Un mundo más sostenible es posible. Y a un precio razonable. Así lo sostiene el informe Hacia una Economía Verde, presentado en Nairobi por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), un documento que revela que la transición hacia una economía verde sostenible es posible si se invierte anualmente hasta el 2% del PIB mundial en 10 sectores clave, como la agricultura, la construcción, la energía, la pesca, los bosques, la industria, el turismo, el agua y la gestión de residuos.
Si se invirtieran 1,3 billones de dólares al año (equivalente al 2% del PIB mundial), la economía mundial tendría tasas de crecimiento parecidas a las actuales, o incluso mayores, sobre todo a partir de 2020, pero sin agravar los riesgos, las penurias y las crisis cada vez más inherentes a la economía sucia existente, responsable del agotamiento de los recursos y del elevado nivel de emisiones de carbono.
Según el director ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner, la supuesta incompatibilidad entre el progreso económico y la sostenibilidad ambiental es un mito. Además, recordó que cerca del 90% del PIB generado por los países en vías de desarrollo depende de los ciclos de la naturaleza.
Además del coste para conseguir un mundo más verde, el documento denuncia los subsidios y subvenciones que a menudo perpetúan la utilización no duradera de los recursos, como es el caso de los combustibles fósiles, la agricultura, los pesticidas o la pesca. Unas ayudas que acaparan entre un 1% y un 2% del PIB mundial. Su reducción o desaparición progresiva presentaría múltiples ventajas y liberaría recursos para financiar la transición hacia una economía verde.
El documento señala que si esto se consigue, se obtendrían ingresos por habitante mayores a los que darían los modelos económicos actuales y se reduciría la huella ecológica en más de un 50% en 2050.
Plan para recuperar el lago Chad
La ONU anunció que 11 países del área (Burkina Faso, Chad, Djibuti, Eritrea, Etiopía, Mali, Mauritania, Níger, Nigeria, Senegal y Sudan) han acordado plantar un cinturón verde para frenar el desierto y proteger los recursos del menguante lago. Todo ello, es debido a la preocupante evolución del lago Chad en los últimos años, puesto que de una de las mayores láminas de agua dulce de África a pasado a un mínimo de su extensión inicial, gracias a la desertificación del Shael y la extracción de agua para riego.
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Fuentes:
El Mundo, 22 de febrero de 2011
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