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Sociedad y Medio Ambiente

Incendio subterráneo en Tablas de Daimiel

Enero 2010

En agosto de 2009, en un agujero en el suelo cerca de la isla de las Cañas comenzó un proceso de autocombustión. El humo salía de forma débil y disperso, apenas se veía. La gente que advertía el hecho decía ver el humo sólo cuando hacía frío, por contraste con la temperatura exterior, apreciando las fumarolas salir de las oquedades del terreno. Y la cosa no acabó ahí, en octubre de 2009 se registraron dos incendios más, el último de ellos localizado a 150 metros del punto más activo hasta el momento en la Isla de Las Cañas, donde se realizó los trabajos de extinción de incendios. 



Al principio, el personal del parque no sabía cómo atacar el fuego. Tras varios intentos baldíos descubrieron que la única forma era ir aplastando el terreno con palas mecánicas, para impedir que el aire oxigenase la turba. Luego lanzaron unas tuberías de dos sondeos de fincas compradas junto al parque. Las bombas echaban continuamente agua sobre el terreno, pero hacía falta un caudal ingente para conseguir frenar el fuego subterráneo. 





Los técnicos del parque calcularon que, para septiembre de 2009, ardieron unas cinco hectáreas, pero en esa zona habían unas 150 hectáreas cuarteadas. El día 5 de septiembre de ese año los técnicos dieron el fuego por acotado -“no por controlado”-, unos días más tarde se volvió a detectar una fumarola. Apagar un incendio de turba es extremadamente complicado, porque un día sin fumarolas no significa nada. El director del parque, Carlos Ruiz, zanja: “No tengo la menor duda de que el fuego subterráneo sigue”. 





Lo peor, lo verdaderamente grave, es que al quemarse la turba el suelo pierde sus propiedades. Lo que era un lugar llano pasa a ser como un “paisaje lunar”, como lo define Moreno, un lugar con altibajos, con zonas hundidas. Y bajo tierra pierde la capa que durante 300.000 años ayudó a retener el agua. 



Así que cuando el agua vuelva -si vuelve- nadie garantiza que se vaya a quedar allí como hasta ahora. Es posible que se filtre directamente al acuífero, que las Tablas, como las conocemos, sólo existan en el recuerdo. 



Actuaciones de Gobierno para apagar el incendio 



A octubre de 2009, después de dos años sin aportaciones externas de agua, el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel pidió a principios de 2009 un trasvase. El Gobierno esperó a que mejorara la situación en los embalses del Tajo para que el consumo humano en Levante estuviera garantizado. Al final, el 23 de abril aprobó el envío de 20 hectómetros cúbicos de agua.

El trasvase se demoró y cuando llegó el agua fue demasiado tarde porque el Cigüela está tan seco que absorbe casi toda el agua. Como explica Moreno, “es como mandar el agua a través de una esponja”. Además, con el calor de la época la evaporación es mayor. Sólo llegaron al parque 0,75 hectómetros, el 3,75% de lo trasvasado. Insuficiente. La única solución es inundar las Tablas de nuevo. 

 



El científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas Santos Cirujano diseñó a principios de 2009, para la Confederación Hidrográfica del Guadiana un plan de urgencia para salvar Daimiel. Este especialista explica que, en septiembre de 2009, no había forma de inundar de forma inmediata el parque para conseguir extinguir el fuego subterráneo. El parque nacional vive del agua del Tajo que el Gobierno envía a través del cauce seco del río Cigüela. Pero la inmensa mayoría del agua (más del 96% en el último envío) se infiltra hacia el acuífero de La Mancha. La zona de turberas está en el extremo opuesto a la entrada del Cigüela, así que de allí es imposible mandar agua. 

 



Ese plan contemplaba la inversión de 3.000 millones de euros hasta 2027 para recuperar el acuífero y conseguir que los ojos del Guadiana, secos desde 1985, vuelvan a manar. El plan fue anunciado tras una reunión en La Moncloa entre José Luis Rodríguez Zapatero y el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda.

La principal partida anunciada para los primeros años iba a comprar derechos de agua a los agricultores y tierras. La previsión era gastar 265 millones de euros entre 2009 y 2010. Sin embargo, en 2008 el ministerio ha hecho ofertas de compra de derechos de agua por 32 millones de euros y ha presupuestado para 2010 otros 15 millones. El Gobierno ya ha comprado 1.350 hectáreas de terreno de regadío colindante con el parque. 

 



Para octubre de 2009, el Ministerio de Medio Ambiente aceleró las obras para poder trasvasar agua de forma efectiva desde el Tajo al parque, en la cuenca del Guadiana, para inundarlo y sofocar así el incendio subterráneo de turba. 



El 4 de enero de 2010, el Ministerio de Medio Ambiente puso en marcha el trasvase de emergencia hacia el parque para salvar el paraje de los incendios subterráneos, que desde entonces, corren incesantes por el subsuelo. La toma es desde el río Cigüela a 92 km de distancia. Por suerte, las abundantes lluvias de este principio de año han acelerado el trasvase.

Expediente sancionador para España por la degradación del parque 




A raíz de todo ello, la Comisión Europea ha abierto, a finales de 2009, un expediente sancionador al Gobierno Español por la “degradación” del espacio natural, protegido como Parque Nacional y Reserva de la Biosfera de la UNESCO. Pretenden llegar a entender como un humedal de tal importancia estratégica para rutas migratorias de aves, que además es LIC y ZEPA, ha podido llegar a secarse y comprobar si se ha incumplido la Directiva de Hábitats de 1992. Es por ello que se darán 10 semanas de plazo para que el Gobierno informe. Junto con ella encontramos a la UNESCO, que estudia retirar al lugar la figura de protección de Reserva de la Biosfera. 

 



La Directiva de Hábitats establece que los países deben “instaurar sistemas de protección especialmente estrictos para determinadas especies animales y vegetales amenazadas” y “estudiar la conveniencia de reintroducir dichas especies en su territorio”. 



Científicos e investigadores por su parte piden que la conservación del parque se ligue a “la adecuada gestión” del territorio, sobretodo en materia de aguas, donde las actividades agrícolas son las principales consumidoras de este recurso. 

 



Aunque los trasvases de emergencia logren inundar Daimiel el problema persistirá. Decenas de miles de pozos ilegales han hundido el nivel del acuífero 23, el que hasta los años 80 rebosaba en los Ojos del Guadiana. Y los efectos de esa sobreexplotación, que comenzó hace décadas, se notarán durante años. 


Fuentes: 


El País, 12 octubre 2009
El País, 13 octubre 2009
Público, 14 octubre 2009
El País, 14 octubre 2009
El Mundo, 16 octubre 2009
Ambientum.com, 20 octubre 2009
Ambientum.com, 22 octubre 2009
Ambientum.com, 29 octubre 2009
El País, 5 enero 2010

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