El 4 de octubre, una marea de barro rojo, tóxico y corrosivo, provocaba "la catástrofe química más grave de la historia del Hungría". La rotura de una balsa con residuos obtenidos del proceso de obtención de aluminio afectó a un área de 40 kilómetros cuadrados entre tres condados (Veszprém, Györ-Moson-Sopron y Vas) y se cobró, por lo menos, cuatro víctimas mortales, seis desaparecidos y 120 heridos, según datos oficiales. El torrente de lodo arraso coches y destruyó carreteras y puentes y amenazaba tres ríos, entre ellos el Danubio.
La fuga se originó en una fábrica de Ajka, una población de unos 30.000 habitantes a 165 kilómetros al oeste de Budapest, cerca del lago Balatón.
En la relación de damnificados hay que distinguir dos causas. Las víctimas mortales parece que lo han sido por ahogamiento. Las otras pudieron resultar afectadas por el contacto con el contenido del depósito.
La obtención del aluminio se realiza usando sosa cáustica (NaOH) para obtener un compuesto soluble que se pueda separar del resto de los componentes. Esta solución tiene un pH (el índice del grado de acidez o causticidad de una disolución) de 14, es decir, que está en el máximo posible en la naturaleza. Para comparar con un producto básico, es unas 100 veces más corrosivo que la lejía, cuyo pH ronda los 12. Como la vida se desarrolla en condiciones naturales (con excepciones como en las cercanías de volcanes submarinos) a un pH que ronda el 7, un grado de 12 puede arrasar todo lo que encuentre.
La solución en estos casos es neutralizar la fuga echando compuestos que reaccionen con la sosa y reduzcan el pH hasta límites tolerables. Por eso las autoridades húngaras han empezado a esparcir yeso (sulfato cálcico) desde helicópteros en varios afluentes del Danubio sobre la zona afectada, de unos 40 kilómetros cuadrados.
Este material es un apelmazante, lo que permite solidificar el lodo frenando su avance. Esa será la segunda fase de la operación, la limpieza de las zonas afectadas. El lodo ya reseco impediría que las plantas resurgieran, por lo que habrá que levantar varios centímetros de la capa superficial de tierra en toda la zona afectada.
La portavoz de la Oficina de Catástrofes, Gyorgyi Tuttos, explicó que el ph del agua contaminada ha bajado desde el valor 13 , incompatible con la vida, hasta 9, más cercano al punto de inocuidad.
El Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo indica que la sosa es corrosiva tanto por inhalación como por contacto con ojos y piel o por ingestión. Puede producir sensación de quemazón, tos, dificultad respiratoria, enrojecimiento, graves quemaduras cutáneas, dolor en la piel y abdominal, diarrea, vómitos y colapso. El caso más frecuente, el contacto con la piel, tiene la característica de que produce graves quemaduras que en un momento pueden parecer controladas para empeorar después. Por eso las autoridades húngaras temen que algunos de los afectados fallezcan y elevan la previsión de víctimas mortales.
Y si estos son los efectos ya estudiados en seres humanos, con las plantas o los animales ocurre algo similar. Además, este tipo de vertidos tiene el inconveniente de que son muy fluidos, por lo que el líquido empapa los suelos, afecta a las raíces y es más difícil de combatir y de retirar con medios mecánicos.
En Giör, a 70 kilómetros del paso a nivel que divide el mundo rojo del verde, los lodos ya han entrado en el Danubio. aunque la concentración de metales pesados en las aguas es muy reducida y el riesgo de contaminación más bajo.
Después del río Marcal , ya contaminado, la contaminación ha llegado al Danubio en la mitad del camino entre Viena y Budapest. El río llega a Croacia a unos 155 kilómetros al sur de la capital húngara, luego va a través de Serbia, Bulgaria, Moldavia, Ucrania y Rumania antes de llegar al Mar Negro.
Al cierre de esta edición, se habían observado "pérdidas esporádicas de peces" en la confluencia del Danubio con uno de sus afluentes, el río Raba, según dijo el jefe de emergencias local, Tibor Dobson, a la agencia húngara MTI. A su paso hacia el segundo río más largo de Europa, el vertido mató toda la vida que encontró en uno de sus afluentes, el Marcal. "Todo el ecosistema de este río se ha visto destruido", confirmó Dobson. "Todos los peces están muertos y tampoco hemos podido salvar la vegetación". Un representante de la ONG ecologista WWF dijo a Efe que en su cauce superior "ha muerto toda forma de vida".
El primer ministro húngaro, Viktor Orban, visitó la zona, y aseguró que el Gobierno investigará "quién es el responsable de esta catástrofe causada por el hombre". Orban dijo que no tenía "sentido" reconstruir las casas destruidas, ya que sus habitantes no quieren volver por si la catástrofe vuelve a suceder. El Gobierno ayudará a aquellos que quieran empezar una vida nueva en algún otro lugar, aseguró. Pasarán 50 años antes de que la gente pueda volver a vivir allí.
En los años treinta del siglo pasado, se descubrieron en esta región enormes reservas de bauxita, de la que se extrae el aluminio rociándola con sosa cáustica a presión. Ocho décadas después, ese sigue siendo el negocio de MAL Zrt, la última gran empresa del periodo comunista que sigue en activo en el país, ahora con una nueva personalidad privada.
La región húngara afectada por el vertido de lodo tóxico tardará en recuperarse entre uno y varios años. Antes, habrá que retirar palmo a palmo la tierra superficial de un área de 40 km2 y, para hacerlo, el Gobierno estudia pedir ayuda a Bruselas. Además, se teme que, al desecarse la zona, el polvo cáustico envenene también el aire.
Conceptos relacionados
[Agua contaminada]
[Contaminación de aguas/costas]
[Suelos contaminados]
[Tóxicos]
Fuentes:
El País, 6 de octubre de 2010
Público,7 y 8 de octubre de 2010
ABC, 8 de octubre de 2010
El Mundo, 8 de octubre de 2010
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