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Residuos

La isla de residuos

Julio 2014

En 2010 el PNUMA estimó que cada año se vierten al mar 6,4 millones de toneladas de basura y publicó un informe que alertaba sobre el “problema global creciente de la basura marina”. Los plásticos, sobre todo bolsas y botellas, son el principal residuo encontrado en los océanos de todo el mundo -el 90% del total, según una publicación de la revista National Geographic en abril de este año-. Esto añade preocupación, porque los plásticos pueden resistir hasta cuatro siglos y medio sin degradarse suponiendo un problema duradero y acumulativo. 



Más de 13.000 piezas de desperdicios plásticos están flotando en este momento en cada kilómetro cuadrado de nuestros océanos; se estima que cada día acaban en el mar unos 8 millones de piezas de basura, de las que un 63% (5 millones) son residuos sólidos que han sido arrojados por la borda de algún buque. 

 


El informe del PNUMA indica que estos desechos plásticos marinos se rompen de forma paulatina en trozos cada vez más pequeños,-por efecto de la luz ultravioleta y el calor del sol que lo desintegran en pedazos cada vez de menor tamaño- hasta tal punto, que pueden ser consumidos por seres vivos de la base de la cadena alimentaria. Los pájaros, peces, tortugas o mamíferos marinos (ballenas o delfines) confunden las pequeñas trazas de plástico con alimentos. Esta teoría ha sido confirmada por otros estudios, como el realizado por Richard Thompson, experto en ecología marina de la Universidad de Plyymouth (Reino Unido). 



Según aseguraba Naciones Unidas, la contaminación del océano provoca la muerte de más de un millón de pájaros marinos cada año y de 100.000 mamíferos acuáticos. Además, investigadores han demostrado que estos residuos plásticos afectan por los menos a 267 especies alrededor del mundo, la gran mayoría residente en la gran mancha de basura del Pacífico. Jeringuillas, cigarrillos o cepillos de dientes son algunos de los objetos encontrados en los estómagos de animales muertos. 



Se temen sus posibles efectos sobre el zooplancton y otros seres que, pertenecientes a la base de la pirámide trófica marina, son consumidos por organismos de mayor tamaño. Las preocupaciones al respecto obedecen a que los microplásticos, pueden bloquear el tracto digestivo de pequeños invertebrados y además la ingesta de los compuestos químicos incorporados a los plásticos durante su manufactura puede representar una amenaza para la salud. Por otra parte, los residuos de plástico que flotan en el mar actúan a modo de “esponja” frente a otros compuestos tóxicos, porque los absorben en concentraciones entre cien y un millón de veces superiores a como lo hace el agua salada. Así, los seres vivos que ingieren microplásticos se hallan expuestos a una alta concentración de toxinas.



Diversos estudios indican que el problema crece de manera continua. Una investigación de cinco años en fulmares, unas aves marinas del Mar del Norte, descubrió que el 95% de los ejemplares tenía residuos plásticos en el estómago. 



En otra investigación realizada en el Nordeste Atlántico se encontró plancton con muestras de plástico que llevaban en su interior desde la década de 1960, y se constató un aumento significativo en su abundancia con el paso del tiempo. 



En 1997 Charles Moore, oceanógrafo norteamericano y creador de la Fundación de Investigación marina Algalita, descubrió la “gran mancha de basura” del Pacífico por casualidad durante un crucero de Los Angeles a Hawai al navegar por un vórtice que era poco recomendable para navegar por falta de vientos y corrientes. Pero existen informes sobre los restos plásticos en los océanos desde la década de los 70. 



La llamada “isla de basura del Pacífico Norte” Se sitúa en el punto donde convergen las poderosas corrientes oceánicas circulares, desplazándose anualmente una distancia de hasta 1.600 kilómetros al norte o al sur en función de las estaciones, y la fuerza de las corrientes. 



Se desconoce el tamaño exacto de la zona afectada, aunque se estima que la superficie de la isla de basura del Pacífico es 3 veces el tamaño de España-unos 16.000 km2-, formada por millones de desechos flotantes, que se han ido acumulando durante los últimos años en mar abierto, a unos 1.500 kilómetros de la costa californiana, y cerca de las islas de Hawai. 



A pesar de su tamaño y densidad, es difícil ver la isla de basura del Pacífico mediante fotografías de satélites y tampoco se localiza con radar. Debido a que el parche de basura es transparente y se encuentra justo debajo de la superficie del agua, apenas se detecta en las fotografías de satélite, como una inmensa sombra flotante. Desde la proa de los barcos si es visible la isla. 



La basura llega desde las costas de EEUU y Japón mayoritariamente (se estima en un 80%). Alrededor de una quinta parte de la basura se lanza de buques o plataformas petrolíferas. Se estima además, que el 80% de la basura proviene de zonas terrestres y el 20% de barcos del océano. Las corrientes portan desechos desde la costa oeste de Norteamérica hacia el vórtice en unos 5 años, y los desechos de la costa este de Asia en un año o menos. 



Además de los posibles daños al ecosistema marino debido a la ingestión de trozos de plástico por parte de la fauna, también se analizó si los residuos podían transportar partículas contaminantes, como pesticidas y se estudiaron si los microorganismos que acompañan a los desechos podrían ser transportados a regiones distantes y convertirse en especies invasoras. 



Los investigadores creen que esta masa de desechos se ha acumulado a partir de la basura lanzada por los barcos, así como por la enorme cantidad de residuos acumulados en las playas, que la marea se acaba llevando mar adentro. Se considera que hasta un 10% de los 260 millones de toneladas de plástico producidas anualmente en el mundo termina convergiendo en el remolino del Pacífico Norte. 



Sin embargo, hay detractores de esta teoría que no ven la situación tan dramática. Según una investigación liderada por Carlos Duarte publicada el 30 de junio de este mismo año, la contaminación de basura plástica que flota en el océano se extiende por la superficie de las aguas marinas de todo el mundo, pero a concentraciones mucho menores de lo que indicaban las predicciones pero, puntualiza que aún desconocen dónde está el 99% del plástico que llega al océano. 



Según el trabajo, la cantidad estimada de plástico que flota en la superficie del océano está entre 7.000 y 35.000 toneladas -aunque estos datos representan tan sólo el 1% de todo el plástico que hay en los océanos-. El resto podrían haber sido ingerido por peces mesopelágicos -opción más plausible dentro de las barajadas-, unos animales de pequeño tamaño que ingieren presas del tamaño de estos plásticos y cuya cantidad es 10 veces mayor de lo que se creía, según una investigación surgida también de la expedición Malaspina y que fue publicada en febrero en la revista Nature Communications. 



Para este grupo de investigación, es una exageración denominarlo gran isla de plástico, ya que las mayores concentraciones de plástico se encuentran en los llamados giros oceánicos, porque son áreas aisladas de la circulación del agua en las que tiende a acumularse la basura y desplaza la alarma hacia el desmesurado consumo de plástico de las sociedades modernas. 



Un informe de la Algalita Marine Research Institute manifiesta que las posibles soluciones no están en el mar, si no en tierra firme. Una de estas soluciones pasaría por generar menos residuos , evitar comprar productos con un empaquetamiento excesivo, reciclar y reutilizar cuando sea posible, como por ejemplo las bolsas.

A lo largo de los años han surgido algunas ideas para la limpieza de estas islas de basura, pero todavía hoy no se han llevado a cabo. Un joven de 19 años, Boyan Slat proponía en 2001 vender la enorme cantidad de plásticos a las empresas que se dedican al reciclaje de plástico y así obtener un beneficio a la vez de limpiar los océanos. 



En 2001 aparecía el esfera- aspirador gigante que absorbería el plástico de forma masiva y lo volvería a procesar adecuadamente. En abril de este año, se ha sacado un prototipo que funcionará con energía solar y materiales plásticos. Se desplazará purificando el agua contaminada y generando energía limpia, tendrá una superficie de 1,5 millones de km2, la estructura consta de un hueco de drenaje de 550 metros de diámetro y de 300 metros de profundidad, así como de 5 capas de filtros que separan el agua de los residuos plástico, que al no ser biodegradables, representan una seria amenaza. 



Las partículas de plástico recogidas por el Seawer se acumularán en una planta de reciclaje que se encuentra en la cima de la estructura, mientras que el agua de mar se filtrará y se almacenará en un gran tanque de sedimentación en la parte inferior del edificio para pasar a otro ciclo de filtración.

Fuentes: 


El País, 10 mayo 2006
Ecoticias.com, 20 agosto 2009
Investigación y ciencia, agosto 2010
ABC Natural, 15 octubre 2010
Proyectogeo.com, 9 agosto 2009

Bbc.ok.uk, 9 agosto 2009 

Unetealplaneta.org, 4 febrero 2012
sostenibilidad.com, abril 2012
peru.com, 24 abril 2014
elmundo.es, 30 junio 2014

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