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Cerco a las sustancias tóxicas persistentes (Enero-2010)
España
Cerco a las sustancias tóxicas persistentes  (Enero-2010)

El Consejo de Ministros aprobó el 7 de febrero de 2007 el plan para poner en práctica el Convenio de Estocolmo sobre contaminantes tóxicos persistentes (CTP).

Que los contaminantes persistentes desaparezcan de nuestras vidas es un reto tanto o más fabuloso que controlar el cambio climático, como pretende el Protocolo de Kioto, y nos afecta muy directamente.

Los CTP se conocen asimismo como contaminantes orgánicos persistentes (COP o pops, según sus siglas en inglés). Son enormemente resistentes a la degradación, persisiten en nuestros organismos hasta entre 10 y 30 años, esto significa que una mujer que de joven o niña consumió alimentos contaminantes (con concentraciones de hexaclorobenceno, lindano, DDT, policlorobifenilos (PCB) y dioxinas) es hábil para transmitir estos componentes a sus hijos.

Varios de los 12 contaminantes que se propone eliminar el Convenio de Estocolmo entraron de forma generalizada en la cadena alimentaria hace más de 50 años. Expulsarlos de ella es tarea a la que el Plan Nacional de Aplicación quiere ayudar.

Aunque generalmente no tengan gusto ni olor, aunque sean tan invisibles en algunos medios de comunicación, aunque se encuentren en concentraciones tan bajas en el imaginario colectivo, los contaminantes tóxicos persistentes constituyen un riesgo real para la salud humana y el medio ambiente. Con productos altamente tóxicos están mermando nuestra calidad de vida: contribuyen a causar efectos como infertilidad y malformaciones congénitas, trastornos del aprendizaje, hipotiroidismo y otras enfermedades endocrinas, inmunodepresión, alergias y sus trastornos asociados, síndromes de fatiga crónica y de hipersensibilidad química, alteraciones epigenéticas y cambios en la expresión génica, promoción de cánceres, diabetes o algunas de las enfermedades mal llamadas degenerativas (Parkinson, Alzheimer).

Hay bastantes incógnitas sobre lo que ha ocurrido en el pasado. En los pacientes con cáncer de páncreas, por ejemplo, se observa una correlación muy alta entre las concentraciones sanguíneas de hexaclorobenceno y de beta-hexaclorociclohexano (ambos incluidos en el Convenio de Estocolmo).

Se sospecha que casi todas las personas en el mundo están contaminadas por estos compuestos persistentes y volátiles, pero muy pocos países disponen de datos para valorar su influencia en la salud. En España faltaban, pero desde el 21 de agosto se dispone de una primera imagen del nivel de contaminación interna en la población. Proviene de un informe del Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña sobre los niveles de COP en sangre en una muestra de 919 personas. ¿Y qué muestra? Que todas las personas están contaminadas por al menos tres de los 19 compuestos analizados.

El informe confirma que "los niveles de COP aumentan con los años", destaca Miquel Porta, catedrático de Salud Pública en la Universidad Autónoma de Barcelona y director del informe. Para este investigador, los COP representan "un riesgo real para la salud humana".
Aunque es complejo demostrarlo, "contribuyen a causar una parte importante de las patologías que más afectan a las personas mayores, desde la diabetes a ciertos tipos de cáncer".

Otro dato relevante del informe es que las personas con sobrepeso tienen mayores niveles de estos compuestos que las de peso normal. Esto se explica, según Porta, porque los COP tienen afinidad por la grasa y se almacenan en el tejido adiposo.

Muchos de estos compuestos se usaron masivamente desde mediados del siglo XX hasta su prohibición en la década de los ochenta, pero siguen detectándose en recién nacidos porque se transmiten de madre a hijo.

En 2007 un equipo del Hospital Universitario San Cecilio, en Granada, ha analizado el contenido de 150 placentas de mujeres que han dado a luz y que viven en el sur de España, una zona que contiene la mayor concentración de invernaderos agrícolas de Europa. Los resultados obtenidos indican que cada placenta contiene al menos ocho tipos de pesticidas diferentes.

El más frecuente es un metabolito del DDT, el p,p-DDE, que está presente en el 96% de las placentas analizadas. Se trata de algo sorprendente, al menos en apariencia, ya que hace décadas que el uso del DDT está prohibido en España. Otros pesticidas muy frecuentes son el endosulfan-diol y el lindano, presentes respectivamente en el 77% y el 74% de las muestras.

En 2009, el Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña ha elaborado un informe sobre los niveles de COP en sangre en una muestra de 919 personas, mostrando que todas las personas están contaminadas por al menos 3 de los 19 compuestos analizados (seleccionados por sus usos históricos en la agricultura y la industria). El informe confirma que “los niveles de COP aumentan con los años”, destaca Miguel Porta, catedrático de Salud Pública en la Universidad Autónoma de Barcelona y director del informe.

Otro dato relevante del informe es que las personas con sobrepeso tienen mayores niveles de estos compuestos que las de peso normal, debido según Porta a que los COP tienen afinidad por la grasa y se almacena en el tejido adiposo. Hay también diferencias por clases sociales y niveles de estudios, pero su interpretación aún no está elaborada.

Entre los compuestos estudiados se encuentran el plaguicida DDT y su compuesto de degradación DDE; el pesticida HCB o hexaclorobenceno y cuatro policlorobifenilos, unas sustancias utilizadas como aislantes eléctricos. El DDE y el PCB 180 están en todas las muestras de sangre analizadas, y 8 compuestos se han detectado en el 85%.

Porta añade que evitar la obesidad y el consumo desmedido de grasas son aconsejables, pero individualmente poco podemos hacer aparte de apoyar las políticas de vigilancia y control de estos compuestos.

Nuestra contaminación interna. Concentraciones de CTP en la población española

Además, recientemente Porta ha editado un libro, junto con otros dos colegas investigadores, llamado “Nuestra contaminación interna. Concentraciones de CTP en la población española”.

En la siguiente entrevista a Porta se sintetiza el panorama español frente a este tipo de compuestos así como el papel de ciudadano de a pie.

“-¿Los compuestos tóxicos persistentes (CTP) de los que se habla en el libro llevan mucho tiempo en y entre nosotros?

Muchos de ellos no habían contaminado la cadena alimentaria hace cien años ni la especie humana de la manera que ahora lo hacen. Anteriormente había otros compuestos químicos ambientales tóxicos, tales como el plomo o el mercurio pero no habían contaminado la cadena alimentaria y la especie humana de esta forma generalizada.

-¿Cuáles son los compuestos tóxicos persistentes más habituales en la población?

- Con más frecuencia, los plaguicidas: el DDT y su principal producto de degradación, el DDE. También el hexaclorobenceno (usado como pesticida) y el lindano (plaguicida). Entre los industriales, destacaría los PCB (policloro bifeniles), como aislantes eléctricos y otros usos cotidianos.

-¿Cuál es la principal vía de entrada de los CTP en el cuerpo humano?

-Los alimentos y, en concreto, la parte grasa de estos alimentos. Porque los CTP son extraordinariamente lipofílicos, y se disuelven muy bien en las grasas. Además el organismo humano, a través de los riñones, no los puede excretar, y los vamos acumulando lentamente a lo largo de nuestra vida.

-Así que, para no acumular CTP, ¿qué puede hacer el ciudadano? ¿Comer menos grasas?

-Bueno, comer menos grasas siempre es una buena idea; no hay ninguna razón positiva para comer más.

-¿Vamos a peor en esto? ¿Seguimos acumulando CTP?

-En el caso de algunos compuestos estamos estancados a la hora de reducir su concentración; en otros, empeoramos porque están entrando en la cadena alimentaria y, en otros, hemos ido discretamente a mejor. Creo que hemos ido a mejor con demasiada lentitud y que hay comunidades autónomas que no hacen suficientes controles de la contaminación química de las alimentos.

-¿Hay excepciones en positivo?

-Algunas de las excepciones son Cataluña o el País Vasco. En esta última comunidad se hacen estudios de dieta total. Se coge una muestra representativa de lo que habría en una cesta de la compra típica, se analizan los alimentos y se mira si tienen CTP.

-¿Se puede saber cuándo exactamente se contaminó el alimento?

-Bueno, el principal problema es que estos compuestos tan persistentes también se detectan habitualmente ya en el pienso que comen los animales.

-Visto lo visto: ¿en este eslabón de la cadena también faltan controles?

-En Europa se hacen analíticas sobre la contaminación química del pienso y se intenta controlar, pero creo que hay que controlar todos los eslabones de la cadena alimentaria: desde el pienso hasta el producto que llega al consumidor. Hay poca información disponible sobre qué controles hacen las autoridades en ganadería y qué controles hacen las grandes distribuidoras de alimentos. Porque estoy seguro que los hacen, y no siempre los dan a conocer.

-¿O sea que en esto también se hace la vista gorda?

-No, lo que pasa es que a veces el consumidor aún no reclama esta información. Yo estoy convencido de que las autoridades y las empresas responden más a lo que lo que el consumidor pide de lo que muchos ciudadanos creen. El consumidor tiene más poder del que a veces ejerce.

-¿Qué información habría que dar?

-Pues estos son los alimentos analizados y estas las concentraciones de CTP.

-¿Se ha demostrado que hay correlación entre determinadas concentraciones de CTP en una zona y una mayor prevalencia de algunas enfermedades, como cáncer o diabetes?

-Hay un cuerpo de conocimiento importante, aunque no suficiente. Está demostrado que las dioxinas son carcinogénicas. También hay estudios que indican que estos compuestos aumentan el riego de linfoma no-Hodgkin (LNH), etc. Otros que demuestran que la diabetes es más frecuente en lugares donde hay mayor concentración de estos compuestos.

 

Conceptos relacionados
[Alimentos]  [Agricultura]  [Salud

Fuentes:
Ecoticias.com, 21 de agosto de 2009
El País, 23 y 30 de enero de 2007
El País, 30 de junio de 2009
ABC, 22 DE enero de 2010

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