Cambio Climático

Ley de cambio climático

Abril 2010.

Sucesos 2010

Los líderes demócratas en el Congreso y la Casa Blanca han decidido dar marcha atrás en su intención de imponer límites a la emisión de gases contaminantes a centrales energéticas, fábrica y refinerías de crudo, de cara a la próxima votación de una ley ambiental en el Senado de EEUU.

La medida fue aprobaba en 2009 para contribuir a reducir en un 17% las emisiones de CO2, pero el presidente Barack Obama la ha desterrado para recabar el apoyo de los republicanos al proyecto de ley. La incógnita ahora está en cómo alcanzará ese objetivo vital para la lucha contra el cambio climático.

Los demócratas han perdido la mayoría de 60 votos en el Senado que les facilitaba para aprobar una ley que reflejara los compromisos asumidos por Obama en la campaña electoral.

Se espera que la votación se produzca durante el mes de abril. Entre sus proponentes estarán, en principio, el senador republicano por Carolina del Sur Lindsy Gram., el independiente por Connecticut Jose Lieberman, y el demócrata por Massachussets John Ferry.

Los analistas consideran que el proyecto de nueva ley medioambiental incluirá un aumento moderado de los impuestos a la gasolina y fuertes incentivos para el desarrollo de energía nuclear, además del aumento de plataformas petrolíferas en las costas norteamericanas. Debido a esta última medida, Obama ha comenzado a recibir críticas por parte de su electorado ecologista.

Sucesos 2009

La medida fue aprobada en junio de 2009, tras un largo e intenso debate, por la Cámara de Representantes. La ley imponía, por primera vez, unos límites a la emisión de gases contaminantes a centrales energéticas, fábricas y refinerías de crudo e incluía la protección de los consumidores y la reducción de los costos energéticos para fomentar una transición hacia una economía con fuentes de energía que reduzcan la contaminación ambiental. El objetivo era reducir las emisiones de CO2 en un 17% para 2020 y en un 83% para 2050 con respecto a los niveles de 2005.

El proyecto establecía además un mercado de carbono, en el cual las empresas podrían comprar y vender permisos para contaminar, con el fin de crear un incentivo económico para reducir las emisiones. Además, la ley establecía que en 2020 un 12 por ciento de la energía quedistribuyeran las compañías de electricidad debería proceder de fuentes renovables.

La Casa Blanca indicó que la medida ayudaría a reducir la dependencia estadounidense del petróleo extranjero, fortalecer la seguridad energética y nacional, y crear nuevos puestos de trabajo en todo EEUU.

La oposición republicana intentó boicotear la ley, alegando que causaría un gravamen en el precio de la electricidad y de la gasolina. Los líderes republicanos intentaron evitar que la ley fuera aprobada hasta ya entrada la noche, alargando el proceso de votación en casi cinco horas. El representante por Georgia Nathan Deal llegó a poner a España como ejemplo de por qué la Cámara no debería aprobar la ley. “En España, por cada puesto de trabajo que se ha creado gracias a las nuevas energías, se han destruido otros dos”.

Tras hacerse esperar el proyecto de ley sobre la lucha contra el cambio climático llegó al Senado de Estados Unidos a finales de septiembre.

“Los perdedores serán millones de ciudadanos estadounidense y las compañías del país”, aseguró el Instituto Estadounidense del Petróleo.

Mientras, otros como Greenpeace esgrimían que la ley “se queda corta con respecto a las reducciones en las emisiones que los científicos consideran debe llevar a cabo un emisor tan grande y rico como EE.UU”.

Estos puntos de vista divergentes reflejan un cisma real en la política estadounidense, que dista mucho del aparente consenso existente entre las naciones de Europa Occidental sobre el nivel necesario de recortes en las emisiones de CO2.

Se trata de un desacuerdo que puede retrasar seriamente su aprobación, lo que potencialmente podría eliminar cualquier oportunidad de que se firme un nuevo tratado sobre el cambio climático en la conferencia de Naciones Unidas que se celebrará a finales de año en Copenhague, Dinamarca.

Los congresistas Henry Waxman y Edward Markey fueros quienes lo impulsaron en la Cámara Baja y ahora los senadores Barbara Boxer y John Kerry buscarán hacer lo mismo en el Senado.

La legislación estadounidense presentada por los senadores demócratas, aprobada en la Cámara de Representantes en junio, debería haber empezado a ser discutida en el Senado en julio de 2009, pero ante la ajustada victoria en la Cámara Baja, se introdujeron modificaciones en su redactado para facilitar su aprobación en el Senado.

El nivel de ambición aumentó ligeramente. Más que buscar reducir las emisiones en un 17% a los niveles de 2005 para el año 2020, se esperaba que fuera un 20%, aunque los críticos señalan que, por varias razones, la verdadera cifra en ambas versiones es inferior.

La ley crearía un mercado estadounidense de CO2, que se asociaría con el tiempo con otros mercados en el mundo, especialmente con el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la Unión Europea.

Más allá de 2020, la ley contempla un recorte del 38% en las emisiones en tan sólo una década y el objetivo final es una reducción del 83% en 2050. Estas cifras pueden sonar impresionantes, pero el problema es que las negociaciones en Naciones Unidas sólo se refieren a los niveles de 1990. Desde ese año las emisiones de EE.UU. han aumentado en un 16%.

Así que una reducción de un 20% sobre los niveles de 2005 tan sólo supondría una reducción del 4% respecto a los niveles de 1990.

Esa es la razón por la que muchos grupos ambientalistas, pese a estar satisfechos con que EE.UU. se comprometa a algo después de los años de George W. Bush, ahora se apresuran a condenar la poca ambición de los planes estadounidenses.

“Científicos de renombre han hecho un llamado a reducciones de aproximadamente el 40% por debajo de los niveles de 1990 en 2020 para evitar una catástrofe climática y, pese a ello, el proyecto de ley ofrece una reducción del 20% sobre los niveles de 2005″, señaló.

“Es fundamental porque es la manera en que el mundo conocerá cuan serio es EE.UU. en la lucha contra el cambio climático y qué nivel de esfuerzo está dispuesto a llevar acabo”, señala Jennifer Morgan, directora del programa de clima y energía del World Resources Institute, organización que lleva tiempo analizando las políticas medioambientales de Naciones Unidas y EE.UU.

La mayor economía del planeta, que además es el principal emisor de gases contaminantes y el país que lideró la oposición a una regulación global durante la presidencia de George W. Bush, debe convencer a otros, especialmente a los países en desarrollo, de que se toma en serio la reducción de sus emisiones, ya que sino las posibilidades de lograr un acuerdo en Copenhague serán pequeñas.

“Creo que en estos momentos los países en desarrollo consideran que EE.UU. no está mostrando suficiente ambición”, señala Morgan. “Están esperando a asegurarse de que hay certidumbre sobre los planes estadounidense de reducción de emisiones”.

James Inhofe, el senador de Oklahoma que lidera el trabajo de los republicanos en el Comité del Senado sobre el Medio Ambiente y Obras Públicas que preside Boxer, describe el proyecto como “una mala opción que nos compromete a cosas para las que no existe tecnología asequible y confiable”.

Cuando el ex candidato republicano a la presidencia de EE.UU. John McCain fue preguntado sobre si apoyará la ley, su repuesta fue contundente: “Por supuesto que no. Nunca, Nunca, Nunca”. Pero la oposición no se limita a las filas republicanas.

En agosto, diez senadores demócratas escribieron al presidente Barack Obama para explicarle que no van a apoyar un proyecto de ley que no protege a las compañías estadounidenses de la competencia de otros países que no tendrán costos extras por la limitación de las emisiones.

En un intento por conseguir apoyos, el senador Kerry fue el anfitrión de una serie de encuentros que juntaron a senadores que se oponen al proyecto de ley con científicos del cambio climático y ambientalistas.

Kerry y Boxer intentaron sacar adelante el proyecto lo más rápido posible para llegar a tiempo a la Conferencia de Copenhague de diciembre de 2009, sin embargo no fue posible porque sus oponentes no se dieron mucha prisa. Estos acusaban a los demócratas de omitir importantes detalles, como la manera en que los derechos APRA las emisiones serían asignados, un asunto muy controvertido en el debate en la Cámara de Representantes.

Fuentes:
El País, 27 de junio de 2009
Público, 27 de junio de 2009
El Mundo, 29 de junio de 2009
ABC, 1 de octubre de 2009
BBC, 1 de octubre de 2009
Cambioclimatico.com, 4 de octubre de 2009
El País, 2 de abril de 2010

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