Por: Antonio Brufau, Presidente de Repsol, España
El artículo, escrito por Antonio Brufau, publicado por el periódico ABC y titulado como “Hacia un modelo energético sostenible” nos habla del panorama energético en España y qué estrategias deben adoptarse para asegurar a largo plazo su competitividad. Aquí se sintentizan las ideas más relevantes
“La energía es el elemento trasversal más importante para definir el modelo de desarrollo económico de un país o región, y su gestión y administración resultan claves para su competitividad. Paralelamente, la protección del clima requiere que nuestras economías se hagan más sostenibles y reduzcan su intensidad en carbono.
Los puntos anteriores nos llevan al siguiente corolario: si España y Europa no quieren perder peso como agentes económicos en el escenario global, necesitan asegurar a largo plazo energía sostenible, competitiva y con garantía de suministro.
Nuestro consumo energético creció más del 40% entre 1994 y 2006, y según estimaciones de la Unión Europea, el consumo de energía primaria crecerá en España un 20% adicional hasta 2030, y la contribución de las renovables aumentará espectacularmente, casi triplicándose, hasta llegar al 15%. En este mismo periodo, el peso de los hidrocarburos pasará del 69 al 63%.
A pesar de que España prácticamente no posee hidrocarburos, los combustibles fósiles son, y seguirán siendo durante un largo tiempo, la espina dorsal de nuestro consumo energético.
Ello no significa minusvalorar a las renovables, a la nuclear o al carbón sino constatar que tenemos que hacer esta realidad todo lo sostenible que el clima del planeta y el bienestar de las generaciones futuras necesitan. Además de la escasez de recursos energéticos propios (el grado de autoabastecimiento de energía primaria en España se encuentra en el 22%, frente al 50% existente en la Unión Europea. Ello significa que la seguridad de suministro debe constituir una Política de Estado de primer orden, incluyendo como líneas de acción prioritarias: el ahorro y la eficiencia energética, el desarrollo de las energías renovables y otros recursos energéticos propios, la diversificación de fuentes energéticas y de países suministradores, y el incremento de la interconexión energética con los países de nuestro entorno.
El segundo aspecto del triple objetivo es el de la competitividad. En una economía tan abierta como la nuestra, la eficiencia del sistema energético es un aspecto clave de la capacidad de las empresas españolas para competir. Sin duda, el déficit de tarifa en la retribución del sistema eléctrico es uno de los grandes desafíos para la buena salud del sector energético en España.
En lo que se refiere a las energías renovables, busquemos un óptimo equilibrio coste-beneficio, incorporando una dimensión europea al desarrollo del mercado y a la financiación de la curva de aprendizaje, asegurémonos de que tengan una retribución equilibrada y de que la mayor parte de su cadena de valor se quede en España.
También existe una necesidad de garantizar la producción y consumo de energía de una forma sostenible. En esta materia no puede haber dudas ni matices: todos tenemos que luchar contra el gravísimo problema que representa el cambio climático. La posición de la Unión Europea al respecto se expresa en tres compromisos trascendentales que deben alcanzarse en 2020: disminuir un 20% las emisiones de gases de efecto invernadero, alcanzar el 20% de renovables en el consumo final de energía y ahorrar un 20% en el consumo de energía primaria.
Con este objetivo resulta imprescindible mejorar el perfil de sostenibilidad de los mismos, incrementando la eficiencia en su consumo y proporcionando el máximo apoyo al desarrollo de tecnologías como la captura y almacenamiento del carbono (CAC). España, con la colaboración de las empresas energéticas, debe hacer una firme apuesta en este ámbito que nos coloque en una posición de vanguardia similar a la que ocupamos en energías renovables.
Respecto a la sostenibilidad del sector del transporte, resulta necesario seguir incrementando la eficiencia de los vehículos convencionales y fomentar también la introducción de los coches eléctricos, así como dar un mayor impulso a la producción de biocarburantes de segunda generación. En conclusión, el objetivo es conseguir una participación equilibrada de las distintas fuentes energéticas en la cobertura de la demanda primaria y final, beneficiosa desde el punto de vista de la sostenibilidad, viable desde la perspectiva económica, y favorecedora de la competitividad y el empleo.
Para lograr ese objetivo, España ha realizado una apuesta de gran trascendencia en el desarrollo de las energías renovables, que han dado un salto formidable en los últimos años. Aunque nuestro país no tiene un tamaño suficiente para desarrollar un nuevo modelo energético por sí solo, sí puede y debe, en particular durante este semestre de presidencia comunitaria, contribuir decisivamente a un modelo de dimensión europea, compatible con el compromiso de acometer las transformaciones que requiere la sostenibilidad del planeta”.
Conceptos relacionados
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Fuentes:
ABC, 14 de enero de 2010
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