Huella Ambiental

Huella ambiental: medir para decidir

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Ningún empresario en su sano juicio daría un paso sin saber al detalle las cuentas de su empresa y de las rivales, con conceptos tan abstrusos como el EBITDA o el índice de apalancamiento. Pero este mismo empresario puede tener que tomar decisiones cruciales sin tener apenas idea del impacto de su empresa o de otra en su entorno, su ratio de producción de CO2, los riesgos ambientales a que está expuesto, etc. Este conjunto de informaciones se suele llamar “información no financiera” y cada vez es más importante.

Al mismo tiempo, los clientes de este empresario tampoco lo tienen mucho mejor. Saben el precio de los productos, pero tienen mucha menos información sobre su impacto sobre el medio ambiente y su salud. Compramos a ciegas, a este respecto. No tenemos ni idea de lo que hay detrás de una camiseta, un filete o un coche, en términos de miles de litros de agua consumidos, toneladas de petróleo quemadas, contaminantes lanzados a la atmósfera o simplemente terreno ocupado.

Y esta información importa cada vez más: uno tras otro, todos los estudios muestran que el precio no es el único factor de decisión para la compra. Pero también es verdad que los consumidores están saturados de información parcial y confusa. Hay muchas etiquetas y marchamos que muestran un único elemento de impacto: por ejemplo, papel blanqueado sin cloro o atún “dolphin safe”. Incluso la enormemente útil etiqueta energética de casas, coches y electrodomésticos recoge un solo elemento de impacto, el consumo de energía y la emisión de CO2.

La huella ambiental, una aproximación realista al impacto real

Se necesita cada vez más una medición objetiva del impacto sobre el medio de productos y organizaciones que pueda darnos un valor más aproximado al real. Y eso se consigue multiplicando los parámetros a medir y alargando el tiempo de vida en que las medimos. Parece que estamos hablando de la huella ambiental.

La huella ambiental se consolida como el elemento central de esta información crucial para la toma de decisiones empresariales y de los consumidores. Permite saber de manera objetiva y estandarizada el impacto sobre las aguas, el suelo, la atmósfera y otros compartimentos ambientales de cada unidad de producto. El procedimiento europeo en vigor puede referirse a la huella de productos o de organizaciones, y mide 16 parámetros.

El 9 de abril de 2013 se publicó la Recomendación de la Comisión [Europea] sobre el uso de métodos comunes para medir y comunicar el comportamiento ambiental de los productos y las organizaciones a lo largo de su ciclo de vida, que dice en su primer apartado: “Es esencial disponer de mediciones e informaciones fiables y correctas sobre el comportamiento ambiental de los productos y de las organizaciones para la toma de decisiones ambientales a diversos niveles”.

La huella ambiental, según la idea europea, se puede medir tanto de organizaciones (HAO) como de productos (HAP). Es necesario trazar la frontera de responsabilidad de la organización o el producto, que define la zona dentro de la cual se medirá la huella y fuera no. Por ejemplo, hay que determinar la longitud de la cadena de producción y consumo que se tendrá en cuenta, desde “de la puerta a la puerta” (que solo tiene en cuenta lo que ocurre en el proceso de fabricación) a “de la cuna  a la cuna” (el ciclo completo de fabricación-uso-“desechaje”-reciclaje-fabricación).

Y los 16 parámetros a medir, desde cambio climático en kilos de CO2 equivalente a agotamiento de los recursos de agua, en metros cúbicos de consumo de agua en relación con la escasez de agua a nivel local. Y muchas más regulaciones y estandarizaciones, que se irán puliendo con el tiempo. Pero lo importante es la idea central: medir para decidir.

La Recomendación define los tres elementos claves del asunto: medir, comunicar y tomar decisiones. Es precisamente lo que hacemos en el supermercado cuando comparamos las etiquetas de los envases de alimentos. Colocar la cantidad de calorías por cada 100 gramos de producto en todos los paquetes de comida hace (o puede hacer) que huyamos horrorizados de las patatas fritas de bolsa, con sus más de 600 cal/100 g. La decisión es nuestra.


La huella ambiental, nudo central de la sostenibilidad

Cualquier producto tiene una gran etiqueta adherida con su precio, pero muy pocos ofrecen además información fidedigna sobre su impacto sobre la vida en nuestro planeta. Es decir, sobre su huella ambiental.

Las aplicaciones de la huella ambiental, tanto de organización como de producto, son muchas e importantes. Es la base sólida de toda clase de etiquetas inequívocas de calidad, como la famosa etiqueta energética, que guían a los ciudadanos en sus decisiones de compra y uso. Proporciona un instrumento para comparar la calidad ambiental de las empresas y organizaciones en general. Medir una primera vez la huella ambiental conduce a una cascada de acciones de mejora de la producción (ecodiseño), de comunicación de lo conseguido (ecoetiquetas) y de avance significativo en el camino de la sostenibilidad.

(Publicada originalmente el 12 de agosto de 2015) 

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