Según la directiva europea, en 2012 no encontraremos bombillas tradicionales de filamentos de 40 y 25 vatios en el mercado. Pero, el uso masivo en los próximos años de estas nuevas bombillas de ahorro lleva un nuevo reto: el reciclaje y la gestión de estos residuos.
El Ministerio de Industria, Turismo y Comercio ha iniciado una campaña activa para que las bombillas de bajo consumo lleguen a los hogares españoles, con el reparto de millones de unidades gratuitas que se pueden recoger en las oficinas de Correos. Ecologistas en Acción se ha dirigido a los titulares de los ministerios de Industria y de Medio Ambiente solicitando que al mismo tiempo que se enfatizan los beneficios ambientales y de ahorro de energía que suponen las bombillas de bajo consumo, se advierta a los usuarios que al finalizar su vida útil deben ser depositadas en lugares de recogida adecuados y en contenedores especiales donde no puedan romperse para su posterior tratamiento y reciclaje,
Las bombillas de bajo consumo están hechas de vidrio, metales y también de mercurio, un material nocivo para la salud y el medio ambiente que la Directiva Europea sobre Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE) obliga a reciclar.
La bombilla es inocua mientras se mantenga intacta. El problema llega cuando se rompe, algo que puede ocurrir si el usuario la desecha, erróneamente, en el contenedor de vidrio o en la basura doméstica. Al romperse, libera vapor de mercurio. Si algo caracteriza al mercurio es que es capaz de viajar muy rápido y a grandes distancias. Puede llegar al Árico. También puede caer al agua y ser ingerido por los peces que luego comemos los humanos", advierten desde Ecologistas en Acción.
Aunque la cantidad de mercurio que contienen es de unos 2 miligramos, mil veces menos que un termómetro, esta sustancia es extremadamente tóxica, ya que afecta el sistema nervioso infantil en desarrollo. Tiene la capacidad de acumularse en organismos (bioacumulación) y de concentrarse en las cadenas tróficas (bioamplificación), especialmente en la cadena alimentaria acuática, y esto hace que algunos peces de consumo habitual, como el atún o el pez espada, contengan cantidades de mercurio que pueden suponer un riesgo para la salud. El metilmercurio traspasa fácilmente la barrera placentaria y la barrera sanguínea del cerebro, por lo que es especialmente peligroso para las mujeres embarazadas y en edad fértil que pueden acumularlo en su organismo y traspasárselo a sus hijos.
Deben ser recogidas de forma selectiva y transportadas por un gestor autorizado para su posterior tratamiento. La directiva obliga a los fabricantes a hacerse responsables de las bombillas cuando han acabado su vida útil.
Los usuarios pueden entregar sin coste alguno las bombillas en los puntos de venta o distribución, siempre que se compre una nueva de tipo equivalente. Pero, esto es en teoría. Hay que trabajar en este sentido todavía.
También se pueden depositar en los puntos limpios municipales. Para informarse, el consumidor puede llamar a su ayuntamiento o a los sistemas integrados de gestión, entidades sin ánimo de lucro que gestionan los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (Ecolum, Ambilamp).
Una vez que los residuos llegan a una planta de tratamiento, se clasifican y se separan. El vidrio puede utilizarse para frasquería no alimentaria, cementeras, asfaltos y cerámicas. El mercurio se usa para electrodos de plantas desalinizadoras. El metal se cede a la siderurgia. El plástico se convierte en numerosas aplicaciones de plástico reciclado, y los polvos fluorescentes se neutralizan para que no sean nocivos.
Conceptos relacionados
[Gestión de residuos]
[Residuos electrónicos]
Enlaces de interés
www.ecolum.es
www.ambilamp.com
Fuentes:
El País, 19 de diciembre de 2008
El Ecologista, Nº 61 – 2009
El Mundo, 22 de julio de 2009
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