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Agua

El uso del agua: hacia la eficiencia

El consumo de agua

Opinin: Otro modelo de gestin (Mayo-2008)
Espaa
Opinin: Otro modelo de gestin (Mayo-2008)

En Espaa, uno de los pases con ms presas por habitante y kilmetro cuadrado, proponer la construccin de nuevos embalses para prevenir prximas sequas es como regalar un monedero a un pobre. Embalses no faltan; lo que falta en pocas de sequa es agua. Cuando llueve, ciertamente, hay donde almacenarla. Por otro lado, promover grandes trasvases, como haca el Plan Hidrolgico Nacional (PHN) del PP, no ofrece fiabilidad para prevenir las sequas, en la medida en que stas suelen ser regionales y afectan al conjunto del rea mediterrnea. De hecho, el propio PHN prevea que el 20% de los aos, en concreto los de sequa, el proyectado trasvase del Ebro no podra trasvasar ni un metro cbico, pues la propia Cuenca del Ebro estara en estrs hdrico.
Una de las razones principales de nuestra vulnerabilidad frente a la sequa reside en el uso maximalista que hacemos de los recursos regulados. Debemos reducir nuestra ambicin en aos de vacas gordas y cambiar la estrategia de gestin de esa enorme capacidad de regulacin disponible para incrementar nuestro margen de maniobra en pocas de vacas flacas.
Desde las estrategias hidrulicas que han estado vigentes a lo largo del siglo XX, las propuestas se centran en ms hormign e intensificacin de la explotacin de ros y acuferos, an a costa de degradarlos ms. La Directiva Marco Europea, sin embargo, promueve enfoques basados en recuperar y conservar el buen estado de los ecosistemas acuticos como eje central de los planes de sequa. En efecto, recuperar el buen estado de acuferos y humedales refuerza la inercia y la llamada resiliencia del ciclo hdrico, frente a la variabilidad climtica. Desde esta perspectiva, la gestin integrada de aguas subterrneas y superficiales pasa a ser uno de los principales ejes a desarrollar, asumiendo los acuferos como las reservas estratgicas ms fiables en caso de sequas agudas.
Las nuevas tecnologas de smosis inversa disponibles (membranas de baja presin, cmaras isobricas) no slo permiten obtener aguas de mayor calidad a menor coste, por regeneracin y reutilizacin de caudales y por desalacin de aguas marinas, sino que ofrecen mayor fiabilidad (an en sequas extremas), flexibilidad y modularidad.
En todo caso, desde las perspectivas de cambio climtico en curso el crecimiento del regado previsto en la planificacin hidrolgica actual es insostenible. El agotamiento de los calderos nos llev en su da a reconvertir el sector de la pesca, y, desde luego, a nadie se le ocurri recrecer la flota, sino reducirla, modernizarla y proteger a los sectores ms vulnerables. De forma anloga, hoy es necesario promover un Plan de Reconversin del Regado que permita reducir la superficie regada y aumentar la garanta de riego y de abastecimiento en sequa. En Espaa hay decenas de miles de hectreas de baja productividad, en muchos casos salinizadas, en las que se cultivan subvenciones ms que producciones rentables. Hacer adecuadas ofertas de compensacin a los regantes permitira retirar muchas de esas hectreas y recuperar importantes caudales. Lo que no tiene sentido es mantener planes de crecimiento de regado, como los del valle del Ebro, donde los gobiernos autnomos de la Cuenca (especialmente Aragn, Navarra y Catalua) vienen promoviendo la transformacin de ms de 300.000 nuevas hectreas de regado.
Respecto a la citacin de Barcelona, la estrategia planificada de cara al futuro es ejemplar. Est basada en la modernizacin de redes, la reutilizacin de caudales, la desalobracin de las aguas subterrneas en los acuferos del Bess y del Llobregat por smosis inversa (que ya opera en el Bess a un coste de 0,25 euros/metros cbicos) y de formas muy especial la desalacin de aguas marinas en las plantas de Llobregat, Torderas y Cunit, que generarn 200 millones de metros cbicos al ao de aguas de alta calidad a un coste de 0,4 euros/metro cbico. De esta estrategia, se descartan tanto el trasvase de Ebro, que chocara con graves problemas de disponibilidad de caudales (como prevea el PHN), costes similares a la desalacin y peor calidad de aguas; como el Rdano, que costara por encima de 1 euro/metro cbico. Barcelona proyecta incluso devolver buena parte de los caudales del trasvase del Ter, en el que ha basado desde hace aos su abastecimiento.
El problema no est por tanto en la planificacin, sino en la gestin de una sequa sin precedentes para la que no llegan a tiempo las citadas desaladoras en construccin. En este contexto, tanto el trasvase desde el Delta, sobre la base del minitrasvase a Tarragona, como otras posibles opciones desde el embalse de Rialp, sobre el Segre, deben basarse en la organizacin de un Centro de Intercambio que garantice la retirada negociada e indemnizada de 4000 hectreas de regado en el Canal de Urgel, de forma que se mantengan e incluso se puedan incrementar los caudales ambientales en el Segre y el Bajo Ebro, al tiempo que se dispone del agua necesaria para que Barcelona, an en el peor de los casos si no llueve en los prximos meses, no sufra restricciones.

 

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