El boom inmobiliario ha alimentado durante años la ilusión de que el mercado era referente suficiente para fundamentar el urbanismo, en la hipótesis de que aquello que se podía vender era ya de por sí útil y socialmente necesario. Los planes generales desvinculados de las necesidades reales de los residentes han tendido a reducirse a poco más que ensanches de poblaciones y las normas urbanísticas amputadas de la vocación reformadora con la que nació el urbanismo (sol y aire limpio para todos) se han convertido en rituales muchas veces incomprensibles para el ciudadano común.
La cruda realidad de la crisis a venido a desvanecer este espejismo, con las dramáticas consecuencias de todos conocidas, pero supone también, la oportunidad de corregir la miopía de décadas anteriores y de reformular el negocio inmobiliario desde bases más sólidas y duraderas: la atención a las necesidades reales de habitación y calidad de vida de los residentes.
Desde esta perspectiva, es necesario afrontar los desafíos derivados de globalización, cambio climático y transformación social, desde un nuevo urbanismo, basado en la transformación y reciclaje de la ciudad existente. Esto se traduce en reorientar el carácter del Plan urbanístico para convertirlo en un instrumento de verdad flexible y abierto a la innovación, capaz de abordar el orden estructural de la ciudad, integrando coherentemente las estrategias ambientales, de vivienda, transporte, infraestructuras...Sin perder por ello de vista la atención a las necesidades sociales reales: salud, primer acceso a la vivienda, deterioro de los barrios..., y la sensibilidad hacia lo local (la historia y la geografía irrepetible de cada lugar).
Para conseguir este objetivo es necesario refundar la validez y legitimidad social del Plan urbanístico desde nuevos criterios.
Primero, como expresión del valor, el capital social, económico, espacial y simbólico de la ciudad existente, abandonando la ilusión del urbanismo de crecimiento y expansión indiscriminada.
Segundo, como vehículo de la responsabilidad intergeneracional sintetizada en el concepto de desarrollo sostenible. Centrándose en la adopción de políticas que reflejen los costes reales del consumo del territorio y su impacto sobre los recursos no renovables.
Tercero, como marco de armonización o concentración de los intereses plurales presentes en la ciudad.
Y cuarto, como instrumento útil para la gestión de los procesos reales de la ciudad y no mera liturgia burocrática.
En síntesis, el nuevo urbanismo debe asumir, como punto de partida de las demandas plurales de los ciudadanos, abandonar la pretensión de suplantar la compleja realidad social y geográfica de la ciudad por su mera reglamentación y adoptar como principios alternativos a la opacidad burocrática: la transparencia, la flexibilidad y la participación ciudadana directa.
El modelo de urbanismo en España cambia hacia la regeneración de barrios y ciudades
Según el discurso unánime expresado en las conferencias internacionales organizadas en Madrid por el Ministerio de Vivienda, en mayo de 2010, después de construir 700.000 viviendas al año, cuando la creación de hogares no llega a los 300.000, y provocar una profunda crisis de promotores y entidades financieras y un doloroso encaje de precios, ahora toca edificar o regenerar y rehabilitar barrios y viviendas antiguas bajo criterios de sostenibilidad económica, energética y social.
Las administraciones locales y el liderazgo de sus alcaldes son los que deben poner en marcha los procesos hacia la regeneración urbana integral, con el apoyo y la cooperación indispensable del sector privado. Sin este liderazgo es imposible salvar la resistencia a la innovación de los promotores inmobiliarios y las burocracias administrativas.
Ejemplos de liderazgo de urbanismo los hay fuera y dentro de España. De Estocolmo a Linz. Copenhague o Vitoria, donde se ha logrado preservar las líneas básicas del proyecto de ciudad en el tiempo, con una fuerte implicación pública en el planeamiento sostenible, a través de Ensanche 21, la delimitación en detalle de las directrices y la capacidad de revisar y aprender de los errores.
El proceso hacia la sostenibilidad con un menos consumo energético y de espacio y la disminución de los residuos está en las antípodas del modelo económico dominante en el pasado.
Con la mitad del parque de viviendas (25 millones) de más de 30 años, la cuarta parte con más de 50 y un elevado stock de difícil salida a corto plazo por su ubicación, la política de vivienda en España y la recuperación de empleo están abocadas a la rehabilitación.
Y como dice el dicho, “a falta de edificación de casas nuevas, buenas son las reformas”. Aunque esto no es el remedio contra la crisis, puede suponer una cura para el maltrecho sector de la construcción. Los visados para la reforma o restauración de viviendas alcanzaron las 25.593 unidades entre enero y septiembre de 2010, lo que representa un aumento del 8,8% respecto al mismo periodo del año anterior, según los datos del Ministerio de Fomento.
El impulso de la rehabilitación de viviendas es una de las líneas estratégicas del Ejecutivo para hacer frente al ajuste del sector inmobiliario y para crear empleo. Sus últimas iniciativas en este campo son una nueva deducción fiscal en el IRPF del 10% por obras de rehabilitación en la vivienda habitual o permitir a los particulares acceder a créditos de ICO para reformas.
Por otra parte, el Gobierno ha introducido ventajas fiscales (descuentos en IVA e IRPF) y ayudas directas a los hogares. Y ha recomendado al Ministerio de Vivienda la creación de una plataforma social que agrupe a organizaciones profesionales y ciudadanas, sindicatos, constructores y fabricantes de materiales con el fin de poner en marcha una red de oficinas técnicas de asistencia a los vecinos para contribuir a definir las obras a realizar y vigilarlas.
Conceptos relacionados
[Construcción]
[Desarrollo sostenible]
[Gestión del territorio]
Fuentes:
El País, 30 de abril de 2010
El Mundo, 10 de diciembre de 2010
El Mundo, Su Vivienda, 11 de febrero de 2011
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