Cambio Climático

Migraciones en peligro

Mayo 2010

Las aves migratorias son certeros centinelas del cambio climático, que para ellas es ya una realidad. Sus largos viajes se están acortando y muchas de las que hacían travesías más cortas se han hecho sedentarias. No necesitan irse en invierno hacia el sur, porque el clima ya no se tan duro como hace unas décadas. En realidad, las condiciones climatológicas que buscan, parecen estar saliendo a su encuentro a razón de cuatro kilómetros por año.

No es la primera vez que ha ocurrido pero si la primera vez que el cambio se produce tan rápido. La velocidad con la que está cambiando el clima es de unos cuatro kilómetros por año en el hemisferio norte, es decir, cada año la isoterma de julio (línea que une la máxima temperatura del mes en distintos lugares) se desplaza hacia el norte cuatro kilómetros, veinte veces más rápido que en la última glaciación.

El pasado mes de marzo Miguel Ferrer, investigador del CSIC y presidente de la Fundación Migres, organizó el segundo Congreso Internacional sobre Migración de Aves y Cambio Climático. En este congreso, más de doscientos científicos de 25 países analizaron en Algeciras los cambios en las costumbres de las aves observados en todo el mundo.

España es un lugar privilegiado para estudiar las migraciones ya que aquí confluyen todas las rutas desde el oeste de Europa hacia África. El sur de la Península es una etapa intermedia y las aves se concentran en el Estrecho para cruzar el mar. En primavera y otoño el Estrecho de Gibraltar se convierte en un embudo por el que pasan unos 30 millones de pájaros de 380 especies diferentes. Y uno de los dos únicos lugares en el mundo, junto con el Bósforo, donde grandes aves rapaces como los buitres, se aventuran a cambiar de continente.

Los buitres no pueden hacer más que seis aletazos seguidos, pesan mucho, son muy grandes el coste energético de batir alas es enorme. Necesitan corrientes térmicas para poder desplazarse y buscan pasos marítimos de cortas distancias. El mar no tienen corrientes térmicas y muchos buitres mueren en el intento de cruzar el Estrecho. Tienen que alcanzar la suficiente altura y aún así un leve cambio en la dirección del viento puede hacer que no lleguen a su destino y mueran ahogados, como ocurre con muchos cada año.

Otra barrera natural para las rapaces es el desierto del Sáhara, que por efecto del calentamiento está aumentando su extensión, que en la zona más estrecha supone 1.700 kilómetros. Un tercio de los ejemplares jóvenes de rapaces migratorias sucumben al atravesarlo por causa de las elevadas temperaturas, la falta de agua y alimento y las tormentas de arena.

Pero puede que esto cambio en unas pocas décadas. El calentamiento global influirá también en la población de las rapaces migratorias que, en la actualidad, están invernando mucho más al norte que antes.

Los cambios en las pautas migratorias se están produciendo a una sorprendente velocidad en respuesta al cambio climático. En el pasado ha habido otros cambios climáticos, pero a diferencia del actual, el tiempo en el que se produjeron las variaciones fue mucho más lento a escala evolutiva. Estas alteraciones se producían de forma natural en periodos dilatados de tiempo, siglos e incluso milenios, y actualmente están teniendo lugar en decenios.

Aves que hace unos años visitaban el sur de la península durante el invierno buscando calor, como grullas y gansos, ahora no necesitan bajar tanto y se quedan en mayor proporción en países situados más al norte, como Francia. Sin embargo, las que abandonaban la Península durante los meses más fríos para cruzar a África, ya no se van, como el águila culebrera, la calzada o la cigüeña blanca.

Otra cuestión es si las aves podrán adaptarse tan rápidamente a estas modificaciones que implican variaciones en las pautas de alimentación, porque plantas e insectos, fundamentales en la época de cría, eclosionan antes y en ocasiones las aves llegan demasiado tarde. Los pájaros están genéticamente programados para unas migraciones en tiempo y distancia. Y ahora tendrán que cambiar el tiempo en el que viajan y la distancia que recorren. Y eso obligará a que se reprogramen genéticamente.

El cambio climático es sólo uno de los aspectos más conocidos y el que más preocupa, pero abarca otros aspectos, como la destrucción y fragmentación del hábitat, que dificultan la capacidad de adaptación de las aves.

En lugares como el Golfo de México, otra importante barrera en la migración entre el sur y el norte de América y de especial dificultad para las planeadoras y las paseriformes, cada vez son más frecuentes los tornados, que producen una mortalidad cada vez mayor en los pájaros.

Fuentes:
Natural ABC nº35, 14 de mayo de 2010

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