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Movilidad y transporte

Políticas de la movilidad y el transporte

Tendencias en España

Un informe revela que disponemos de un máximo de 1.500 kilómetro al año en coche y por persona para no exceder los límites del planeta (Invierno-2010)
España
Un informe revela que disponemos de un máximo de 1.500 kilómetro al año en coche y por persona para no exceder los límites del planeta (Invierno-2010)

En ocasiones se define al sistema de transporte como el sistema circulatorio del sistema económico; ya que el transporte permite organizar la producción de bienes y servicios y expandir los mercados, aprovechando los tiempos y las circunstancias diferenciales de cada territorio para producir y vender allí donde hace décadas era imposible. La eficacia del sistema de transporte se ha multiplicado y ello ha permitido poner al servicio de territorios con poder de compra a una vasta parte del mundo; el transporte y la energía que lo alimentan, constituyen la base física del proceso de globalización.
Por otro lado, el transporte de personas ha permitido estrechar lazos entre naciones y pueblos; lo que produce un enriquecimiento personal notable, que coadyuva la posibilidad de conocer, compartir y comprobar otros modos de vida y cultivar otras relaciones.

Las sociedades actuales se han acostumbrado a que los servicios de transporte estén plenamente disponibles con extrema libertad y a precios asequibles para casi todos. El sistema productivo y el diseño de nuestras ciudades cuentan con esta ventaja y organizan sus procesos conforme a esta realidad; pese a todo, el sistema de transporte y la movilidad urbana son factores productivos muy frágiles. Ello es debido a que la movilidad depende casi en exclusiva de una energía de origen fósil, y por tanto agotable, y porque la realidad física de nuestro planeta obliga a invertir grandes cantidades de energía si se quieren mantener flujos horizontales constantes, por lo que el sector transporte siempre será un sector de gran consumo energético.

Los límites físicos del transporte

Manuel Calvo Salazar, Sociólogo y consultor especialista en sostenibilidad urbana, ha realizado un estudio de contabilidad física en Sevilla, ya que es interesante comprobar cómo la planificación de la movilidad sostenible carece de herramientas para medir sus propuestas y evaluar los resultados energéticos, algo que permitiría ofrecer horizontes de planificación que tuvieran en cuenta los límites físicos asumibles por el sistema natural.

Ha estimado la cantidad de movilidad que diariamente se produce en Sevilla y sus alrededores, únicamente en vehículo privado; para ello, se parte de los datos disponibles a principios del 2000 y se actualizan a 2007 (último año en que se realizó la encuesta domiciliaria de movilidad). El resultado es que diariamente los coches de Sevilla se mueven un total absoluto de casi 17 millones de kilómetros y la cantidad anual estimada se acerca a los 5.000 millones de kilómetros; esta es la demanda de transporte en coche que se produce en este ámbito urbano.

Por otro lado, recopiló datos sobre biocapacidad disponible en España, lo que constituye una valoración cuantitativa del presupuesto de recursos físicos realmente disponible. Como resultado ha estimado que la movilidad que cada español medio puede permitirse a lo largo de un año, atendiendo a su disponibilidad física de recursos naturales, equivale a unos 1.500 kilómetros anuales como máximo, excluyendo además cualquier otra alternativa de movilidad. Esta cantidad de movilidad disponible en coche se ha calculado como equivalente a las 0,084 hectáreas de la biocapacidad que el español medio puede invertir en servicios de movilidad como parte de su biocapacidad total, que es de unas 2,4 ha.

La estimación absoluta de la movilidad en coche que puede ejercerse en Sevilla rondaría, entonces, los 2.000 millones de kilómetros anuales; teniendo en cuenta que la movilidad real que se produce en este medio de transporte es de unos 5.000 millones, nos estamos moviendo 2,5 veces por encima de lo que sería sostenible, o lo que es lo mismo, para alcanzar un horizonte de sostenibilidad habría que reducir el tráfico actual aproximadamente un tercio como mínimo.

Además de esto, ni trasvasando toda la movilidad mecanizada que se produce en coche en Sevilla al transporte público, se conseguiría que la movilidad fuese sostenible. En todo caso, acomodar los viajes que se producen en coche en la Aglomeración acarrearía un desarrollo de los sistemas de transporte público que sería imposible de alcanzar en el medio plazo.

Conclusión

La limitación del presupuesto físico para la movilidad a los 1.500 kilómetros anuales en vehículo privado, indican que todo plan y acción hacia la movilidad urbana sostenible en nuestras ciudades debería centrarse fundamentalmente en el transporte no motorizado y en la satisfacción de las necesidades en entornos urbanísticos que maximicen la proximidad.

A la luz de los resultados mostrados, la transmutación de los sistemas de movilidad hacia la sostenibilidad no se va a producir únicamente con la dotación de más y mejor infraestructura de transporte público, ni con la adopción de tecnologías novedosas aplicadas a los vehículos. Todo ello tendría que venir protagonizado por un cambio modal hacia el transporte no motorizado en un contexto de cambio notable en la manera en que la población se mueve y percibe, usa y acoge la infraestructura del transporte y el propio espacio urbano que disfruta. Es decir, la movilidad depende de que se produzca un cambio social derivado de una intervención también social.

La movilidad urbana tiene una indiscutible componente social y como consecuencia, su estudio debería tener un lugar destacado en el diseño de políticas de movilidad que tiendan hacia la sostenibilidad; y todo ello, con el complemento de la contabilidad de recursos físicos como herramienta fundamental para analizar el grado de sostenibilidad de las propuestas y su evaluación posterior.

En síntesis, se trata de poner de manifiesto, primero la necesidad de un cambio sustancial de la manera en que se produce el servicio de movilidad y, segundo, el papel fundamental que juegan los aspectos sociales en un sistema de movilidad que depende de hábitos individuales. Hábitos que han sido conformados, recordemos, por los valores que impregnan nuestra sociedad y que están basados en la entelequia del crecimiento continuo del consumo, la producción y el transporte.

Bien es cierto que experiencia como la que está ocurriendo en Sevilla, donde en solo cuatro años se ha multiplicado por diez el número de ciclistas y se ha superado ya la barrera del 6% del reparto modal en bicicleta, nos llaman al optimismo y nos recuerdan que la sociedad podría estar suficientemente madura para protagonizar dinámicas de cambio sustancial, siempre y cuando las administraciones pusieran los medios adecuados.

 

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Fuentes:
Ecologista, invierno 2010

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