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Otoño sostenible

¿Nos preparamos para el otoño? Con una vida más saludable

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Imagen: StockSnap 

Tu cuerpo, tu casa… está adaptándose nuevamente para un cambio de estación. Veamos, ¿qué se puede hacer? Estamos hablando de mejorar tu calidad de vida, colaborar con la mejora ambiental y de que sea poco oneroso para tu bolsillo.

Con tu cuerpo

Tras el verano probablemente hayas ganado peso, hubo unos cuantos excesos para tu organismo, te sientes pesado, hinchado y cansado de la rutina alimentaria de esta estación, y qué decir de los cambios de armarios.

¡No se diga más! Es un momento ideal para iniciar el otoño limpiando tu cuerpo internamente con alimentos de calidad. Hay tres reglas básicas para conseguir calidad en lo que vas a ingerir:  

1) Planifica lo que te apetece comer, da rienda suelta a tu paladar, busca recetas en tu memoria familiar, en internet, llama a un familiar o amigo para que te dicte la receta. Eso sí, estamos entrando al otoño, no busques cerezas ni espárragos para cocinar

2) Compra alimentos de temporada y a granel (evita el empaquetado y sobreempaquetado). Ha llegado el momento de comer calabaza, champiñones, pescados azules y toda clase de verduras de hoja verde. 

3) Cocina todo lo que vas a comer (evita la comida rápida, precocinada y de esa lista para llevar). Es mejor cocinar raciones justas y preparar una olla para toda la semana (aburre comer lo mismo y la comida guardada pierde calidad y cualidad). Como sugiere Michael Pollan “…si fuéramos capaces de cocinar todo, casi absolutamente todo lo que comemos, seríamos más delgados”. 

Si ya cocinas te resultará cada vez más sencillo preparar diariamente tu plato principal e ir seleccionando alimentos saludables. Inclínate por los alimentos integrales y aléjate o consume poco de los cinco enemigos blancos  (azúcar refinada, sal, harina, arroz, leche). 

Si te estás iniciando en el maravilloso mundo de la cocina mejor aún, descubrirás lo entretenido y satisfactorio que resulta tomar el mando de tu alimentación, que nadie te imponga comer lo que no quieres. Podrás cocinar y comer lo que se te antoje.
Si eres de los que nunca ha cocinado y siempre has tenido a alguien que lo haga por tí o siempre has comido fuera de casa, estás en problemas. Si estás leyendo este artículo seguramente estés interesado en comenzar a hacerlo. Ten por seguro que decidir hacerlo es lo más difícil, ponerlo en práctica es muy sencillo. Lo primero, no vayas a la compra con el estómago vacío, fíjate en los colores de los alimentos de temporada a ver qué te provoca cocinar. Lo siguiente, comienza con platos conocidos, más adelante podrás descubrir sabores exóticos.

Cuando tú cocinas utilizas buenos productos o los mejores a tu alcance, no usas aceite refrito, lavas los productos antes de cocinarlos, pelas todo lo que se puede (así te aseguras de no ingerir pesticidas que con el solo lavado no se eliminan), calculas  las raciones necesarias y puedes comer siempre fresco y rico.

Por supuesto, ni se te ocurra comprar comida ultraprocesada, bollería industrial, refrescos de soda azucarados, alimentos que contengan conservantes, colorantes, espesantes, gelificantes, etc., y toda clase de contenido tipo “E” en el etiquetado.

Busca productos locales (son más baratos y su huella de carbono es más reducida); compra productos ecológicos (son cada vez más accesibles y variados,  todos los supermercados y mercados los tienen); compra huevos tipo 0 o 1 consume menos carne y leche (es bueno para tu salud y para el planeta); busca pescados más bien pequeños (no pezqueñines), son más sostenibles, su pesca es menos agresiva y son más baratos, como el  boquerón, el jurel, el salmonete o la sardina; etc.

Y un último asunto, cuidado con el uso de “tuppers” y otros envases de plástico en contacto con alimentos calientes. No los metas jamás al microondas ni al lavavajillas. Mantén a raya a las llamadas hormonas impostoras. Los envases plásticos para guardar comida tibia-fría están bien, pero es mejor si utilizas envases de vidrio.

Con tu casa

Todos, o casi todos, vivimos en espacios reducidos al punto que no podemos darnos el lujo de mantener a la vista todo lo que poseemos. Tampoco tenemos tiempo para usar o ponernos todo lo que acumulamos en casa. Como cada cambio de temporada, toca guardar mucha ropa, sacar otro tanto e incluso desempolvar alfombras y edredones. Uff, es un verdadero quebradero de cabeza. ¿Por qué sigues guardando ropa que no has usado este verano, ni el anterior, ni el anterior? Desházte de ella, no tengas pena, seguro que hay otra persona que la puede aprovechar, o puede terminar convertida en algo más interesante (tapicería, rellenos aislantes, cordones, etc.). Ganarás espacio en el almacenamiento, te sentirás más ligero o liberado. Hace 40 años atrás la gente tenía el 10% de ropa que tenemos ahora. No guardes lo que no utilizas, no tiene sentido.

Si te asomas al cuarto de baño, a la cocina y otros rincones verás (o mejor aún cuenta) el número de electrodomésticos que tienes (excepto bombillas y radiadores eléctricos). Contabiliza todo lo que tienes que se enchufe, aunque no los uses… Te aseguro que sobrepasas los 30 grandes y pequeños electrodomésticos, y en muchas  familias de tres personas se superan los 50 artilugios. ¡Es un horror! Con el cambio de tecnología y el fácil acceso que se tiene a tantos aparatos nuestros hogares se han convertido en un auténtico vertedero electrónico. Los cargadores de teléfono, los propios gadgets, los montones de pequeños aparatos electrónicos que has usado un par de veces… suman y suman objetos obsoletos e inservibles. Tíralos, llévalos a un punto limpio fijo o móvil (en Madrid por ejemplo), hay uno muy cerca de tu casa seguro. Y por supuesto hay redes de recogida de objetos “útiles” que estarán encantados de llevárselos.

Con la bajada de las temperaturas la ventilación de los hogares se reduce, por aquello de conservar el calor interior, ventilamos no refrescamos. Es momento de aprovechar para lavar las cortinas y limpiar ventanas (para que en invierno entre la luz natural sin oscuros obstáculos entremedias).

Abre el armario de la limpieza, deshazte de las sustancias tóxicas. No hacen falta. Procura hacer la limpieza con frecuencia, así tendrás siempre poco trabajo. Evita las limpiezas faraónicas que ocupan el día entero y requieren sustancias agresivas para desincrustar suciedad acumulada. Es más sencillo coger el tranquillo diariamente, recogiendo todo cada día, no dejes trastos sin fregar, ropa y objetos sin guardar. Y como sostienen los expertos: “hay que sustituir la química por la física”. Todo tiene su lugar, un sitio destinado para cada cosa ayuda a conservar la orden y la organización. 

No acumules nada, ni comida, ni electrodomésticos, ni ropa, ni envases de limpieza… no guardes cosas inservibles. Limpia, organiza, deshazte de cosas y aligera tu hogar. Compra los alimentos frescos que vas a cocinar, deléitate preparando tu propia comida. Haz caso a tu instinto y respeta la naturaleza.

Cecilia Barrera G.

 

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