La mayoría de las noticias que hacen referencia a la relación entre cambio climático y alimentación se centran en cómo se relaciona el clima con la producción de alimentos, pero son pocos los estudios que han evaluado cómo repercute el cambio climático en la seguridad de los alimentos, entendida como la buena calidad e inocuidad. Uno de los trabajos realizados en este campo pertenece al ámbito de Reino Unido, aunque los resultados y conclusiones son extrapolables a los demás países de Europa.
El trabajo pretende identificar el impacto que el cambio climático puede tener sobre la seguridad alimentaria e informar sobre ello y evaluar las posibles maneras de adaptación a estas nuevas circunstancias con el fin de minimizar los riesgos.
El cambio climático puede provocar incrementos en la contaminación, tanto química como microbiológica de los alimentos, debido a las variaciones en los patrones de producción agrícola, la intensificación de la agricultura y las alteraciones en las vías de transporte.
Mitigar riesgos alimentarios
A menudo, los alimentos proceden de zonas ajenas a los límites de la Unión Europea, donde el impacto del cambio climático es más relevante. Sin embargo, estos países deber ser capaces de producir alimentos dentro de las normas de seguridad alimentaria europea y éstas deben exigirse por los importadores. Esto pone de relieve la importancia de herramientas como el sistema de Análisis de Peligros y Puntos de Control Crçitico (APPCC) para identificar en etapas tempranas riesgos dentro de la cadena alimentaria, que pueden ocurrir por el cambio climático. Estas zonas podrían localizarse por el desarrollo de un claro proceso de intensificación agrícola, inundaciones cíclicas o nuevas incorporaciones a la producción de alimentos.
Resulta imprescindible desarrollar técnicas de evaluación del riesgo para poder identificar áreas de focalización de peligros alimentarios, así como posibles técnicas de mitigación de los mismos. Algunas de las conclusiones del estudio británico se derivan del hecho de que el aumento progresivo de las temperaturas podrían provocar un incremento en el número de microorganismos patógenos y de micotoxinas en toda la cadena alimentaria, desde la producción hasta el consumo. Tanto el procesamiento como el transporte y el almacenamiento de los alimentos pueden incrementar los riesgos, pero hay poco información sobre cómo estos se alteran con el cambio climático. Por otra parte, este aumento de temperaturas puede provocar que microorganismos y enfermedades de origen alimentario propias de otras latitudes más cálidas se desarrollen en nuestro entorno.
Otro punto destacable, es que las épocas de sequía, consecuencia del calentamiento global, provocarán una mayor necesidad de agua de riego que hará que el riego de microorganismos patógenos sea más elevado. Por otro lado, las previsibles inundaciones son uno de los mecanismos para el transporte de agentes patógenos sustancias químicas en suelo agrícola que puede aumentar.
Patógenos y vigilancia epidemiológica
Los patógenos más beneficiados por el cambio climático y que más preocupan son los de dosis infectivas bajas, como protozoos parásitos o bacterias como Shigella, y los de mayor persistencia ambiental, como los virus gastrointestinales. También favorece el crecimiento de patógenos con gran tolerancia térmica y condiciones extremas de pH, mientras otros como Salmonella y E.coli enterohemorrágica, aumentan su competitividad. Además, se prevé una probable alteración del uso de plaguicidas y medicamentos veterinarios. La mayor utilización de medicamentos veterinarios puede aumentar la prevalencia de patógenos resistentes a los antibióticos.
Por último, el estudio pone de relieve la importancia de los equipos de vigilancia epidemiológica, cuya labor será cada vez más importante. Es fundamental desarrollar métodos de detección rápida de patógenos y productos químicos en los alimentos y en los seres humanos y así comunicar con rapidez a los organismos reguladores para que estos realicen las oportunas recomendaciones y acciones. Algunos agentes patógenos se transfieren de los animales a los seres humanos, por lo que el seguimiento de la salud animal puede permitir detectar las amenazas antes de que la infección humana se produzca.
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Fuentes:
Ecoticias.com, 9 de diciembre de 2010
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