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Gestin del territorio

Canarias

Opinin: biodiversidad y culturas campesinas (Julio-2006)
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Opinin: biodiversidad y culturas campesinas (Julio-2006)

Por: Jaime Izquierdo, Departamento Tecnolgico del Servicio Regional de Investigacin y Desarrollo Agroalimentario del Principado de Asturias.

Las dependencias mutuas entre el campo y naturaleza, o entre las culturas campesinas y la biodiversidad, conforman un entramado complejo de interconexiones que no se pueden concebir, ordenar, conservar y gestionar por separado. La actual agroecologa canaria no se entiende sin la globalizacin agraria que vivi el archipilago en los ltimos cinco siglos; el bosque mediterrneo y la dehesa extremea sin los pastores y las razas ganaderas; las grullas sin los cotos arroceros; la conservacin de las avutardas sin los cultivos de cereal en la meseta; la floracin de las arandaneras silvestres sin los apicultores; los quebrantahuesos sin las ovejas y los osos sin las comunidades ganaderas de la montaa cantbrica.

En Espaa, el mantenimiento de esa conectividad entre el medio agrario y el silvestre resulta decisiva para la conservacin del paisaje, el medio ambiente rural y la biodiversidad y, sin embargo, paradjicamente, la gestin administrativa y poltica, no slo en el mbito del Estado sino de muchas comunidades autnomas, permanece por lo general en departamentos separados que an no han sabido desprenderse ni de sus hbitos corporativos, ni del rgido pensamiento industrial que los encorseta.

Los problemas de conservacin en los todava denominados de forma inexacta espacios naturales inexistentes por otra parte en un pas como el nuestro de naturaleza culta donde los haya, que corresponden, en realidad, a territorios rurales relictos modelados por tecnologas y culturas campesinas preindustriales, no son otra cosa que la consecuencia de una gestin inapropiada del medio debida a tres causas: consumo, modificacin o fragmentacin del territorio por la difusin de las economas urbanas; especulacin, abuso o intensificacin de los usos agrarios o, por el contrario, desuso y abandono de prcticas agropecuarias ajustadas a la disponibilidad y las caractersticas de los recursos naturales.

En los tres casos la resultante acarrea la prdida de las relaciones energticas y ecosistmicas que dan forma al paisaje y estructuran la biodiversidad en los territorios rurales tradicionales. Los problemas de conservacin de la naturaleza fueron abordados inicialmente en Espaa en 1918 coincidiendo con la mxima presin demogrfica de las comunidades rurales sobre los recursos naturales con la declaracin de los primeros parques nacionales, inspirados en una poltica aristocrtica que releg a las culturas campesinas mundanas y proclam la exaltacin sagrada de una naturaleza separada del hombre y del campo.

Durante el franquismo asistiremos, a finales de la dcada de los 60 del pasado siglo, a la emergencia de la conservacin tecnocrtica que reactivar los principios aristocrticos hasta erigirse en su sucesora. Sin ruptura, ni revisin, esa perspectiva conservacionista habr de desembocar en la actual, que persiste en el prejuicio de desconsiderar la preexistencia de la cultura del territorio, lo que le impide conectar con una teora conservacionista moderna y de mixtura ente el campo y la naturaleza.

En definitiva, la poltica conservacionista del siglo XX espaol se caracteriz por dos rasgos principales: por empearse en gestionar por separado naturaleza y campo y por entender la conservacin como sinnimo de detencin, paralizacin, congelacin para llegar a una gestin que tiene ms que ver con la taxidermia que con la fisiologa del territorio. Por su parte, las polticas agrarias de los aos 60 destacarn tanto por la intensificacin, y por el control tecnocrtico de los medios de produccin, como por el desinters por los territorios perifricos de agricultura preindustrial que sern finalmente abandonados a su suerte. Ambos, desarrollistas agrarios y conservacionistas tecncratas, coincidirn en el menosprecio por las culturas campesinas locales que no sern nunca valoradas por su importancia estratgica, cultural, ecolgica, agronmica y agroalimentaria, aun a pesar de que muchas prcticas agropecuarias acumulaban milenios de experiencia en el manejo del medio, el aprovechamiento racional del agua, el control de la erosin, la produccin de biodiversidad, la conservacin de razas y semillas o la produccin de tecnologas locales.

En la base del actual desenfoque conservacionista persiste la desatencin por el sistema de conocimiento agrario local y especfico de cada territorio. Es lart de la localit que los gegrafos y etngrafos franceses defendieron en su pas en los aos 60 ante el avance del absolutismo cientfico y tcnico industrial. Por su parte, en Espaa este saber hacer local qued olvidado y sobre la agricultura popular cay el sambenito, que an perdura en algunos ambientes, de ser "ineficiente, atrasada y basada en principios no cientficos".

Precedentes histricos. Sin embargo, y paradjicamente, esa modernidad que ahora reclamamos para revisar tanto las teoras de conservacin como las de desarrollo de la agricultura, la ganadera y la silvicultura en el medio rural preindustrial, no es indita. De ella hizo gala Eduardo Hernndez-Pacheco, autor en los aos 30 de una teora del paisaje inspirada en las corrientes de pensamiento de la Institucin Libre de Enseanza que, lamentablemente, habra de arruinar la Guerra Civil y los casi 40 aos de dictadura militar que vendran a continuacin. Y, posteriormente, Carl Sauer, quien desde la Universidad de Berkeley habra de plantear en 1955 una nueva teora, denominada "conservacionismo cultural", por la que vinculaba la proteccin de las culturas campesinas, y sus formas de vida, a la conservacin de la naturaleza. Hernndez-Pacheco, inspirador de lo que podramos llamar poltica de conservacin de la naturaleza de la II Repblica, alcanz a ver con claridad tanto las interrelaciones entre el campo y la naturaleza como la necesidad de articular conjuntamente la gestin de la conservacin y de la actividad campesina.

Nueva perspectiva del desarrollo rural. La biodiversidad que no es otra cosa que la organizacin de los canales de informacin gentica, taxonmica y ecosistmica del territorio precisa para su conservacin de la intervencin, del manejo adecuado, de la informacin cultural, esto es del cdigo campesino local del que dependen el resto de interacciones bioenergticas del medio. Sin embargo, y siendo crucial para el mantenimiento de la salud de los agroecosistemas, la ausencia de investigaciones aplicadas al reconocimiento de estos cdigos culturales locales y especficos constituye una de nuestras principales carencias. La investigacin cientfica espaola aplicada al campo, salvo raras excepciones, ha seguido las modas industriales y se ha especializado, y segregado, en la multitud de parcelas que ofrecen los mbitos de conocimiento de la naturaleza, o de la agricultura, y ha carecido en consecuencia de la visin integradora y de la perspectiva adecuada que le hubieran facultado para hacer los diagnsticos holsticos a los que nos haban acostumbrado los institucionistas del primer tercio del siglo XX. Los espacios protegidos pueden y deben aspirar a esa nueva perspectiva para disear estrategias de desarrollo rural que autorregulen los mecanismos activos de preservacin. No se trata de detener las dinmicas y los flujos energticos del medio desbordados, por otra parte, ante la falta de manejo y el consiguiente asilvestramiento y acumulacin de biomasa tal como intentamos hacer hasta ahora en nombre de la conservacin de la naturaleza, sino de desarrollar la inteligencia local suficiente para transformar la renta que produce el capital natural en renta agraria directa o en inmovilizada y retribuida por la prestacin de los servicios ambientales generados por los ecosistemas rurales a favor de la sociedad en su conjunto. Aunque suene a propuesta futurista, para construir las nuevas frmulas de relacin ecosocial en los territorios rurales empezando por la red de espacios protegidos y de stos con la sociedad urbana, no slo necesitamos una nueva poltica natur-rural, que recupere el afecto por lo local y la visin universal, sino tambin una profunda reforma administrativa capaz de estar a la altura de la complejidad que implica el ecodesarrollo y un gran pacto de Estado a favor de la reactivacin del mundo rural que nos implique solidariamente a todos: a la sociedad urbana y a la rural.


 

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Fuentes:
El Mundo, suplemento Natura, 8 de julio de 2006

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