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Agua

Planificacin hidrolgica en Espaa

La economa del agua

Opinin: Agua va... Por Moncho Alpuente (Mayo-2010)
Espaa
Opinin: Agua va... Por Moncho Alpuente (Mayo-2010)

La fama de Madrid se ciment histricamente en la pureza de sus aires y de sus aguas abundantes. El aire de Madrid era tan sutil que mataba a un hombre pero no apagaba un candil, tan sutil que ilustres galenos locales defendan en pleno siglo XVIII la necesidad, hecha virtud, de contaminar sus calles con un manto de podredumbre y suciedad para hacerlo ms respirable y menos letal. El argumento se utilizaba para defenderse de las acusaciones de los viajeros de algunos pases europeos que criticaban por escrito y pblicamente la impactante falta de higiene de la Villa y Corte, la costumbre de los madrileos de arrojar a la va pblica sus desechos y sus inmundicias al grito de "Agua va" para advertir a los transentes de lo que se les vena encima. Con el paso de los siglos los partidarios de tan peregrina teora se pasaron con la dosis y mejoraron su aplicacin con la aportacin suplementaria de humos y gases mefticos en dosis masivas.

A los madrileos nos queda, por ahora, el agua del Canal de Isabel II, una propiedad que, por nuestro bien, la Comunidad de Madrid se propone privatizar, para dar a todos sus residentes, que somos sus actuales propietarios, la dudosa oportunidad de participar en una sociedad annima. A la Comunidad le falta liquidez y qu mejor caudal que el del Canal que lleva el nombre de aquella reina de zarzuela, pendn verbenero bajo cuyo reinado se inici la construccin de tan prodigiosa infraestructura. El agua se va, a los gatos se nos llevan el agua. Los primeros caudales se los embolsarn 4 consultoras 4, entre ellas el BBVA y la banca Rothschild, por avalar y proporcionar coartadas verosmiles al proceso de privatizacin. Un total de 1.144.235 euros de nuestros bolsillos para mitigar la insaciable sed recaudatoria de la Comunidad y seguir dando alas a los afanes privatizadores de Esperanza Aguirre.

Hay quien prev un posible trasvase del Canal de Isabel II al de Panam, posible paraso fiscal donde las reservas estaran a buen recaudo. La sociedad del Canal gener, en 2008, unos beneficios de 90 millones de euros, una minucia, unas gotas de lluvia en las desrticas planicies recaudatorias. A primera vista no hay necesidad alguna de privatizar un negocio pblico tan rentable que incluso da para gastrselo en teatros y espectculos, por supuesto de pago. Si consideramos en una segunda ojeada que, con la galopante crisis, los activos de las empresas son infravalorados en las ventas, en estos momentos la iniciativa privatizadora, reactivada por el Gobierno regional, resulta an ms inoportuna. Slo leyendo la letra pequea del proyecto se avista la presunta justificacin del plan: la Comunidad deber hacer frente en los prximos 10 aos a inversiones por valor de 4.000 millones y se niega a endeudarse ms, al enemigo ni agua y el enemigo de fondo del Gobierno autnomo es el sector pblico, que lastra sus presupuestos y dificulta la libre expresin de la iniciativa privada.

Las primeras consecuencias de la privatizacin sern el deterioro de la calidad del agua, la subida del precio y, por supuesto, la desaparicin de las campaas de concien-ciacin ciudadana para reducir el consumo. Ninguna empresa privada tirara piedras contra su propio tejado animando a sus clientes a consumir menos su producto.

Las nuevas campaas tratarn de convencernos para que estemos siempre bien limpios e hidratados, que sustituyamos la ducha por el bao y no nos olvidemos de regar las plantas. Que la economa est por encima de la ecologa es algo que ya no tienen que explicarnos, aunque siguen sin explicarnos el porqu de tan atrabiliaria preeminencia. Al deterioro en la calidad y a la subida de precios se unirn probablemente la reduccin de puestos de trabajo y las deficiencias en el servicio. Por mucho que los discpulos de Rothschild le bailen el agua con su consultora a la presidenta, los ciudadanos de Madrid no acabamos de tragarnos el trasvase de lo pblico a lo privado.

Hubo un tiempo en el que los castizos madrileos pedan en los bares una caa de Lozoya, generalmente para el nio o la nia; luego, cuando se mezclaron las aguas, solicitaban un Isabel II, que sonaba a nombre de brandy, o un fino caera, sin especificar su denominacin de origen. No s si en el futuro quedarn castizos dispuestos a hacer bromas con el agua, que algo tendr cuando la bendicen con la panacea de la privatizacin. Lo que est claro es que los camareros empezarn a cobrar por el servicio. Ha sido un ao prdigo de lluvias y de nieve y los embalses estn que se salen, un grave contratiempo para los partidarios del trasvase del Canal, a los que les hubiera venido de perlas una sequa pertinaz para saciar su sed de lucro.

 

Conceptos relacionados
[Ahorro de agua]  [Abastecimiento de agua]  [Consumo de agua]  [Gestin del agua

Fuentes:
El Pas, 5 de mayo de 2010

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