Cocina sostenible

La Dieta Darwin

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Si todo el mundo se inventa dietas (la de las grasas, la de los hidratos de carbono, la del pomelo, la sin gluten, la alta en proteínas, la baja en proteínas, la del magnesio, la baja en sal, la reducida en sodio, la anticolesterol, etc., etc.), ¿por qué no nosotros?. Pues ahí va nuestra contribución: la Dieta Darwin (DD para los amigos).

La Dieta Darwin es saludable, relativamente barata y buena para el medio ambiente. Es completamente sostenible. Está basada en los más rigurosos principios científicos. Todo el mundo puede ponerla en práctica. ¿En qué consiste? A continuación, ahí van los siete elementos de la Dieta Darwin.

Viaja en el tiempo
La DD es una versión actualizada y remozada, incorporando nuevos elementos interesantes, de la dieta tradicional de tu región. “Tradicional” quiere decir la alimentación habitual de un pasado no muy lejano. Hay que tener en cuenta las épocas de hambre y calamidad, como la que hubo en España entre 1936 y 1946 aproximadamente. Se entiende una situación alimentaria tradicional ideal, sin restricciones. Al mismo tiempo, no rechaza nada: el “mix” de alimentos está en constante evolución, y todos los años se incorpora alguno nuevo a la dieta. Algunos, como la quinoa, parece que están pasando con éxito la prueba de la evolución, otros serán más efímeros.

Está basada en la cocina popular
Por cocina popular se entiende el conjunto de fórmulas magistrales de transformación de alimentos que han resistido el paso del tiempo y las presiones de la evolución. Ya se va viendo por qué se llama Dieta Darwin. Por ejemplo, el gazpacho es una fórmula magistral, el cóctel de gambas (cumbre de la cocina viejuna) no.

Necesita que te metas en la cocina
La DD no se puede comprar empaquetada (aunque, si eres rico, te la pueden llevar a casa procedente de un restaurante). Tienes que comprar los alimentos crudos y transformarlos, en la cocina de tu casa, siguiendo las instrucciones de las fórmulas magistrales que contienen los mejores recetarios. Si tienes suerte, alguien te habrá transmitido esta sabiduría. Si no, puedes conseguir un buen recetario de cocina, por ejemplo los famosos de Simone Ortega y Ana María Herrera y Ruiz (más conocido como el recetario de la Sección Femenina).

No desperdicia nada
No se trata de una actitud del estilo “deberíamos tirar menos comida”, sino de una serie de técnicas bien conocidas que facilitan que los restos y sobras de alimentos sirvan de base para otros platos. Es algo que se hace de forma automática.

No se preocupa mucho por los nutrientes
La razón es sencilla: al estar basada en fórmulas magistrales que han pasado la prueba de la evolución, la Dieta Darwin, por definición, es sana. Una sociedad no puede alimentarse de comida basura más de dos o tres generaciones sin extinguirse, y la técnica tradicional de alimentación lleva funcionando mucho más tiempo. Hay muchos ejemplos de esta característica salubridad: la insistencia en el consumo de ajo y cebolla crudos o la preferencia por mezclas de legumbres y cereales, que dan un alimento completo a bajo coste.

Es (relativamente) barata
La Dieta Darwin está basada en alimentos sencillos y fáciles de encontrar: legumbres, verduras, cereales y frutas, no lenguas de colibrí o patas de oso. Por esta razón es bastante económica, más todavía si tenemos en cuenta que practica a fondo el reciclaje culinario y no desperdicia nada. Lo malo es que la comida ultraprocesada basada en ingredientes industriales procesados en masa (aceite de palma, azúcar, proteína de soja, etc.) tiene precios tan baratos que son imbatibles.

Es muy amiga del planeta
La comida tradicional, por definición, es ecológica. Muchos de los elementos de la eco-comida son parte integrante de la Dieta Darwin, pulida por el paso de la evolución: los alimentos de proximidad o de km 0, que antaño eran los de la huerta de al lado, el flexitarianismo, es decir reservar a la carne y el pescado un papel de acompañamiento de los platos más que ser el componente principal, la ausencia de tóxicos, aditivos y otros venenos en la comida, el desperdicio cero, etc.

 

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