considera necesario emplear por cada unidad de producto estándar obtenido (por ejemplo, por kilogramo de aluminio producido) si se emplean técnicas de producción eficientes, dato que podemos denominar “valor de consumo eficiente”.
Los precios deben subir en el plazo de tres años para todas las tarifas hasta alcanzar, al menos, los niveles de Portugal. Al mismo tiempo se debe establecer una política de bloques, con precios más elevados cuanto más nos alejemos del valor de consumo eficiente en función de las unidades producidas. Estas medidas se complementarán con una política de subvenciones y ayudas para la reconversión hacia sistemas más eficientes e implantación de sistemas de cogeneración.
Consumo doméstico
La capacidad de influencia del precio en la reducción del consumo doméstico va a ser bastante inferior a la que tienen en el sector industrial, por lo que son necesarias otras medidas, intentando incidir en los diferentes elementos y equipos existentes en los hogares, responsables del consumo eléctrico:
• Los electrodomésticos son responsables del 60% del consumo eléctrico domiciliario. La propuesta sería retirar en plazo de tres años todos los electrodomésticos que no sean de clase A o B. Resulta importante fomentar el abandono del uso del piloto automático en modo espera, consume sin estar en uso hasta un 15% de la electricidad que emplean en condiciones normales de funcionamiento. Favorecer el uso de bombillas de bajo consumo. Es necesario la retirada de cocinas eléctricas más ineficientes, así como subvencionar sus sustitución por cocinas de gas.
• Retirar del mercado aquellos sistemas de calefacción menos eficientes; a la vez, subvencionar la llagada de gas natural a las viviendas; así como una parte del coste de instalación de la calefacción, cuando sustituya a la calefacción eléctrica.
• Establecimiento del Certificado Energético para las viviendas, que se añadirá a la memoria de calidades de la misma. Establecimiento de ayudas económicas para la adquisición de viviendas energéticamente eficientes.
• Modificación de la normativa para fomentar el uso de la energía solar.
• Precio de la electricidad. El consumo eléctrico medio por hogar en España es de 3.300 kWh/año. Al igual que en el sector industrial, el precio es un factor que puede ayudar a racionalizar el consumo eléctrico. Es necesario un sistema de bloques en los precios, que incentive el ahorro, sin perjudicar a los consumidores más modestos, y penalice el derroche.
• Aplicar medidas relacionadas con la edificación que permitan un mayor aprovechamiento de la luz y de la energía solar.
• Con la adopción de todas medidas propuesta y otras no mencionadas, se podría conseguir una reducción en el consumo eléctrico total de al menos un 35% cantidad superior ala electricidad que producen todas las centrales nucleares (23,9% del total) o las centrales térmicas de carbón (30,2%).
Conceptos relacionados
[Ahorro de energía]
[Demanda energética]
Enlaces de interés
www.ecologistasenaccion.org
Fuentes:
Revista Ecologista, Nº 44, verano de 2005
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