La caída de las reservas de petróleo y el aumento del efecto invernadero están propiciando el desarrollo de nuevos combustibles más eficientes y respetuosos con el medio ambiente.
El término biocombustible hace referencia a un carburante de materia orgánica biodegradable. Se han creado biocombustibles a partir de ciertos cultivos como la soja, el maíz y la caña de azúcar y también los llamados de segunda generación a partir de materiales de desecho de la agricultura y los propios residuos sólidos urbanos. Entre las múltiples opciones, los biocarburantes a partir de las algas parecen ser, los ganadores por ahora.
El potencial de la basura
Un equipo de investigadores de la Universidad de Zúrich (Suiza) propone los residuos sólidos urbanos como materia prima. Según su trabajo, publicado en Global Change Biology, la basura de 173 países puede llegar a producir casi 83.000 millones de litros de bioetanol al año, lo que cubriría el 5,36% de la demanda mundial de gasolina.
Los autores aseguran que esta sustitución supondría un descenso de entre el 29,2% y el 86,1% de sus emisiones.
En la actualidad, los deshechos orgánicos de los hogares son enviados a los vertederos, bien para tratarlos y, en su caso incinerarlos, o bien para utilizarlos como compost que se destina a biomasa en la producción de energía o abono.
Una nueva alternativa es que estas basuras domésticas sean tratadas en una planta específica para producir bioetanol. Según datos del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat), hacen falta entre 10 y 12 kilogramos de basura doméstica para obtener un litro de bioetanol.
Esta opción no sólo aporta una fuente limpia de carburantes, sino que supone una solución al problema de los vertederos, que crecen según aumenta y se desarrolla la población, lo que también va de la mano con el creciente consumo de fueles fósiles.
Algas
En un encuentro de la Sociedad General de Microbiología, el bioquímico de la Universidad de Nevada (EEUU), John Cushman propuso las algas como una de las mejores alternativas para desarrollar biocombustibles, según sus propias palabras “parecen ser la única fuente con potencial para desplazar a los carburantes fósiles”.
Las ventajas de esta posible fuente de energía empiezan con su eficiencia. Según el investigador del Instituto de Catálisis y Petroleoquímica del CSIC José Luis Fierro, la productividad de las algas oscila entre 10.000 y 20.000 m3/km2. La productividad más elevada de los cultivos tradicionales es la de la palma, que solo alcanza los 600 m3/km2.
Cushman también destaca la capacidad de las algas de crecer en cualquier tipo de agua, tanto salada como residual, por lo que su cultivo no requiere el consumo de agua dulce. Además, la producción de algas supone un beneficio para el medio ambiente, ya que su metabolismo incluye el consumo de CO2. Si estas cosechas se asocian a plantas energéticas de carbón o gas, pueden almacenar hasta el 80% de sus emisiones de gases de efectos invernadero.
Otro de los factores relacionados con el crecimiento de las algas es la luz, por lo que espacios poco valorados como los desiertos podrían emplearse en la producción de esta fuente de combustible. Además, las algas están asociadas a cultivos que no dependen de las estaciones, lo que las convierte en un suministro fiable y continuo de fuel.
Restos de una taza de café
Entre las múltiples alternativas para generar biofuel, un equipo de investigadores de la Universidad de Nevada (EEUU) propone como fuente los residuos del café. Los posos del café contienen entre un 11 y un 20% de aceite. La producción mundial de café supera los 7.000 millones de kilos cada año. Por lo tanto, sus residuos podrían llegar a producir anualmente casi 1.300 millones de litros de biodiesel, aunque esta cifra solo servirá para cubrir el 0,1% de la demanda mundial de gasolina.
Conceptos relacionados
[Biocombustible]
[Energía renovable]
[Transportes]
Fuentes:
Público, Suplemento Energías con futuro, 27 de septiembre de 2010
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