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Microplásticos

My ocean is not a bin!

notabin

A partir de la primera revolución industrial el plástico ha pasado, paulatinamente, a formar parte de nuestro día a día. Está en todas partes e inconscientemente lo usamos para vestirnos, transportar y almacenar objetos, mobiliario, embalajes, material de oficina…

La sociedad está cada vez más comprometida con el medio ambiente y las buenas políticas empresariales ¿Quién no ha sido testigo del reciente patinazo de la cadena americana Whole Foods, que comercializó naranjas peladas en cajas de plástico?

Los micro plásticos almacenados en el mar se han vuelto desde hace poco un tema de seguridad ambiental: la mayoría de los desechos que no utilizamos con vertidos al mar, realidad que muchos de nosotros ignoramos, sobre todo si separamos nuestros envases religiosamente. Muchos países del tercer mundo o en vía de desarrollo reciben ayudas de otros estados por convertir el suyo en vertederos, las grandes industrias utilizan el mar como basurero…

Los plásticos que vertimos al mar o que acaban, por una razón u otra en él, se convierten en micro plástico debido al constante movimiento de las olas y a la exposición al sol. Al final se erosionan y desmenuzan, adoptando formas ínfimas y casi imperceptibles. El plástico pequeño y fraccionado flota y es llegado por corrientes por lo que circula por todo el mar sin que podamos interferir en ello.
Como apuntaba Belén Quintana Martín-Montalvo, licenciada en biología marina, los peces confunden estos micros plásticos con alimentos. Las tortugas marinas, por ejemplo, se alimentan de medusas. El color y la forma de una bolsa de plástico tiene un gran parecido con el de una medusa, por lo que acaban siendo ingeridas por las tortugas, causándoles una eterna sensación de estar saciadas, por lo que acaban muriendo de hambre. Pero, no sólo las tortugas se alimentan de estos desechos: muchos peces se alimentan de esos micros plásticos, son pescados y terminan, al final de la cadena alimentaria, en nuestros platos.

A pesar de ser fielmente y abiertamente defensora del veganismo, soy consciente de que mi entorno todavía no ha encontrado suficientes motivos para dejar de lado el consumo de ciertos productos de origen animal. Cabe señalar que la mayoría de pescados que se encuentra en el mercado provienen de la acuicultura, también conocida como el cultivo de peces, o de la pesca de red, por lo que encontrar pescado ético, sostenible y sin modificaciones ni alteraciones es todo un reto. La pesca sostenible parece la opción más razonable para los consumidores. Se trata de pescar sin red, con cañas, uno a uno cada pez. De este modo, al no usar redes de pesca, los barcos no arrastran todo cuanto hay a su paso, ni destruyen ecosistemas, ni se devuelve al mar lo que no se quiere, una vez destruido. En la página web del MSC (Marine Stewardship Council) se puede encontrar toda la información sobre pesca sostenible, cuales son los comportamientos que premian, como reconocer productos provenientes de la pesca sostenible e indican dónde comprar.

Texto y fotografía: Alba Zaragoza De Vincenzo

Más información: Informe sobre los micros plásticos por la UNEP (United Nations Environment Programme)

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