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Energía sostenible

Mucho más que apagar la luz: la conducta eficiente

cafeteraPhoto by Milada Vigerova on Unsplash

 

Se acerca el invierno, y reducir la factura de la luz se convierte en una necesidad. La conducta eficiente en materia de energía, como parte fundamental de la medidas de ahorro que podemos llevar a cabo en nuestra nuestra casa, nos permitirá ahorrar dinero sin reducir nuestra comodidad. Incluye varios tipos de acciones: las hay “instintivas” y cotidianas, como el famoso hábito de apagar la luz cuando se sale de una habitación. Otras requieren alguna reflexión, como bajar dos grados el termostato del aire acondicionado. Otras implican más actividad física, para modificar la envolvente de nuestra casa, como la necesaria para extender un toldo un día de mucho calor. En último termino también podrían incluir el ecobricolage, como por ejemplo colocar burletes en puertas y ventanas mal ajustadas.

Una conducta eficiente necesita información para contrastar la eficacia de sus acciones, y por desgracia ésta no es fácilmente accesible. Tenemos recibos de la luz emitidos cada dos meses, y contadores, muchos antiguos, en algún punto poco visible de la casa o en el sótano del edificio. Un “contador de salón” con grandes cifras y gráficos del consumo sería muy útil para poner en práctica la conducta eficiente con mayores posibilidades de éxito.

He aquí algunas cosas que se pueden incluir en una conducta energéticamente eficiente:

Usar los manuales de instrucciones: regular de la manera más completa posible el funcionamiento de la instalación de calefacción. Aunque puede ser duro sumergirse en los manuales de instrucciones, todos incluyen programas economizadores muy interesantes, que permiten desconectar la instalación parcialmente pero sin perder la temperatura de confort deseada, el “modo viaje” (durante ese período, la calefacción se conecta lo imprescindible para que la casa no se congele del todo), la posibilidad de modular la intensidad de uso de la instalación en función del grado de ocupación de la casa, etc. (Naturalmente, esto solo se aplica si se tiene el control de la instalación). Otras cosas que se pueden regular son la temperatura de salida del agua del calentador, la potencia del frigorífico, los programas de la lavadora y el lavavajillas, etc.

Adquirir hábitos, conductas instintivas muy sencillas: Hay muchas oportunidades de desconectar un aparato unos segundos antes de lo habitual, que se van acumulando dando al final un significativo incremento de la eficiencia energética. Aquí entra el proverbial gesto de apagar las luces al salir de una habitación.

Practicar el manejo economizador: En vez de fregar a chorro con agua caliente, usarla solamente para remojar al principio y rematar la faena aclarando con agua fría. Lo mismo se puede decir de una cocina eléctrica o un horno. O de los ordenadores. Cada vez más aparatos nos ayudan con modos “eco”, aunque es conveniente controlar los programas lo más directamente posible.

Organizar el espacio: Al igual que sucede en la colocación de las lámparas, aspecto fundamental de la eficiencia energética de la iluminación, es posible cambiar la ubicación y orientación de muchos aparatos y conseguir a cambio sustanciosos ahorros de energía: es muy importante la colocación adecuada de calefactores, aparatos de aire acondicionado y frigoríficos. También es importante para evitar sinergias negativas, como la reunión de demasiados focos de calor en un espacio reducido.

Definir pautas de uso en el tiempo, como en el tradicional cambio de disposición de las casas en modo invierno/verano (colocando o retirando alfombras, cortinas, estores, toldos, etc.). Puede ser útil definir pautas de uso de la calefacción y el aire acondicionado con antelación.

Controlar: revisar periódicamente facturas, contadores, indicadores, termostatos, etc. Se trata de mantener un ojo encima de los consumos de energía y de su evolución: ¿disminuyen paulatinamente, no varían o presentan un aumento que no podemos explicar?

Comprobar: el usuario hábil de la energía realiza comprobaciones periódicas de buen funcionamiento de los aparatos y sistemas: esto puede ser tan sencillo como evitar obturaciones de salidas de calor o frío, objetos colocados sobre radiadores, rejillas de ventilación tapadas, etc. O bien detectar fugas de energía.

Mantenimiento: tener un calendario de mantenimiento y revisiones, con acciones múltiples que pueden ir desde eliminar la escarcha del congelador del frigorífico a avisar al técnico para que venga a revisar la caldera de calefacción. Conviene seguir rigurosamente los calendarios oficiales de revisión de instalaciones de electricidad, gas y climatización.

La conducta eficiente en realidad consiste muchas veces en rediseñar procesos, igual que se hace en cualquier empresa. Si la expresión resulta un poco enrevesada, su práctica es muy sencilla: por ejemplo, calentar agua en el hervidor, no usando la placa de la cocina.

Al final, toda la conducta eficiente adecuada para una vivienda y su caso particular se podría resumir en un verdadero “manual de operaciones”, donde se indiquen todos los pasos a seguir ante cualquier uso de la energía y sus principales contingencias o imprevistos. Este manual podría estar dividido en capítulos como “Cocinar, climatizar, ventilar, refrescar, lavar ropa o vajilla, limpiar la casa”. Para cada proceso el manual daría instrucciones detalladas, con variantes para invierno y verano si es necesario. Incluso podría haber capítulos especiales, del estilo de “Como enfrentarse a un día de calor asfixiante”.

No hay que asustarse, no se trata de redactar y utilizar un grueso volumen de anillas y hojas intercambiables. En realidad, el manual de operaciones lo tenemos todos en la cabeza, sólo se trata de utilizarlo más conscientemente para ahorrar energía y dinero.

Modificado de un texto redactado originalmente para la serie “Cómo funciona la eficiencia energética”, de Gas Natural Fenosa. Con la colaboración de César Casado Marín.

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